La violencia contra la infancia no es un daño colateral, sino una política de castigo, escarnio y satisfacción de vanidades extrahumanas.

La Depredación
de la Inocencia
El Ensañamiento del Sistema Imperial contra los Niños
A lo largo de la historia, el nivel de degradación ética y moral de un imperio en decadencia se ha medido por su trato hacia los más vulnerables. Hoy, el sistema imperial contemporáneo exhibe una crueldad que evoca los pasajes más oscuros de la humanidad.
Las acciones despiadadas que presenciamos contra los niños nos obligan a recordar las atrocidades sin nombre cometidas por los nazis contra los niños judíos, crímenes nacidos de un odio enfermizo que causaron, y siguen causando, una profunda repulsión. Del mismo modo, resuenan los ecos de la antigua Roma, cuando el imperio, tras el gran incendio, persiguió y masacró a los cristianos sin piedad alguna.
Hoy, esa misma depredación se manifiesta en una trágica realidad: los niños han sido convertidos en el blanco principal, en el botín de guerra y en el instrumento definitivo para generar terror.
Gaza: La infancia en las celdas del terror
Palestina — Secuestro sistemático de menores
En Palestina, donde el porcentaje de población infantil es altísimo, el imperio y sus aliados han desatado un drama inhumano. Los datos recientes revelan una política sistemática de secuestro y tortura institucionalizada.
Entre enero de 2025 y marzo de 2026, el número de niños palestinos bajo «detención administrativa» por parte de Israel casi se duplicó, pasando de 103 a 191.
Estos menores son arrancados de sus hogares y encerrados sin cargos ni juicios, basándose en «pruebas secretas». Las cifras son escalofriantes: el número de niños retenidos por más de un año en estas condiciones extremas pasó de 6 a 50 en apenas doce meses.
Mientras el mundo mira hacia otro lado, estos jóvenes son sometidos a abusos en centros de detención como Sde Teiman, compartiendo el destino de miles de palestinos clasificados como «combatientes ilegales».
Minab: Misiles contra pupitres
Irán: Masacre deliberada en una escuela primaria
La agresividad imperial no se detiene en las prisiones; ataca directamente las aulas. El 28 de febrero de 2026, en el inicio de una ofensiva militar, misiles de crucero Tomahawk estadounidenses impactaron tres veces consecutivas contra la escuela primaria Shayare Tayebe en Minab, Irán.
El resultado de este ataque deliberado fue una masacre atroz: 168 personas asesinadas, entre ellas 120 niños de entre 7 y 12 años, además de 26 profesores y varios padres de familia, dejando también más de 96 heridos.
Las pruebas satelitales y los restos de armamento demostraron que no hubo ningún «error de cálculo». Fue un acto de aniquilación consciente.
Usar a 120 niños destrozados bajo los escombros como mensaje de dominación geopolítica demuestra una falta de corazón absoluta y una barbarie que rivaliza con los peores tiranos de la antigüedad.
El caso Epstein: La infancia como mercancía de la élite
Occidente — Tráfico global protegido por el poder
Si los bombardeos y las prisiones muestran la cara militar del imperio, el caso de Jeffrey Epstein revela su profunda podredumbre interna. Este caso, aunque de naturaleza distinta, se vincula dramáticamente con los anteriores al mostrar cómo el poder hegemónico percibe a los niños: como objetos desechables.
Los documentos desclasificados (más de tres millones de páginas) exponen una red global de tráfico y abuso sexual financiada y protegida por las más altas esferas del poder político, tecnológico y financiero de Occidente.
Niñas de apenas 14 años, provenientes de entornos vulnerables y de clase obrera, fueron reclutadas, violadas y mercantilizadas para satisfacer las perversiones de multimillonarios y expresidentes.
La crueldad alcanza niveles distópicos al revelarse que Epstein, impulsado por el «transhumanismo», pretendía usar su rancho para inseminar a mujeres y «sembrar la raza humana» con su ADN.
Un final trágico
Ya sea bajo los escombros de una escuela en Irán, en las celdas de tortura sin juicio en Israel, o en las mansiones privadas de los multimillonarios en Nueva York y Florida, el hilo conductor es el mismo: la depredación de los niños.
El sistema imperial ha cruzado una línea de no retorno. Al igual que la Roma de Nerón o la Alemania nazi, el imperio actual ha decidido que la inocencia es su enemiga.
Agarrar a los niños como la causa principal de la guerra, como escudos del terror o como juguetes de la élite, no tiene otra explicación que una degradación moral absoluta.
«Estos tres casos son elocuentes y contundentes: un sistema que se sostiene sobre la sangre, el miedo y el abuso de sus niños es un sistema que ha perdido su derecho a llamarse humano.»