La izquierda en el Parlamento: ¿Representantes del pueblo o piezas del sistema?

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Cuando el sistema termina absorbiendo a sus propios críticos y como zafarse

Jorge Perazzo, Del voto popular al escaño: ¿Qué ocurre con la izquierda cuando llega al poder?

LA IZQUIERDA EN EL PARLAMENTO

¿REPRESENTAR AL PUEBLO O TERMINAR SIENDO PARTE DEL SISTEMA?
El desafío de un parlamentario de izquierda dentro de un Parlamento dominado por el modelo que pretende transformar.

INTRODUCCIÓN: EL PROBLEMA QUE CASI NADIE QUIERE DISCUTIR

Hay una pregunta incómoda que la izquierda peruana debe hacerse:

¿Qué sucede con un parlamentario de izquierda cuando entra a un Parlamento construido, organizado y regulado dentro de un sistema político que cuestiona?

La respuesta no puede limitarse a decir que tiene pocos votos, que es minoría o que la mayoría parlamentaria pertenece a fuerzas conservadoras.

El problema es más profundo.

Un parlamentario puede ingresar al Congreso con un programa de transformación social, con una organización política detrás y con el respaldo de miles de ciudadanos que esperan de él una representación diferente.

Pero una vez instalado en el Parlamento puede comenzar un proceso silencioso de transformación de su propia conducta.

Poco a poco, puede dejar de ser el representante de una fuerza social organizada para convertirse en una autoridad individual.

Puede alejarse del partido que lo llevó al Congreso. Puede perder contacto con las organizaciones que hicieron posible su elección. Puede dejar de consultar a la población. Puede comenzar a gestionar pedidos individuales. Puede convertirse en intermediario de pequeños beneficios.

Y puede terminar haciendo exactamente lo que el sistema espera de él: administrar las consecuencias del modelo en lugar de cuestionar las causas que producen esas consecuencias.

1. EL PARLAMENTARIO NO FUE ELEGIDO PARA CONVERTIRSE EN UN “PADRE DE LA PATRIA”

El Congreso tiene tres grandes funciones: representar, legislar y ejercer control político y fiscalización.

Por eso debemos hacer una distinción fundamental:

Representar no significa convertirse en gestor personal de cada pedido.

Representar significa transformar las demandas sociales en agenda política, iniciativas legislativas, fiscalización, propuestas de política pública y confrontación democrática con aquello que perjudica a la población.

Un parlamentario no debería enseñar a la ciudadanía a depender de él.

Debería ayudar a que la ciudadanía aprenda a organizarse y ejercer plenamente sus derechos.

2. EL CASO DE ÁNCASH: CUANDO LA ESPERANZA DE UNA POBLACIÓN TERMINA EN EL ABANDONO

Existe una experiencia personal que permite observar este problema con mucha claridad.

En Áncash, durante el inicio del mandato de un parlamentario, se produjo una reunión con numerosas organizaciones.

Había organizaciones barriales, deportivas, culturales y sociales. Muchas habían apoyado electoralmente al parlamentario. Otras acudían porque esperaban encontrar en el nuevo representante un canal permanente para hacer llegar sus preocupaciones.

La expectativa era enorme.

La población había elegido a alguien. Y ahora quería participar, aportar y convertirse en parte de una nueva forma de hacer política.

La reunión comenzó. Uno tras otro aparecieron los pedidos: un distrito que debía crearse; una carretera; una escuela; un centro de salud; una comunidad que necesitaba atención; una determinada ley; un problema territorial; un pedido de reconocimiento.

El parlamentario tomó nota cuidadosamente.

La población habló. El parlamentario escuchó.

La reunión terminó.

Y entonces apareció el problema fundamental: no se construyó una relación orgánica posterior con esa población.

No se creó una comisión permanente de representantes. No se constituyó un espacio de consulta. No se organizó una estructura territorial de interlocución. No se estableció un mecanismo para que esas organizaciones pudieran discutir las iniciativas del parlamentario.

