MAGA: Ultimo suspiro de un imperio que nació robando, esclavizando y creyéndose dios

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Trump no es un accidente: es el síntoma de un sistema que ya no puede expandirse, entonces devora sus propios hijos.

Por: Jorge Perazzo. Por una interpretacion decolonial de MAGA.

MAGA no es un eslogan. Es un espasmo. La convulsión de un país que ve cómo su propio ADN. el que lo hizo poderoso, ahora lo devora. Y en su agonía, intenta volver al pasado, al momento exacto en que el robo, la esclavitud y el dinero se convirtieron en doctrina sagrada.

El origen de EEUU no fue una fundación: fue una ocupación

Antes de que existiera Estados Unidos, ya existía la lógica MAGA. No tenía nombre, pero ya tenía forma: expropiar, excluir, exterminar. Los primeros colonizadores no llegaron a “fundar” nada: llegaron a apropiarse. No buscaban libertad: buscaban tierra, oro, trabajo gratis. Y encontraron ambos.

Los pueblos originarios eran obstáculos. Y como tales, se les despojó, se les masacró, se les borró del mapa. No fue una guerra: fue una inversión. Cada hectárea robada era una acción en bolsa. Cada indio muerto, un dividendo. Esta no es una metáfora: fue el primer modelo de negocio de América.

Y como toda empresa que triunfa, necesitaba mano de obra. Ahí entró la esclavitud. No fue una “contradicción” de los valores fundacionales: fue su complemento perfecto. El hombre blanco libre necesitaba al hombre negro esclavizado para llegar a ser “exitoso”. La libertad de uno se construyó sobre la negación de la libertad del otro.

El ADN: supremacía + dinero = progreso

De esta mezcla nació el ADN estadounidense: una religión secular donde el dinero es Dios, la competencia es la liturgia, y el individuo es el sacerdote. No importa cómo ganes: importa que ganes. No importa quién quede atrás: importa que tú estés adelante.

Este no es capitalismo clásico: es capitalismo teológico. El éxito no es mérito: es prueba de elegibilidad divina. Como dijo Max Weber, el protestantismo convertido en capitalismo. Pero en América, se quitó la carencia: aquí no hace falta ser bueno. Basta ser rico.

Y este ADN se volvió ley. Se escribió en la Constitución (que protegía la propiedad, no a los pobres). Se cantó en los himnos. Se pintó en los billetes. Se enseñó en las escuelas: tú puedes ser grande si te lo trabajas. Lo que no se dice: y si no lo eres, es porque no vales.

MAGA: el mito que regresa cuando el mito ya no funciona

Trump no inventa MAGA. Lo rescata. Lo desentierra como quien desentierra una reliquia. Pero no lo hace por nostalgia: lo hace por desesperación. Porque el ADN original ya no responde. El cuerpo rechaza el trasplante.

Los valores que construyeron al imperio: robar, competir, acumular, dominar. ahora lo están matando. Porque el mundo ya no acepta ese trato. Porque China no se deja colonizar. Porque África ya no regala sus minerales. Porque América Latina ya no cree en el FMI. Porque incluso Europa ya no puede competir sin romperse.

Y entonces, como todo imperio en declive, recurre al mito original. MAGA no es “hacer América grande otra vez”. Es volver al momento en que robar era legal, esclavizar era rentable, y el dinero era blanco. Es el sueño de volver a ser el único. El elegido. El centro.

Pero hay un problema: ese momento nunca existió sin violencia. Y esa violencia ya no es exportable: es interna. Ya no se puede ir a Iraq a robar petróleo: hay que robarle al pobre estadounidense. Ya no se puede esclavizar a los negros con cadenas: se les encarcela. Ya no se puede expropiar tierras a los indios: se les olvida.

El fin del mito: cuando el dios dinero ya no responde

El dólar ya no es dios. O al menos, ya no es el único. Y eso es intolerable para un país que midió su alma en Wall Street. Porque si el dinero ya no vale, ¿Qué vale? ¿Quién soy si no soy el primero?

Y aquí aparece el colapso civilizatorio. No es solo económico: es identitario. Cuando el dinero ya no compra obediencia, cuando el ejército ya no impone miedo, cuando la cultura ya no impone moda, ¿Qué queda?

Queda la rabia. La rabia de quien cree que fue traicionado por su propio éxito. De quien no entiende por qué ya no puede ganar siempre. De quien ve cómo otros, con otros valores, otras historias, otras pieles, avanzan sin pedir permiso y mas rápido.

MAGA es el último alarido de un país que se está comiendo su propio ADN

No es un proyecto. Es un respaldo al vacío. Un intento de volver al útero que ya está podrido. Porque el modelo que lo hizo poderoso, robar, competir, acumular, excluir, ahora lo está desangrando.

Y lo más cruel: ya no puede cambiar sin dejar de ser quien es. Porque si admite que el robo fue inmoral, que la esclavitud fue un crimen, que el dinero no es sagrado, entonces ¿Qué es Estados Unidos?

MAGA no es un regreso. Es un espejo roto. Un reflejo que ya no miente. Un país que mira atrás y no ve grandeza: ve su propia sombra. Y en lugar de enfrentarla, la abraza.

Porque prefiere morir siendo el amo, a vivir siendo igual.

Cuando Trump grita “América primero”, no está hablando de futuro. Está llorando el pasado. Porque sabe, aunque no lo diga, que el modelo ya no funciona. Que la ambición que lo hizo grande ahora lo hace pequeño. Que el dinero ya no es dios: es testigo.

Y que el sueño americano ya no es un sueño: es una pesadilla que se repite.

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