LIMA SITIADA POR INCAS: LOS VIRREYES ESPANTADOS-1536

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El Sitio de Lima, cincuenta mil guerreros incas resueltos a desaparecer del mapa la recién fundada Ciudad de los Reyes.

Publicado el18 ENERO, 2017, 

Ciudad de Lima.

Era el año 1536 en Lima, el gobernador Francisco Pizarro había perdido contacto con sus hermanos y capitanes que se encontraban en el Cusco, luego de unos días le llegaría una  espantosa noticia desde esa ciudad, doscientos mil guerreros incas tenían sitiado el Cusco. Impresionado con tal noticia, Pizarro envió inmediatamente cartas a todas las colonias en América solicitando ayuda. A continuación envió cuatro expediciones de rescate hacia el Cusco, las cuales fueron aniquiladas y aplastadas por inmensas rocas. Pero eso no era todo, un ejército de 50 mil guerreros incas se aproximaba a Lima decididos a arrasar y destruir para siempre la Ciudad de los Reyes.

Cuando el alcalde de Lima, Francisco de Godoy, dirigía la quinta expedición de rescate hacia el Cusco, se topó en el camino a la sierra con dos sobrevivientes de la cuarta expedición enviada por el gobernador Pizarro. Conmocionado por la suerte corrida por la cuarta expedición, decidió retornar a Lima. Cuando Godoy y su expedición entraron cabalgando ruidosamente en la ciudad, se detuvieron en la Plaza de Armas de Lima y se produjo un gran revuelo en toda la ciudad. El gobernador Pizarro y todos los vecinos acudieron a la plaza y mostraron su gran pesar y preocupación.

Estando reunidos en la Plaza Mayor llegaron unos indios de los alrededores de la Ciudad de los Reyes exclamando que miles de indios de guerra descendían de la sierra, destruyendo todo y matando a mujeres y niños. Pedro de Lerma fue enviado por el gobernador con veinte de a caballo para saber que es lo que pasaba. Partiendo en la noche y estando a dos leguas de la ciudad, De Lerma y sus hombres se vieron cercados de un ejército de cincuenta mil indios, los cuales tenían planeado ir sobre Lima a la mañana siguiente. Después de ver el inmenso ejército decidieron regresar al galope a la ciudad a dar aviso al Gobernador.

El Gobernador Pizarro al enterarse de la proximidad de tan grande cantidad de indios de guerra, con gran prisa se colocó su armadura y borgoñota (casco) y sobre su caballo tomo a su cargo la defensa de Lima. Así con veinte de a caballo, y con la espada desenvainada,  el gobernador corría a los diferentes puntos de defensa de la ciudad donde desde su caballo gritaba las instrucciones a seguir.

El Gobernador Francisco Pizarro.

EL CAUDILLO TITU YUPANKI

Al poco tiempo se presentaron lIos indios de guerra. El general de tal ejército era Titu Yupanki. Desde el Cusco Manco Inca le había ordenado a su brillante general Yupanki que tome la Ciudad de los Reyes. Yupanki era quien había desbaratado la cuarta de expedición de rescate del capitán Alonso de Gaete. Ante tal logro Manco Inca le había obsequiado una litera, desde donde daría las ordenes a su ejército y lucharía.

Titu Yupanki descendió a la costa por la quebrada del rio Rímac. Otro cuerpo de tropa lo hizo por Cieneguilla y Pachacamac, mientras que un tercer cuerpo lo hizo desde el camino a Trujillo (norte). Instalo su campamento en la orilla derecha del rio Rímac. Al poco tiempo el Cerro San Cristóbal se fue cubriendo de miles de indios de guerra. En la cima de la montaña, para observar mejor la ciudad, se situó Titu Yupanki. Ese día por la tarde hubo algunos enfrentamientos lo que impidió que los quechuas entraran en la ciudad.

Al día siguiente los soldados del Gobernador observaron que la cruz del Cerro San Cristóbal había sido derribada. Y también se dieron cuenta que los cerros vecinos estaban cubiertos de miles de guerreros llegados Atabillos. A continuación se inició la lucha, Yupanki llevo el ataque por medio de grupos de escuadrones. Mientras unos escuadrones luchaban los otros descansaban y así se turnaban en la lucha. Por el lado del Gobernador, mientras los jinetes combatían, los auxiliares descansaban y así en viceversa. Estos auxiliares eran indios yungas de diferentes lugares de Lima.

Al sexto día, Titu Yupanki impaciente por tomar la ciudad de Lima, reunió a sus capitanes y les dijo que quería entrar a la ciudad ese mismo día y matar a todos los cristianos que estén en ella, sus capitanes apoyaron su decisión con gritos de guerra. Enseguida se desplego todo el ejército con sus banderolas y estandartes con el sonido de fondo de tambores y pututus.

LA ULTIMA CARGA DE CABALLERÍA

Al ver que el ejército de Titu Yupanki se prestaba a ingresar a la ciudad, el gobernador Pizarro mando que todos los de a caballo formasen dos escuadrones y acto seguido los oculto en lugares estratégicos donde los indios no pudieran verlos. Un escuadrón lo puso bajo el mando de un capitán y el tomo el mando del otro. Se mantuvieron quietos, haciendo el menor ruido posible. Con la misma táctica de Cajamarca, los jinetes esperaron que el ejército enemigo se acerque.

El ejército apareció, venían desde el Cerro San Cristóbal en ordenada formación, al frente del ejército, desafiante sobre su litera estaba Titu Yupanki con una lanza en la mano.  El rugido de sus tropas causaba gran temor entre los cristianos. Atravesaron el rio Rímac con algo de dificultad. Cuando ya todo el ejército estaba a la orilla izquierda del rio, retomo su formación y continúo su avance acompañado del rugido de sus tropas.

Con una seña desde su litera, Titu Yupanki ordeno que lo siguieran y así sus hombres se adentraron rugientes en las calles de la ciudad, llegando hasta la Plaza de Armas donde pusieron los ojos sobre la casa del gobernador. En ese momento salieron al galope los jinetes bajo el mando de Pizarro y atropellaron a los guerreros. De inmediato apareció el segundo escuadrón de jinetes y la sangrienta batalla empezó. Había muchos indios y cristianos mutilados, caballos muertos, gritos desgarradores.

Pedro Martin logro alcanzar a Titu Yupanki.(Ferrer Dalmau)

Los jinetes se lanzaron sobre los caudillos y capitanes de Yupanki que estaban en la primera fila y con gran dificultad lograron acabar con ellos. En el fragor de la batalla, el jinete Pedro Martín logro divisar a lo lejos a Titu Yupanki que luchaba ferozmente desde su litera. Rápidamente con su caballo avanzo en medio de la batalla y con su lanza logro atravesar el pecho de Titu Yupanki, el cual cayó al suelo. Al ver a Titu Yupanki y sus caudillos muertos, el ejército entro en confusión y pánico, se desmoralizaron y así los indios guerreros se dispersaron  e iniciaron la retirada llegando a su fin el llamado Cerco de Lima. Unas semanas después el Gobernador Pizarro cumpliría una promesa hecha en la guerra, subía a la cima del Cerro San Cristóbal a volver a clavar la cruz destruida por los indios.

Publicado por Lima Etére

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