REBELIÓN POLÍTICA QUECHUA AYMARA

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Primera rebelión política en los últimos 200 años de las comunidades quechuas y aymaras en Perú (2022-2023)

Rodrigo Montoya Rojas 

Portal La mula

Lima, febrero 9, 2023

El 23 de marzo de 2022, escribí por última vez sobre la política peruana, urgido por terminar mi libro 200 años de la república y nación fallidas en Perú, con problemas de salud, y convencido de que la esperanza de cambio abierta por el triunfo de Pedro Castillo estaba ya frustrada. Hoy, vuelvo a escribir por la necesidad de intentar mostrar la originalidad de la rebelión quechua y aymara, en curso desde diciembre de 2022. Lo sucedido hasta aquí puede ser suficiente para tener una primera aproximación, aunque quedan pendientes numerosas incógnitas, dudas y vacíos en medio de algunas certezas.

En el contexto de la polarización extrema del país desde la segunda vuelta electoral de 2021, la aparente unidad y fraternidad peruana volvió a hacerse pedazos y llega a su límite, ahora cuando las comunidades andinas y amazónicas se rebelan con marchas y tomas de carreteras en dos tercios del país. Como dijo el señor Fernando Cillóniz, burgués agrario y exgobernador de Ica:

“¿Guerra o esclavitud? ¿Libertad o tiranía? ¿Democracia o dictadura? ¿Civilidad o barbarie? El hecho es que, ante esta situación, la alternativa del diálogo es inútil… por no decir estúpida… Por otro lado… ¡basta de humanismos hipócritas!..

Pero ojo. Distingamos una guerra de la otra. Hoy es el momento de la guerra por nuestra libertad y nuestra democracia. Hoy es el momento de la guerra contra la tiranía y la barbarie. La guerra contra la corrupción e inoperancia del Estado la tenemos que luchar, pero en su momento.

En esta otra guerra contra la tiranía y la barbarie son ¿ellos o nosotros? Uno de los dos tiene que sucumbir. Me refiero a que uno de los dos tiene que ceder. Uno de los dos tiene que rendirse. Uno de los dos tiene que someterse al otro. Ellos y nosotros somos mutuamente excluyentes… somos incompatibles. No es posible convivir El momento es tan dramático que nos obliga a respaldar al Estado. Sí… a ese Estado que tanto cuestionamos. El momento es tan decisivo que nos obliga a respaldar y apoyar a la Policía Nacional del Perú (PNP) secundada por las Fuerzas Armadas (FFAA). Sí… a esos policías y a esos soldados que están arriesgando sus vidas por nosotros.

Fuente: Cillóniz Fernando, “La guerra es horrible… pero la esclavitud es peor”. 

Uno. 2020, 2021. Encanto del profesor Pedro Castillo, su sombrero, su lápiz y su caballo

Cuando el profesor Pedro Castillo apareció en la escena política electoral peruana en 2021 -aquel del sombrero chotano, el lápiz, su caballo, sus faenas en la chacra y su castellano andino-, algo más de un tercio del electorado votó por él en la primera vuelta, viéndolo como una esperanza política, como un hombre de izquierda. Lo sintieron como alguien parecido, cercano. Quizá era solo eso. Desde que llegó a la segunda vuelta para competir con la Señora Keiko Fujimori, la señora K, por eso de la corrupción, todas las fracciones de derecha sintieron que su piso político se movía; le dijeron de todo para descalificarlo, vieron en él un peligro comunista, una reencarnación de Sendero Luminoso. Hicieron lo imposible para que la señora K no pierda su ambición presidencial por tercera vez. Un año después de su ajustada victoria, el presidente Pedro Castillo, dio pruebas suficientes de que no era de izquierda y lo más grave es que sus adversarios perdedores mostraron un buen día que el presidente tenía otros intereses a partir de un paquete de 20 mil dólares en el baño de la oficina del secretario general del despacho presidencial, uno de sus funcionarios de entera confianza. Agobiado por las evidencias de ser parte de una red de corrupción, el 7 de diciembre de 2022, en un discurso televisado desde palacio (como Fujimori en 1992) anunció:

“Disolver temporalmente el Congreso de la República e instaurar un gobierno de emergencia excepcional, Convocar en el más breve plazo a elecciones para un nuevo Congreso con facultades constituyentes para elaborar una nueva constitución, en un plazo no mayor de nueve meses. A partir de la fecha y hasta que se instaure el nuevo Congreso de la República, se gobernará mediante decretos ley. Se decreta el toque de queda a nivel nacional a partir del día de hoy, miércoles 7 de diciembre del 2022, desde las 22:00 horas hasta las 04:00 horas del día siguiente. Se declara en reorganización el sistema de justicia, el Poder Judicial, el Ministerio Público, la Junta Nacional de Justicia, el Tribunal Constitucional. Todos los que poseen armamento ilegal deberán entregarlo a la Policía Nacional en el plazo de 72 horas. Quien no lo haga, comete delito sancionado con pena privativa de la libertad que se establecerá en el respectivo decreto ley”. La Policía Nacional, con el auxilio de las Fuerzas Armadas, dedicarán todos sus esfuerzos al combate real y efectivo de la delincuencia, la corrupción y narcotráfico, a cuyo efecto se les dotará de los recursos necesarios”.

Duró menos de dos horas su ilusión de convertirse en una especie de dictador. Apresado, fue llevado al cuartel Barbadillo, ahí donde el ex presidente Fujimori está condenado a 25 años de cárcel. Entre 2016 y 2022, la incipiente y vigilada democracia peruana ha tenido cinco presidentes: Kuczynski, Vizcarra, Merino, Sagasti, Castillo y Dina Boluarte. Cuando la señora Boluarte aceptó la propuesta del Congreso de la República para ocupar la presidencia en su condición de vicepresidenta, cometió probablemente su primer error político grave porque los partidarios del ex presidente la declararon “traidora” por haber prometido unos meses antes en Puno que, si el presidente Castillo caía, ella se iría con él.

Inmediatamente después, comenzaron las protestas en el sur. Los partidarios de Pedro Castillo salieron a las calles y plazas. Siguiendo el viejo libreto de la historia peruana, la policía apoyada por las Fuerzas Amadas trató de apagar un incendio matando manifestantes. Luego de los primeros fallecidos en Andahuaylas y Ayacucho, los rebeldes andinos quechuas y aymaras dejaron de llamar “Dina traidora” a la señora presidenta y la calificaron “Dina asesina”. Al 6 de febrero ya son 65 fallecidos. Las protestas en distritos, provincias y departamentos fueron seguidas por un sorpresivo anuncio: harían un largo viaje para la “Toma de Lima”.

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