No se construyó una fuente permanente de información social.

No se convirtió aquella energía ciudadana en organización política.

Y, finalmente, aquella población que había llegado llena de esperanza terminó alejándose.

¿De qué sirve elegir a un representante si, después de ser elegido, el representante se aleja de quienes lo eligieron?

3. EL SISTEMA PRODUCE UNA FIGURA PARTICULAR: EL PARLAMENTARIO INDIVIDUAL

El ciudadano vota una lista partidaria y, al mismo tiempo, en el sistema electoral peruano existe una fuerte personalización de la competencia parlamentaria.

Esto genera una tensión:

El partido necesita al parlamentario para conseguir votos; pero el parlamentario puede comenzar a entender que los votos son exclusivamente suyos.

Entonces aparece el personalismo.

El parlamentario comienza a decir:

“Mi gestión”.

“Mis proyectos”.

“Mis logros”.

“Mi bancada”.

“Mi oficina”.

“Mi región”.

“Mi iniciativa”.

Y desaparece progresivamente una palabra fundamental:

NOSOTROS

Ese “nosotros” debería incluir al partido, a la organización política, a las organizaciones sociales y a la ciudadanía que sostuvo la candidatura.

4. EL PARLAMENTARIO COMO “TRAMITADOR”: LA SEGUNDA TRAMPA

La población llega al Congreso con necesidades reales.

Una escuela necesita una reparación. Un centro poblado necesita reconocimiento. Un hospital necesita equipamiento. Un pueblo necesita una carretera. Un sindicato necesita que se atienda una demanda. Una organización quiere resolver un problema administrativo.

¿Debe el parlamentario convertirse en el tramitador de cada una de esas demandas?

Cuando ocurre esto, el parlamentario puede transformarse en una especie de gestor general de necesidades.

“Yo voy a hacer el oficio”. “Yo voy a hablar con el ministro”. “Yo voy a conseguir esto”. “Yo voy a gestionar aquello”. “Yo voy a buscar presupuesto”.

Así el representante termina funcionando como una especie de correa de transmisión burocrática entre la población y el Estado.

El problema no es ayudar a resolver una emergencia concreta. El problema aparece cuando esa se convierte en la función principal de un parlamentario de izquierda.

Porque entonces ocurre algo terrible:

La población aprende que para obtener una solución necesita un congresista. Y no aprende que tiene derechos.

No aprende a organizarse. No construye poder ciudadano. No fortalece sus organizaciones. No participa en la elaboración de las leyes.

SE VUELVE DEPENDIENTE DEL INTERMEDIARIO.

5. EL PARLAMENTARIO DE IZQUIERDA NO DEBE CREAR SEGUIDORES: DEBE CREAR CIUDADANÍA

La política tradicional busca seguidores. La política personalista busca admiradores. La política clientelar busca beneficiarios.

Pero una izquierda transformadora debería buscar algo diferente:

CIUDADANOS ORGANIZADOS.

El parlamentario no debería decir: “Síganme”.

Debería decir:

Organicémonos.

No debería construir una masa de personas que dependan de su gestión. Debería construir una ciudadanía capaz de analizar las leyes, discutir el presupuesto, formular propuestas, fiscalizar al Estado, cuestionar las políticas públicas, defender sus derechos y participar en la elaboración de iniciativas.

La representación democrática no puede reducirse a recibir pedidos.

6. LA TRAMPA DE LA MINORÍA: ADMINISTRAR LO POSIBLE

Una izquierda minoritaria ingresa a un Parlamento donde la mayoría puede defender posiciones contrarias a su programa.

Entonces aparece una tentación comprensible:

“Como no podemos cambiar el modelo, tratemos de aliviar sus consecuencias”.

Y empieza la política de lo posible.

Una carretera. Una escuela. Un presupuesto. Una obra. Una comisión. Una modificación puntual. Un beneficio para determinado sector.

