La crisis civilizacional de occidente

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Autores: Rodolfo Sánchez Garrafa yJulio Gilberto Muñiz Caparó.

1.  Rasgos diferenciales de la presente crisis civilizacional

La crisis de occidente es un tema de actualidad que preocupa sobremanera a la humanidad. A decir del pensador cubano Pedro Vicente Aja “es de interés supremo por la dimensión de lo humano y por el inquietante destino del hombre”.

La decadencia de occidente ya fue visualizada teóricamente por Spengler, allá por los años 1918 a 1922, a partir del método que él denominó “morfología comparativa de las culturas”; sin embargo, no fue sino cuando se dieron condiciones de vida planetaria compartida que se pudo sentir la crisis de occidente en cuanto a la hegemonía de su capacidad civilizatoria. Es preciso agregar que la crisis civilizacional de occidente, como una agudización de la crisis del mundo moderno, fue anunciada por R. Guénon a principios del siglo pasado (Guénon [1927]2015), al advertir el peligro de auto aniquilación que se cernía sobre occidente de no retornar a las fuentes metafísicas de su propia tradición. Para Guénon, el mundo moderno tendía a reducir todo al punto de vista cuantitativo, materialista y pseudo espiritualista, con prevalencia de lo profano y lo convencional, en desmedro de lo “sagrado” que quedaba condenado al olvido.

Y la crisis civilizacional acabó llegando en nuestros días, dejando de ser solo una parte de los recurrentes reflujos y estancamientos del ciclo capitalista, que en forma periódica desemboca en una caída drástica de la vida económica, traducida en diversas crisis sea con recesión o con repuntes inflacionarios. El asunto reviste gravedad. La humanidad se enfrenta hoy con el hundimiento del sistema en su conjunto, tal como se avizora en Europa, y en otras latitudes del planeta donde la crisis del capitalismo se acompaña con signos de crisis de la democracia.

Cabe inquirir sobre si será o no posible encontrar una fórmula para que occidente resuelva esta situación y qué cabe hacer a los intelectuales de la América Indígena. En términos generales, América, pese a ser cuna de altas culturas originarias, se halla sujeta a la influencia, cuando no a la hegemonía, de la llamada civilización occidental, entendida como una realidad cultural de base europea que se nutre básicamente de una ideología judeo-cristiana, construida a partir del legado intelectual grecorromano y evolucionada a una fase eminentemente capitalista.

En su mejor imagen, la civilización occidental contemporánea ha abanderado la aplicación de principios racionalistas a las esferas del saber, el derecho, la administración y la economía; ha plasmado también una organización planificada de la vida cotidiana, orientada hacia un mayor rendimiento, al incremento constante de la productividad y a la acumulación del capital. No obstante, más allá de cualquier virtud, este modelo civilizatorio ha sido proclive al individualismo, a la protección de los derechos de libertad y propiedad y a una actitud básicamente pragmática con respecto al Estado, en su papel de garante del libre mercado.

El endurecimiento de los rasgos señalados, que caracterizan al modelo civilizatorio occidental, nos ha conducido a una situación de crisis global. Es claro que, tipificar una crisis global como civilizatoria no es algo que pueda hacerse a la ligera y, por lo mismo, obliga a subrayar que la crisis que vivimos es de una complejidad y magnitud como para justificar una preocupación general: Por un lado, la crisis mundial que hoy experimentamos ha venido acumulando rasgos que la muestran como multidimensional, ya que su incidencia es estructural, institucional, política, hegemónica y sistémica; por otro lado, esta crisis se ha constituido en una amenaza real e inminente para la vida del planeta, siendo innegable que la minimización de la seguridad alimentaria, energética y laboral profundiza las desigualdades sociales, potencia la violencia e incrementa el riesgo de guerras de exterminio global. El impulso de acumular ganancias, que ha dominado el mundo en los últimos 25 años, nos ha involucrado implacablemente en la maximización productiva de mercancías, a expensas de un gasto exacerbado de materiales y energía, imposible de sostener indefinidamente. No es posible continuar por este camino y sostener la viabilidad de las sociedades contemporáneas.

Históricamente, el capitalismo en occidente nos ha conducido a un tipo de crisis civilizacional y societal. La crisis de un modelo de patrón de poder moderno colonial occidental que desde el siglo XV hasta la actualidad creó y ordenó un sistema de patrón universal del capitalismo eurocentrado, basado en un imaginario y dinámica de explotación/dominación y racismo como variables de clasificación social, centralización y concentración del capital y control del trabajo, sexo, subjetividad, autoridad (Ríos Burga 2013). Todo esto constituye una crisis del modelo civilizatorio capitalista en agotamiento.

