Un análisis sobre poder, ideología y modelo económico neoliberal en el Perú
Jorge Perazzo

Keiko Fujimori y Montesinos: del operador oculto al proyecto político estructural
1. La fuente del poder: del Estado a las corporaciones
Vladimiro Montesinos operó desde el corazón del Estado en los años 90. Fujimori fue obligado por el FMI y BM a las privatizaciones que le dió acceso a una caja fiscal enorme. Con ese dinero compraron conciencias: congresistas, jueces, medios. Su poder era transaccional, basado en el soborno directo desde el aparato estatal.
El caso de Keiko Fujimori es distinto. La Fiscalía ha documentado aportes de más de $17.3 millones a sus campañas de 2011 y 2016, provenientes del sector privado. Entre los financistas aparecen Credicorp de Dionisio Romero con más de $4 millones, el grupo Rassmuss con casi $8 millones, Confiep con más de $2 millones, y Odebrecht. El propio abogado de Fuerza Popular admitió en juicio el uso de “aportantes simulados”.
No compra conciencias con maletas; articula intereses. Eso hace que su red de poder sea más estable y menos visible.
2. El factor ideológico: del operador al proyecto político
Montesinos buscaba poder por el poder. Fue el operador, el “felipillo” que se camuflaba según la circunstancia. No tenía proyecto propio: alimentó el ego de Fujimori y contribuyó a ejecutar el modelo neoliberal (que Vargas Llosa encarnaba). Montesinos era un títere del proyecto, un agente de la CIA según fuertes rumores.
Keiko, en cambio, es portadora de ideología. Formada en EE.UU., defiende de forma explícita la Constitución de 1993, los contratos-ley y el Estado subsidiario, ejes del modelo neoliberal.
En entrevistas y declaraciones ha reivindicado el modelo y ha pedido que Ministerio Público y Poder Judicial actúen “sin sesgo” cuando se le investiga. No oculta su programa: lo presenta como defensa del “régimen económico”.
Esa convicción ideológica genera un tipo de militancia distinta. Eso explica por qué mantiene cuadros leales pese a tres derrotas electorales y procesos judiciales. Y perderá este cuarto intento.
Sugerencia: imagen del Congreso, Tribunal Constitucional, Ministerio Público o poderes del Estado.
3. Conducta y método: de la torpeza a la institucionalidad
Los actos de Montesinos fueron torpes: los vladivideos, la filmación de sobornos, la evidencia burda. Buscaba chantajear para protegerse, pero terminó auto incriminándose.
El método de Keiko es legal-formal. Control de instituciones, aprobación de leyes, presencia en el Tribunal Constitucional, articulación con gremios. La propia líder reconoció que recibir dinero en efectivo fue un “error administrativo”, pero sostiene que no hubo delito penal.
4. Autoritarismo y cultura política
Montesinos encarnaba el servilismo, el “lamebotas”. Keiko proyecta dureza. La ruptura con su madre, el enfrentamiento con su hermano, la disciplina interna en Fuerza Popular, muestran un carácter autoritario.
Hildebrandt la describe como leal “a su egoísmo, a sus rabietas legendarias, a su afán de convertir la política en faena de forajidos”.
Esa dureza se traslada a la estrategia. No censura a aliados como López Aliaga; los tolera porque instalan la idea de que “la izquierda amenaza el modelo”.
5. El modelo neoliberal como eje
Ambos personajes expresan el neoliberalismo peruano post-90. Pero con matices: Montesinos lo ejecutó como mercenario del poder. Keiko lo encarna como proyecto.
Promete bonos de S/500 a comedores populares y reivindica el “sueño de su padre” de convertirlos en microdependientes y microemprendimientos. Usa narrativa social, pero dentro del mismo esquema de Estado subsidiario adecuado al modelo en marcha.
Montesinos y Keiko, salvando distancias es como Trump-Biden: no compiten en modelo, compiten en estilo. Uno es disruptivo, la otra institucional. Pero ambos defienden el mismo régimen económico.
La peligrosidad de Montesinos era coyuntural, basada en el chantaje y la caja fiscal. La de Keiko es estructural: ideología, redes corporativas, control institucional y capacidad de generar narrativa.
Por eso es “más consciente de que este modelo realmente tiene que apuntalarse”.
El del operador que se esconde, o el del proyecto político que no se camufla.
Fuentes y casos documentados
- Fiscalía: aportes por $17.3 millones a campañas de Keiko, con financistas como Credicorp —Romero—, Juan Rassmuss, Confiep y Odebrecht.
- Admisión de “aportantes simulados” por defensa de Fuerza Popular.
- Declaraciones de Keiko negando vínculos con Odebrecht y defendiendo actuación del sistema judicial.
- Promesas de campaña 2026: bono S/500 a comedores populares.
- Análisis de Hildebrandt sobre “pitufeo de dineros sucios” y traiciones familiares.