Pero si se convierte en el horizonte de la acción parlamentaria, ¿la izquierda no termina perdiendo su razón de ser?

¿Por qué existe esta desigualdad?

¿Por qué este presupuesto distribuye así los recursos?

¿Por qué el campo sigue perdiendo frente a las ciudades?

¿Por qué la riqueza se concentra?

¿Por qué se precariza el trabajo?

¿Por qué el modelo sigue dependiendo del extractivismo?

¿Por qué el Estado no industrializa?

¿Por qué el mundo andino sigue siendo tratado como periferia?

La izquierda parlamentaria debe hacer esas preguntas y convertirlas en proyectos, fiscalización, debate público y organización social.

7. LA DEFENSIVA ES INSUFICIENTE

Otro error frecuente es reducir la oposición a decir: NO a esta ley, a este decreto, a este presupuesto, a esta reforma, a esta privatización o a esta concesión.

La oposición es necesaria. Pero una izquierda que solamente dice “no” termina jugando en el terreno que le proporciona el adversario.

DE LA RESISTENCIA A LA OFENSIVA POLÍTICA.

No basta denunciar la corrupción. Hay que cuestionar las condiciones estructurales que permiten que la corrupción se reproduzca.

No basta denunciar la pobreza. Hay que explicar qué modelo económico produce y reproduce pobreza.

No basta denunciar la precarización. Hay que cuestionar las normas que permiten precarizar el trabajo.

No basta denunciar el abandono del campo. Hay que discutir la estructura presupuestal, tributaria, productiva y territorial que reproduce el centralismo.

8. EL PRESUPUESTO: UN EJEMPLO CLARO

Un parlamentario puede luchar para conseguir una obra para su región. Eso puede beneficiar a una comunidad.

¿QUÉ MODELO DE PAÍS EXPRESA EL PRESUPUESTO?

¿Dónde se concentra la inversión?

¿Quién recibe infraestructura?

¿Dónde se genera empleo?

¿Qué ocurre con las comunidades rurales?

¿Cuánto se invierte en agricultura familiar?

¿Cuánto se destina a industrialización?

¿Qué ocurre con el agua?

¿Qué sucede con las cuencas?

¿Quién paga impuestos?

¿Quién recibe beneficios?

¿Qué sectores reciben incentivos?

¿Qué regiones quedan permanentemente rezagadas?

El presupuesto no es solamente una suma de números. Es una decisión política sobre qué país se quiere construir.

La izquierda debería entrar a fondo. No para conseguir solamente una partida, sino para cuestionar la arquitectura del presupuesto.

9. EL MUNDO ANDINO NO PUEDE SER UNA SIMPLE CIRCUNSCRIPCIÓN ELECTORAL

Una izquierda verdaderamente nacional debe cuestionar el histórico abandono del mundo andino.

Durante décadas, el desarrollo peruano se ha organizado alrededor de una fuerte concentración urbana y centralista.

El campo pierde población. Los jóvenes migran. Las ciudades crecen desordenadamente. Las comunidades pierden capacidad productiva. La agricultura no encuentra condiciones suficientes de rentabilidad. Los servicios públicos se concentran. Y las regiones rurales continúan dependiendo de decisiones tomadas lejos de ellas.

¿POR QUÉ LA POBLACIÓN TIENE QUE MIGRAR PARA PODER TENER FUTURO?
Ese es el problema estructural.

10. EXTRACTIVISMO: EL PARLAMENTARIO DE IZQUIERDA DEBE IR A LA RAÍZ

Una izquierda que se limita a denunciar irregularidades de una empresa minera está actuando sobre el síntoma.

¿Quién controla los recursos?

¿Cómo se distribuye la renta?

¿Qué sucede con las cuencas?

¿Quién asume los costos ambientales?

¿Quién paga realmente impuestos?

¿Qué valor agregado queda en el país?

¿Dónde se industrializan los recursos?