Ante las muchas evidencias visibles, ya no es posible poner en tela de juicio que la crisis civilizacional por la que atraviesa occidente tiene repercusiones globales. Se trata de una crisis que involucra a toda la humanidad. La actual crisis, a diferencia de las crisis sistémicas experimentadas por el sistema capitalista de 1929 a 1933, no se limita al ámbito financiero, sino que viene coadyuvada por una crisis sanitaria que ha constituido una verdadera catástrofe natural extendida a todo el planeta. Esta crisis es concreta, afecta todos los órdenes de la cultura. No se conoce una experiencia colectiva global tan traumática como la actual desde la II Guerra Mundial (1939-1945).

Vista con cuidado, la crisis actual tiene unas características diferentes a todas las anteriores, ya que hace parte de un quiebre de carácter integral, frente a una situación insostenible que requiere cambios sustantivos de orden económico-político, social, e incluso de las propias lógicas epistémicas y ecológicas del sistema mundo moderno/colonial capitalista. En este sentido, al hablar de crisis civilizatoria enfatizamos la experiencia de asistir al agotamiento de un modelo de organización productiva y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico, simbólico y cultural; situación en la que se observa una tensión estructural tan grande y profunda que quizá el único resultado posible sea la desintegración del propio sistema en cuanto tal.

2. Asimilando el impacto de la crisis global

La crisis civilizacional presente tiene ribetes terminales, llega a repercutir incluso en las propias lógicas epistémicas y ecológicas del sistema mundo moderno/colonial capitalista; una manifestación en este orden es la pérdida de sentido de la propia racionalidad del patrón de poder moderno colonial que se evidencia en el agotamiento de su modelo de encantamiento del mundo, constituido por la epistemología objetivista y pragmática, la idea del progreso, el desarrollismo, el individualismo narcisista, que se hallan entre sus supuestos fundacionales.

El patrón de conocimiento hegemónico en occidente, separa de manera irreconciliable al sujeto y objeto. La razón poseedora del conocimiento, establece, además, una separación entre razón y cuerpo (visto como parte de la naturaleza). La separación entre ámbitos considerados de la cultura y de la llamada naturaleza, convierte a la cultura en una exterioridad, que aparece por fuera y desencantada, sin la sacralidad que le reconocía el pensamiento tradicional, por ejemplo, de los pueblos andinos de América. Es que la civilización andina alimentaba la cultura del ayllu, la minka y el ayni, instituciones de cooperación dentro de un sistema de vida que respondía a un profundo pensamiento filosófico destinado a lograr una feliz convivencia entre seres humanos absolutamente conectados con la naturaleza a la que se amaba, agradecía y protegía. En efecto, el ser andino, desde tres mil años AC, consideraba indispensable la protección y el amor a la naturaleza, cultivando principios de reciprocidad, relacionalidad, complementariedad y correspondencia. Por el contrario, en occidente, la relación puramente instrumental entre los humanos y la vida, se apareja con la idea de naturaleza como recurso al servicio del hombre, y éste puede apropiarse de la naturaleza para disponerla como juzgue conveniente. En la sociedad capitalista, la individuación, la competencia y el culto a la maximización del rendimiento no resuelven los profundos problemas de la vida, se expresan contradictoriamente generando cada vez más una crisis existencial que nos arrebata a los humanos. Esto ocurre a la luz de formas de conocimiento institucionalizadas como “ciencias”, con pretensión de objetividad y universalidad excluyente.

La situación es tal, que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha reconocido que la crisis climática misma es obra de una humanidad individualista e irreflexiva. En junio del 2021, la ONU sentenció: “si no actuamos, nos quedamos sin planeta” advirtiendo que “el planeta tiene problemas, además del cambio climático, otros relacionados con la paz, la seguridad y, en la actualidad, la pandemia que en junio 2022 ya registró 6,4 millones de personas fallecidas a nivel mundial. Por todo ello, la ONU ha determinado que es necesario el trabajo conjunto, la solidaridad y la cooperación multilateral e internacional para afrontar tan graves problemas mundiales. Podemos decir que la ONU no hace más que reconocer el gran valor que tuvo y tiene para la humanidad la metodología de vida aplicada por el mundo andino.

No hay mucho tiempo para frenar la maquinaria destructiva que hoy opera y nos sume en una drástica alteración socio cultural. Es tiempo de cuestionar enérgicamente el modelo civilizatorio antropocéntrico, monocultural y patriarcal, de crecimiento sin fin y de agresión sistemática al equilibrio de los factores que sostienen la vida en nuestra casa común planetaria. Es preciso superar las relaciones del capitalismo neoliberal imperante y evitar que se prolongue el deterioro de las condiciones de vida que amenazan la supervivencia general.

