¡ALERTA MUNDIAL! EL LENGUAJE DELINCUENCIAL DE OCCIDENTE MARCA UN GIRO PELIGROSO EN LA HISTORIA GLOBAL
Jorge Perazzo
El mundo no solo está enfrentando una guerra de misiles, sanciones y alianzas militares. Está viviendo un *giro histórico en el lenguaje del poder, donde la diplomacia ha sido reemplazada por la amenaza directa, la violencia simbólica se convierte en política oficial y el lenguaje usado por líderes occidentales refleja una *decadencia moral y ética sin precedentes.
Una manifestación clara de esta caída es la pérdida absoluta del lenguaje diplomático como herramienta de resolución de conflictos. Ya no se habla de acuerdos, de negociaciones, de mediación. Se habla de *asesinar a líderes extranjeros, de destruir países enteros, de imponer paz con la fuerza. Frases como «Putin es un asesino» (Biden), «Irán debe rendirse» o vendra lo peor» (Trump) o «teníamos listo el asesinato del Ayatola Jomenei» (Netanyahu) o «lo tenemos en la mira» (Trump) no son lapsus ni excesos aislados: son parte de una retórica estructurada y sistemática de violencia, intimidación y desprecio por la legalidad internacional.
Cuando el propio Netanyahu se jacta de haber tenido listo el asesinato de un alto funcionario iraní, o cuando líderes europeos aplauden bombardeos en Gaza sin expresar ni una sola condena frente a la masacre de civiles, no estamos solo ante una irresponsabilidad política: estamos ante el derrumbe moral de todo un sistema geopolítico que antaño decía defender los derechos humanos y la convivencia entre pueblos.¿Qué clase de moral justifica la muerte como antesala del orden?
Este tono matonesco, este discurso anti-diplomático y antihumano, marca el fin de lo que conocimos como relaciones internacionales civilizadas. No hay respeto por la vida, ni por la ley internacional, ni siquiera por la simple dignidad humana. El mensaje es claro: “Si no estás con nosotros, estás para ser eliminado”.
La diplomacia murió: ahora mandan las bombas y las palabras de muerte
Ya no se negocia. Ahora se bombardea primero y se anuncia después. La reciente campaña israelí contra Irán, respaldada por Estados Unidos, fue presentada como «ataques precisos», mientras imágenes de hospitales destruidos y civiles muertos circulaban por redes sociales. ¿Dónde queda la diplomacia cuando un país ataca a otro y luego celebra como si fuera un partido de fútbol?
¿Qué clase de mundo estamos construyendo cuando cancilleres europeos aplauden bombardeos sobre Gaza? ¿Cuándo el canciller alemán dice que «Israel tiene derecho a hacer su trabajo sucio» y nadie levanta la voz?
No es solo falta de sensibilidad. Es una *banalización del horror, una *normalización del genocidio. Y detrás de todo esto, hay un lenguaje que revela una profunda decadencia: palabras de matón, de venganza, de odio disfrazado de seguridad nacional. lo que predomina ahora es el “lenguaje de la fuerza y del odio”.
Resulta alarmante que, tras lanzar bombas y celebrar la muerte y destrucción, se afirme con cinismo: “después de la bomba está la paz”. Esta situación es gravísima. No solo destruye el entramado internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial, sino que genera un clima de inseguridad global en el que nadie puede confiar en las palabras, los tratados ni las promesas de las potencias occidentales.
Un giro peligroso: cuando el poder pierde su alma
Lo peor no es solo que estos discursos se den. Lo peor es que se normalicen, que se publiquen en medios principales, que sean replicados por presidentes, ministros y analistas como parte del debate político habitual. Ya no se ocultan. Se exhiben. Se celebran.
Y esto no solo afecta a quienes están en la mira de estas amenazas. Daña a toda la humanidad. Porque si ya no hay reglas, si ya no hay límites, si ya no hay tabú frente al uso de armas nucleares, de ataques a infraestructura civil o de asesinatos selectivos, entonces estamos ante una nueva era de la guerra: la guerra total, sin normas, sin contención, sin futuro posible.
Como decía la periodista australiana Caitlin Johnstone:
“Imagina ser tan malvado y vilipendiado que a la gente le encante verte recibir golpes”.
Pero lo trágico es que Occidente no ve que sus propios ciudadanos empiezan a temerle al poder que dicen representarlos. En ciudades como Tel Aviv o incluso en Estados Unidos, jóvenes se esconden en búnkeres preguntándose si han convertido a su país en Gaza.
Decadencia económica, política y moral van juntas
Esta crisis del lenguaje no es un fenómeno aislado. Va acompañada de una decadencia estructural del modelo occidental:
Economías agotadas que dependen de guerra para sostener su ritmo financiero (como el “keynesianismo militar” británico).
- Gobiernos fracturados, incapaces de resolver problemas internos pero dispuestos a crear enemigos externos.
- Una OTAN cada vez más agresiva y menos legítima, rodeada de bases militares pero sin proyecto común.
Mientras tanto, Estados Unidos abandona tratados internacionales, se retira del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, sale del acuerdo nuclear con Irán, se niega a reconocer la Corte Penal Internacional, y se desliga de UNESCO y de cualquier marco multilateral que limite su arbitrariedad.
¿Cómo confiar en un orden global donde el principal actor actúa como un Estado canalla? este tipo de discurso beligerante y deshumanizante envalentona a sectores ultraconservadores en América Latina, alimenta dictaduras simbólicas disfrazadas de democracia, y siembra el terreno para nuevas guerras, nuevas persecuciones y nuevas formas de represión.
Es una realidad concreta que está costando vidas, que destruye países, que disuelve el derecho internacional, y que sienta un precedente funesto para las futuras generaciones.
América Latina, alerta: el lenguaje del imperio corrompe nuestra política
Este nuevo lenguaje no solo impacta en Oriente Medio o en Europa. **Tiene consecuencias locales.
En América Latina, este discurso *ha legitimado nuevas formas de autoritarismo, de intervencionismo y de manipulación ideológica*. La derecha conservadora y autoritaria encuentra en el ejemplo occidental una excusa para criminalizar protestas, perseguir movimientos populares y justificar represión bajo el pretexto de la «seguridad».
Gobiernos como el de Peru, Argentina o Ecuador ya no pueden ignorar que están siendo presionados por una narrativa que prioriza el *lenguaje de la fuerza, que busca *debilitar la integración sur-sur, que intenta aislar a China, Rusia e Irán, y que quiere mantener a América Latina como su patio trasero eterno.
Contra la barbarie: recuperar la palabra, la razón y la resistencia soberana
Frente a este escenario, es urgente:
- Rechazar públicamente el lenguaje bélico y genocida** que normaliza la muerte ajena.
- Defender los principios de no intervención, autodeterminación y derecho internacional.
- Fortalecer espacios alternativos de diálogo, como el movimiento soberanista, los BRICS+, y todas las iniciativas que proponen un mundo multipolar, justo y sin hegemonías.
- Condenar a quienes usan el poder para sembrar terror y división, y no tolerar que líderes regionales copien ese estilo como si fuera síntoma de fortaleza.
Porque si no detenemos a tiempo esta deriva, si no condenamos este lenguaje delincuente y matonesco, **no solo perderemos la paz: perderemos la humanidad.
¡Basta ya de guerras anunciadas!
¡Basta ya de amenazas convertidas en política pública!
¡Basta ya de ver la muerte como logro y la destrucción como victoria!
Este no es un mundo mejor. Es un mundo más peligroso.
Y si no actuamos, será un mundo sin futuro.