¿Qué ocurre con las comunidades?

¿Existe una estrategia nacional de industrialización?

La izquierda parlamentaria debería presentar iniciativas que cambien las reglas del juego.

Por ejemplo: protección efectiva de las cuencas; tributación adecuada de las rentas extractivas; industrialización de materias primas; protección de territorios y ecosistemas; participación efectiva de las comunidades; transición hacia una economía productiva y diversificada.

¿EXTRACTIVISMO PARA QUIÉN Y PARA QUÉ PROYECTO DE PAÍS?

11. CONTRATOS-LEY Y ESTADO SUBSIDIARIO: CUESTIONAR LAS REGLAS DEL JUEGO

Una izquierda que pretende transformar el modelo no puede limitarse a administrar las consecuencias.

Debe cuestionar las reglas institucionales que protegen y reproducen el modelo.

Entre ellas están los mecanismos de protección de determinadas inversiones, el alcance del principio de subsidiariedad estatal, las estructuras tributarias, la distribución territorial del presupuesto y las reglas que condicionan la intervención económica del Estado.

La discusión debe ser constitucional.

Porque si las reglas constitucionales condicionan el tipo de Estado que puede construirse, entonces la izquierda debe tener una propuesta constitucional.

NO SOLAMENTE: “NO ESTAMOS DE ACUERDO”.

SINO: “PROPONEMOS CAMBIAR ESTA REGLA PORQUE PRODUCE ESTE RESULTADO SOCIAL”.

12. EL PARLAMENTARIO PUEDE SER ABSORBIDO POR EL SISTEMA

El sistema parlamentario puede producir un efecto paradójico.

El ciudadano elige a un representante para transformar el sistema. Pero el representante entra al sistema.

El sistema le proporciona una oficina, asesores, recursos, protocolos, jerarquías, procedimientos, visibilidad, medios de comunicación y poder institucional.

Poco a poco puede producirse una separación.

ANTES DE SER ELEGIDO: “Nosotros”.

DESPUÉS DE SER ELEGIDO: “Yo”.

Ese cambio puede ser devastador.

Porque el parlamentario comienza a sentirse dueño de una representación que en realidad recibió temporalmente de la ciudadanía.

13. EL AISLAMIENTO DEL PARTIDO ES OTRA FORMA DE ABSORCIÓN

El problema no termina con la población. También existe una ruptura con el propio partido.

El parlamentario puede comenzar a considerar que su elección lo convierte en una autoridad autónoma.

El partido pasa a ser un lugar al que se informa, no un espacio donde se debate.

Las bases dejan de consultar. Las iniciativas parlamentarias no pasan por discusión colectiva. Y el congresista comienza a construir una política propia.

La izquierda necesita partidos vivos, democráticos, programáticos y territorialmente organizados.

14. EL PARLAMENTARIO DE IZQUIERDA DEBE SER UNA FUENTE DE CONSULTA Y ORGANIZACIÓN

El parlamentario debería construir una relación permanente con la sociedad.

UNA RELACIÓN DE DELIBERACIÓN.

Cada región debería contar con espacios donde organizaciones sociales, sindicatos, comunidades, asociaciones, trabajadores, agricultores, jóvenes, profesionales, mujeres y pueblos originarios puedan discutir los grandes problemas nacionales.

El parlamentario debería regresar a esas organizaciones. No solamente durante la campaña.

Debería decir: “Esta ley que voy a presentar ha sido discutida con ustedes”.
Y después: “Esta ley fue aprobada. Ahora evaluemos qué efectos tiene”.
POBLACIÓN → ORGANIZACIÓN → PROPUESTA → PARLAMENTO → FISCALIZACIÓN → RETORNO A LA POBLACIÓN
Eso es representación política.

15. LA LEY NO DEBE SER UNA PRODUCCIÓN PERSONAL DEL CONGRESISTA

Hoy es frecuente la política de la publicidad legislativa:

“Presenté esta ley”.