Se requiere una consistente acción política desde los estados y la sociedad civil, a fin de contrarrestar toda exacerbación tendiente a explotar sin límites cualquier fuente de riqueza identificable y, por igual, resistir a la manipulación de códigos genéticos, la apropiación indebida de saberes tradicionales, el empleo de la tecnología en provecho individual o de grupo. Con educación, actitudes sociales ejemplares, conciencia sobre los riesgos y posibilidades de sostenimiento de la diversidad ecológica y cultural será posible defender nuestra casa planetaria común y garantizar posibilidades mínimas de supervivencia humana.

En este marco de rupturas, la manera en que se han venido traduciendo el malestar de la convivencia planetaria y los consiguientes requerimientos de ajuste, han encontrado salida en: el cuestionamiento de las conexiones entre poder y conocimiento, que son secuela del colonialismo imperial europeo; la demanda de descentramiento geo-cultural hegemónico; la búsqueda de formulación de un conocimiento capaz de dar cuenta de las distintas construcciones del mundo elaboradas por los pueblos reducidos a condición subalterna.

3. Desafíos ineludibles

Es difícil que esta crisis pueda desembocar en un cambio de época, bajo un sistema poscapitalista, porque para que esto ocurra tendría que manifestarse un sujeto colectivo que encarne el proyecto de transformación, eso no parece que pueda ocurrir por el momento; en el lado opuesto, el gran capital sí dispone de una real organización colectiva dispuesta a mantener la lógica del sistema vigente.

Como ha manifestado Lautaro Ríos, duele pensar que esté en vías de desaparecer una cultura en cuyo seno hemos vivido, hemos gozado en alguna medida, y también hemos sufrido. “(…) Pero son tan evidentes las contradicciones que ella (la civilización occidental) encierra y las señales de su deterioro, que sólo nos queda la esperanza de que la cultura que la sustituya esté fundada en el respeto a la dignidad de la persona humana, en el cuidado de la naturaleza, en la convivencia pacífica de todos los pueblos, en la igualdad de oportunidades para todos y en la posibilidad de cada uno de realizar plenamente su propio destino” (Ríos 2018).

Nuestra posibilidad es empezar a pensar más allá de parches correctivos al modelo del desarrollismo, y dejar de ser condescendientes con sus presupuestos filosóficos. Hablamos de una “transformación” que no tiene que parecerse a una reforma, ni siquiera a una independencia, sino más bien a una revolución total posmoderna que ponga por delante la salud de las comunidades y los ecosistemas. Para construir esperanza, los pueblos originarios de América contamos con un fondo de respaldo constituido por la estructura de pensamiento andino amazónico que nutre nuestros saberes y valores de crianza mutua, reciprocidad, laboriosidad y solidaridad comunitaria, en un marco de diversidad biocultural y respetuoso relacionamiento con el cosmos. El amor a la Tierra es fundamental, sin un medio ambiente saludable no será posible alcanzar nuestras más altas aspiraciones.

Incidiendo en este tema, el filósofo, ensayista y poeta peruano, Luis Enrique Alvizuri, considera a “la civilización andina como posible sucesora de la civilización occidental” o, lo que es lo mismo como “modelo alternativo” a seguir en procura de un desarrollo sostenible para el futuro mundial. Visto que la humanidad necesita vivir en armonía con la naturaleza, Alvizuri (2007) no duda en afirmar que la metodología de vida aplicada por nuestros ancestros, desde hace milenios, tuvo excelentes resultados acreditados en la práctica y, por ello, piensa que no hay motivo para creer que no pueda aplicarse a nivel planetario. Nos solidarizamos con este pensamiento.

Referencias

AJA, Pedro Vicente
1953    El Cristianismo en la crisis de Occidente y otros temas. Sociedad Cubana de Filosofía. La Habana.

Alvizuri, Luis Enrique
2007    El modelo de desarrollo andino. Lima.

Guénon, René
2015    La crisis del mundo moderno [1927]. Universidad Nacional del Altiplano-UNA, Puno.

Lander, Edgardo
2015    Crisis civilizatoria, límites del planeta, asaltos a la democracia y pueblos en resistencia. En Estudios Latinoamericanos, Nueva Época, Nº 36: 29-58, Julio-Diciembre. UNAM, México D. F.

Ríos Burga, Jaime Rodolfo
2013    La crisis hoy en el sistema mundo moderno occidental. En Rev. Yuyaykusun Nº 6: 15-30. URP, Lima.

Ríos, Lautaro
2018   La decadencia de occidente. Artículo publicado en Diario Constitucional.cl Leído en https://www.diarioconstitucional.cl/articulos/la-decadencia-de-occidente/ el 14.08.2022.

Spengler, Oswald
2011-13         La decadencia de occidente (T.1,2). Austral, Barcelona.

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