El Imperio sin caretas: cuando el «aliado» se convierte en amo

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Jorge Perazzo, a proposito de la relacion Europa y EEUU

Europa: de socio a siervo en el nuevo orden imperial

La escena es tan surrealista como reveladora: mientras Europa destinaba miles de millones y desplegaba retórica bélica para «defender la soberanía de Ucrania», en lo que Rusia asume como protección de poblaciones rusohablantes, Estados Unidos enviaba una delegación de 13 militares a «inspeccionar» Groenlandia, territorio danés cuya compra Trump había sugerido abiertamente.

El mensaje no podría ser más elocuente: «Tu soberanía es un detalle cuando mis intereses están en juego».

La humillación es meticulosa y pública. Mientras Europa jugaba a ser potencia con tanques enviados a miles de kilómetros, Washington la trataba como a un protectorado díscolo. Josep Borrell, el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores, ofrecía una muestra patética de esta sumisión:

«Debemos fortalecer nuestra asociación transatlántica… entendiendo las prioridades de nuestros aliados estadounidenses». Traducción: nos arrodillamos, pero con elegancia burocrática.

La estrategia de seguridad nacional estadounidense ya lo dejaba claro: Europa debe ser «débil pero controlable», un mercado cautivo para armamento norteamericano y un apéndice geopolítico. El mensaje llegó con claridad brutal: compren nuestro gas, compren nuestras armas, y recuerden quién liberó a sus abuelos hace ochenta años. La factura por la «protección» llegó con intereses compuestos.

América Latina: El «patio trasero» que aprendió a arrodillarse

Mientras Europa descubre la crudeza de su vasallaje, América Latina lleva dos siglos conociendo la receta.

Con una diferencia crucial: salvo Cuba, Nicaragua y Venezuela, la mayoría de los países latinoamericanos aceptaron el papel de repúblicas bananeras con una resignación que bordea el síndrome de Estocolmo colectivo.

Las visitas de presidentes latinoamericanos a la Casa Blanca son rituales de sumisión: «Por favor, más inversiones, señor Trump», suplican mientras ofrecen recursos naturales a precio de ganga y firman tratados que hipotecan su futuro. La fórmula es conocida: libre mercado que significa libre saqueo, inversiones que significan desnacionalización, cooperación que significa subordinación.

Marco Rubio y otros halcones del imperio no ocultan su desprecio. Sus declaraciones sobre América Latina son hermanas gemelas de sus desprecios a Europa: «Son débiles, corruptos, necesitan nuestra guía». El mensaje es idéntico, solo cambia el acento.

Los soberanistas: Los que dicen «No» y pagan el precio

Frente a esta marea de sumisión, tres países se alzan como excepciones dolorosas y dignas:

  • · Venezuela, bloqueada y asediada, y finalmente bomardedada y su Presidente secuestrado.
  • · Cuba, resistiendo seis décadas de embargo que sería considerado crimen de lesa humanidad si se aplicara contra otro país
  • · Nicaragua, desafiando las narrativas imperiales desde su propia lógica sandinista

Estos países han elegido el camino más difícil: prefieren el bloqueo a la genuflexión. Y Europa, que ahora recibe su propia medicina, comienza a entender (tímidamente) su mensaje. Cuando el alemán dice «hay que mantener distancia de Washington», está repitiendo, con otras palabras, lo que Fidel Castro advirtió hace medio siglo.

El despertar tardío y la ironía de la historia

La situación tiene una ironía histórica deliciosamente amarga: Europa, que colonizó medio mundo, ahora experimenta la colonización económica y militar. El mensaje implícito es claro: «Ustedes vivieron de expoliar África y Asia; ahora les toca ser mi periferia».

Los efectos son idénticos en ambos lados del Atlántico:

  • · Desindustrialización acelerada (Europa pierde su industria, América Latina nunca la tuvo)
  • · Pérdida de soberanía alimentaria y energética
  • · Políticas sociales desmanteladas (las pensiones europeas caen como antes cayeron los salarios latinoamericanos)
  • · Autoestima nacional convertida en mercancía geopolítica

Simple deduccion: Arrodillarse hoy, ser pisoteado mañana

El patrón es nítido y se repite desde Varsovia hasta Buenos Aires, desde Berlín hasta nuestro Peru: los países que se arrodillan hoy serán pisoteados mañana. La administración Trump simplemente se quitó las máscaras: ya no habla de «democracia» o «libertad», sino lo que siempre maneja intereses crudos y dominación descarnada.

Europa lo está descubriendo con horror tardío; Nuestra América Latina lo sabe hace siglos.

La lección es única: la soberanía no se negocia, se defiende. Los ejemplos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, con todos sus problemas y contradicciones, muestran que decir «no» es posible, aunque cueste. Mientras, los «aliados» sumisos descubrirán pronto que en el diccionario imperial, «aliado» es solo un eufemismo para «colonia temporal».

El mundo da vueltas, y América Latina, si aprende tanto de la resistencia de los países soberanistas como de la sumisa desgracia europea, podría escribir un capítulo distinto o seguir arrodillada, esperando su turno para ser devorada por el monstruo que ya no oculta sus colmillos.

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