“Presenté esta iniciativa”.

“Logré esta norma”.

“Conseguí esta modificación”.

Las redes sociales pueden convertir el trabajo parlamentario en una sucesión de anuncios personales.

Pero una iniciativa de izquierda debería tener otra lógica.

¿Quién la discutió?

¿Qué organizaciones participaron?

¿Qué problema estructural resuelve?

¿Qué cambio producirá?

¿Cómo será fiscalizada?

¿Cómo se incorporará al programa del partido?

Una ley sin organización social que la sostenga puede terminar convertida en un documento más.

16. NO SE TRATA DE SOMETER AL PARLAMENTARIO: SE TRATA DE HACERLO RESPONSABLE

Alguien podría decir: “¿Entonces el congresista debe obedecer al partido en todo?”

No. Eso tampoco sería democrático.

El parlamentario tiene autonomía institucional y responsabilidad propia.

Pero autonomía no significa aislamiento.

Independencia no significa desligarse de quienes lo eligieron.

La autonomía debe convivir con responsabilidad política, transparencia, rendición de cuentas, deliberación y vínculo permanente con la ciudadanía.

17. LA IZQUIERDA NO PUEDE SER UNA DERECHA CON DISCURSO SOCIAL

Esta es quizá la crítica más dura.

Si un parlamentario de izquierda termina haciendo exactamente lo mismo que uno de derecha: gestionando favores, buscando beneficios particulares, construyendo seguidores, promocionándose personalmente, negociando pequeños presupuestos, aislándose del partido, alejándose de las organizaciones, presentando proyectos sin discusión social y limitándose a denunciar irregularidades…

¿EN QUÉ SE DIFERENCIA SU PRÁCTICA POLÍTICA?

La diferencia no puede estar solamente en el discurso.

Debe estar en el método de representación.

Debe estar en el contenido de las leyes, en la relación con la población, en la concepción del Estado, en la defensa del trabajo, en la defensa del mundo rural y andino, en la transformación productiva, en la redistribución de la riqueza, en la defensa de los bienes comunes y en la capacidad de cuestionar las estructuras que producen desigualdad.

18. LA IZQUIERDA DEBE PASAR DE LA DEFENSA A LA OFENSIVA

El parlamentario de izquierda no puede resignarse a ser el que denuncia la corrupción, el que reclama una obra, el que consigue un presupuesto, el que se opone a una ley o el que ayuda a una organización.

EL QUE EXPLICA POR QUÉ EXISTE EL PROBLEMA.

EL QUE IDENTIFICA QUIÉN SE BENEFICIA.

EL QUE IDENTIFICA QUÉ REGLA LO PRODUCE.

EL QUE PROPONE CAMBIARLA.

EL QUE ORGANIZA A LA SOCIEDAD PARA SOSTENER EL CAMBIO.

Esa es la diferencia entre un parlamentario de oposición y un parlamentario antisistema verdaderamente transformador.

19. ¿QUÉ DEBERÍA HACER UN PARLAMENTARIO DE IZQUIERDA?

01 · REPRESENTAR
Ser voz política de quienes históricamente han tenido menos poder.

02 · FISCALIZAR
Investigar no solamente la corrupción, sino también las políticas públicas que producen daño social.

03 · LEGISLAR
Crear normas que transformen las estructuras que reproducen desigualdad.

04 · EDUCAR POLÍTICAMENTE
Explicar a la población cómo funciona el Estado y por qué determinadas políticas afectan sus vidas.

05 · CONSULTAR
Construir mecanismos permanentes de diálogo con las organizaciones sociales.

06 · ORGANIZAR
Ayudar a construir ciudadanía, no dependencia personal.

07 · ARTICULAR
Conectar las demandas territoriales con un proyecto nacional.

08 · CUESTIONAR EL MODELO
Discutir las reglas económicas, constitucionales y sociales que reproducen desigualdad.

09 · PROPONER
Presentar alternativas completas, no solamente rechazos.

10 · RENDIR CUENTAS
Volver permanentemente ante quienes lo eligieron.

20. UNA NUEVA RELACIÓN ENTRE PARTIDO, PARLAMENTARIO Y PUEBLO

Necesitamos romper el triángulo tradicional:

PARTIDO → CANDIDATO → VOTACIÓN → PARLAMENTARIO AISLADO

Y construir otro:

PUEBLO → ORGANIZACIÓN → PARTIDO → CANDIDATURA → PARLAMENTARIO → PUEBLO
El parlamentario no debería cerrar el ciclo. Debería abrirlo.

La elección no es el final de la participación.

ES EL COMIENZO DE UNA NUEVA ETAPA DE ORGANIZACIÓN POLÍTICA.

21. EL VERDADERO PARLAMENTARIO DE IZQUIERDA

Un parlamentario de izquierda no debería preguntarse solamente: “¿Qué puedo conseguir para mi región?”

Debe preguntar: “¿Qué debo cambiar para que mi región deje de necesitar permanentemente favores?”

No debería preguntar únicamente: “¿Qué obra puedo conseguir?”

Debe preguntar: “¿Por qué nuestro modelo de desarrollo produce regiones permanentemente dependientes de Lima?”

No debería preguntar solamente: “¿Cómo ayudo a este trabajador?”

Debe preguntar: “¿Qué leyes permiten que millones de trabajadores estén precarizados?”

No debería preguntar solamente: “¿Cómo consigo recursos para esta comunidad?”

Debe preguntar: “¿Por qué la estructura presupuestaria no garantiza justicia territorial?”

No debería preguntar: “¿Cómo sobrevivo políticamente siendo minoría?”

¿CÓMO CONVIERTO MI MINORÍA PARLAMENTARIA EN UNA MAYORÍA SOCIAL?

22. LA MINORÍA PUEDE SER PEQUEÑA EN EL CONGRESO Y GRANDE EN LA SOCIEDAD

Esta es la verdadera posibilidad.

Una izquierda puede ser minoría en el Parlamento y, sin embargo, convertirse en mayoría política en la sociedad.

¿Cómo?

EXPLICANDO · ORGANIZANDO · EDUCANDO · FISCALIZANDO · PROPONIENDO · MOVILIZANDO DEMOCRÁTICAMENTE · CONSTRUYENDO ALIANZAS SOCIALES · CREANDO CONCIENCIA

Convirtiendo cada debate parlamentario en un debate nacional.

Si una ley afecta a los trabajadores, hay que llevar el debate a los trabajadores.

Si una norma afecta al mundo andino, hay que discutirla con las comunidades.

Si una política presupuestaria perjudica al campo, hay que explicarlo en el campo.

Si una ley favorece intereses económicos concentrados, hay que mostrar quién gana y quién pierde.

EL PARLAMENTO DEBE SER UNA TRIBUNA DE LA SOCIEDAD, NO UNA JAULA QUE AÍSLE AL REPRESENTANTE.

23. UNA IZQUIERDA PARLAMENTARIA QUE NO CUESTIONE EL MODELO TERMINA ADMINISTRÁNDOLO

Esta es la conclusión más dura.

Un parlamentario puede declararse antisistema. Puede utilizar un discurso radical. Puede denunciar a las grandes empresas. Puede hablar contra la corrupción. Puede defender a los pobres.

Pero si en la práctica acepta las reglas fundamentales, administra los presupuestos sin cuestionarlos, gestiona pequeños beneficios, se convierte en intermediario, se aleja del partido, se aleja de las organizaciones, no consulta sus proyectos, no organiza a su electorado, no plantea reformas estructurales y termina adaptándose a las dinámicas del Parlamento…

EL SISTEMA YA NO TIENE QUE DERROTARLO.
EL SISTEMA LO HA INCORPORADO.

Y ese es quizás el mayor peligro para una izquierda que pretende transformar el país.

24. LA TAREA HISTÓRICA

El Perú necesita una izquierda parlamentaria que comprenda que su función no consiste simplemente en ocupar escaños.

Necesita representantes capaces de convertir el Parlamento en:

TRIBUNA DE DENUNCIA

CENTRO DE ELABORACIÓN LEGISLATIVA

ESPACIO DE FISCALIZACIÓN

ESCUELA DE CIUDADANÍA

INSTRUMENTO DE ORGANIZACIÓN SOCIAL

PLATAFORMA PARA DISPUTAR DEMOCRÁTICAMENTE EL RUMBO DEL PAÍS

La izquierda no fue elegida para administrar las migajas del modelo.

Fue elegida para cuestionar aquello que produce las desigualdades que pretende combatir.

No basta luchar contra la corrupción. Hay que cuestionar las estructuras que permiten su reproducción.

No basta combatir la precarización. Hay que cambiar las reglas que la producen.

No basta defender al mundo andino cuando protesta. Hay que construir una política nacional que garantice su desarrollo.

No basta criticar el extractivismo. Hay que construir una alternativa productiva.

No basta denunciar el centralismo. Hay que diseñar una nueva organización territorial del desarrollo.

No basta presentar leyes. Hay que construir fuerzas sociales capaces de defenderlas.

25. CONCLUSIÓN: EL PARLAMENTARIO DE IZQUIERDA DEBE VOLVER A LA SOCIEDAD

La elección no convierte al parlamentario en dueño de la representación.

La elección le entrega una responsabilidad temporal.

Su mandato no debería separarlo del pueblo. Debería acercarlo.

No debería convertirlo en una autoridad distante. Debería convertirlo en un instrumento de la ciudadanía organizada.

No debería crear seguidores.

DEBERÍA CREAR CIUDADANOS.

No debería convertirse en gestor de favores.

DEBERÍA CONSTRUIR DERECHOS.

No debería limitarse a reaccionar ante las leyes de la mayoría.

DEBERÍA PROPONER EL PAÍS QUE QUIERE CONSTRUIR.

No debería limitarse a administrar los daños del modelo.

DEBERÍA CUESTIONAR LAS CAUSAS QUE PRODUCEN ESOS DAÑOS.

Y, sobre todo, no debería olvidar nunca de dónde proviene su legitimidad.

EL PARLAMENTARIO NO LLEGA SOLO AL PARLAMENTO.

LLEGA CON UNA HISTORIA, CON UNA ORGANIZACIÓN Y CON LA ESPERANZA DE MILES DE PERSONAS.

Si después de ser elegido abandona a quienes lo eligieron, pierde algo más importante que una estructura partidaria:

PIERDE EL SENTIDO POLÍTICO DE SU REPRESENTACIÓN.

Por eso la tarea de la izquierda no es simplemente ganar elecciones.

Es construir una nueva relación entre:
PUEBLO + ORGANIZACIÓN + PARTIDO + REPRESENTACIÓN + PODER

Una representación que no termine en el Congreso.

Una representación que VUELVA PERMANENTEMENTE AL PUEBLO.

Porque una izquierda que entra al sistema para transformarlo debe evitar convertirse, poco a poco, en una pieza más del sistema.

LA MINORÍA PARLAMENTARIA PUEDE SER UNA MINORÍA DE ESCAÑOS.

PERO NUNCA DEBE SER UNA MINORÍA DE IDEAS, DE ORGANIZACIÓN NI DE CAPACIDAD DE PROPONER UN NUEVO PAÍS.
EL VERDADERO DESAFÍO NO ES SOLAMENTE TENER PARLAMENTARIOS DE IZQUIERDA.

ES CONSEGUIR QUE LA IZQUIERDA PARLAMENTARIA SIGA SIENDO IZQUIERDA DESPUÉS DE LLEGAR AL PARLAMENTO.

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