¡Traidor vende patria, todas estas muertes las pagarás. Algún día vendrá un patriota, que los botarán como perros!, Espetó, el joven dirigente sindical petrolero, de apenas 21 años, a su verdugo. La huelga sindical contra los abusos de la International Petroleum Company, acabó con el asesinato de Alejandro Taboada Crisanto, el 13 de junio de 1931, pero dio nacimiento a la rebeldía de otro joven piurano de la misma edad, que 37 años después dignificara al Perú un 9 de octubre de 1968, expulsando a los yanquis de Talara. Se trataba de Juan Velasco Alvarado quien hacia cumplir el último deseo de Alejandro Taboada.
Un 16 de junio de 1946, se crea en Talara el primer colegio secundario con el nombre del insigne mártir petrolero ALEJANDRO TABOADA, pero tres años después, la IPCo, ejerce presión en las altas esferas políticas de entonces, para que sea cambiado por el de IGNACIO MERINO.
Ignacio Merino, nació circunstancialmente en Piura y fue llevado apenas un bebé a Trujillo de donde eran sus padres, una familia aristocrática, quienes lo enviaron a Francia apenas con 7 años.
Orgulloso de haber estudiado en el colegio que llevó en el origen el nombre del sindicalista talareño, comparto la crónica de Mario Quevedo, como homenaje a Alejandro y a brillantes hombres de bien que egresaron de sus aulas.
Feliz aniversario, querido colegio
EL SACRIFICIO DE ALEJANDRO TABOADA
(al cumplirse 90 años de este acontecimiento)
«La Federación en Asamblea General, acordó paralizar indefinidamente por incumplimiento de pacto. La IPCo. y la Lobitos se declararon en Lock out o quiebra, se despidió a miles de trabajadores pese a que la producción de petróleo en 1931 llegó a 8 millones de barriles, sin control del estado peruano; éste estaba a cargo de un empleado del Gobierno, la IPCo. le compró casa en Piura, donde recibía los reportes que remitía a Lima para el pago del impuesto correspondiente.
En la huelga del 31 la IPCo. sentía la fuerza de un gigante desencadenado, las pequeñas fuerzas de todos los sindicatos reunidos en una sola. La empresa temblaba y como de costumbre, recurrió al soborno.
El Prefecto de Piura que había recibido una llamada muy importante, de inmediato tomó cartas en el asunto.
Llegó a Talara con un numeroso grupo de soldados de la Línea 3 de infantería y del Grupo 7 de Caballería de Sullana.
El Gobierno central envió al Crucero «Bolognesi» para «resguardar el orden», llegaron a Talara cientos de marinos.
La población se encontraba desconcertada, nunca antes se había pasado por una situación semejante, pero estaba segura que así como sus líderes habían salido airosos en Lima, de igual modo harían prevalecer los derechos de todos lo federados; creíase que solo habría que presionar a la Empresa, para vencer, por lo que los gringos no podían sacar el oro negro sin el concursos de los braceros.
Los gringos fueron generosos con la tropa, enormes cargamentos de aguardiente para la soldadesca, whisky y unas «hembritas» para las autoridades y oficiales, sin contar con la recompensa por la cabeza de los líderes sindicales.
La población talareña era un polvorín, en todas las esquinas se levantaban montículos de piedras. Guardias Civiles pegaban boletines donde se hacía saber que el Supremo Gobierno de Don Samanez Ocampo, había declarado la Ley Marcial a pedido de la IPCo., quedando sin efecto las garantías constitucionales ciudadanas, instaurado el estado de sitio se prohibía las reuniones de más de tres personas.
Al atardecer del 12 de Junio, la tropa ingresó a la ciudad tomándola militarmente. Tomaron sus posiciones, disparaban hiriendo a algunos; los obreros en la creencia que los soldados no dispararían a las mujeres y niños contestaron arrojando piedras, los militares arremetieron disparando contra la masa de personas reunidas en asamblea.
El holocausto duró toda la noche, la soldadesca desenfrenada, embrutecida por el aguardiente buscaba la recompensa ofrecida por “poner orden a como dé lugar”.
Alejandro Taboada y Ricardo Orozco, se encontraban en Negritos para animar a su gente que ya flaqueaba. Enterado el líder petrolero, de la matanza de Talara, se refugió en la calle 7.
Los soldados no encontraron a Taboada entre los muertos, emprendieron entonces la búsqueda de los dirigentes «casa por casa» extendiendo su acción a las «Secciones».
Se produjo un éxodo masivo en Talara y Secciones. Familias enteras huían de la barbarie.
Alejandro Taboada delatado por un «amarillo», fue capturado cuando trataba de escabullirse por los pisos de los canchones, del cerco que se cerraba sobre él.
«¡Lo agarré… lo agarré…. es mío!», gritaba triunfante un guardia. Como pirañas se lo disputaban con los soldados al mando del Teniente Sebastián de Talavera.
El Líder se les escapó, entonces el Teniente levantando su arma disparó a las piernas, impactándole y haciéndole caer por el suelo. Un soldado de mirada asesina le propinó un puntapié en la boca que le hizo volar varios dientes
Me encontraba en el piso de enfrente, escuché cuando Alejandro gritó: .¡¡MISERABLE, NUNCA PODRÁS SILENCIAR A LOS OBREROS !! ¡TENDRÁS QUE MATARNOS A TODOS!, la sangre comenzó a fluir de la herida; con las manos tintas en sangre, el líder volvió a gritar: ¡¡TALAVERA, ESTA ES LA SANGRE DE MIS COMPAÑEROS!! ¡NUNCA PODRÁS OLVIDARLA!
Alejandro recibió un fuerte golpe con la culata del fusil.
… un soldado bajito cuya cabeza se perdía en el casco militar de combate dijo:
- Súbanlos al carro…
- Si tratan de escapar… ¡mátenlos!, gritó el hombre que daba las órdenes al grupo de soldados.
En una camioneta de la Empresa nos tiraron, custodiados por militares nos trasladaron a Talara.
Sostenía a mi amigo con mis brazos, él temblaba como una hoja desprendida de su árbol por el
Había un fuerte sol y el cielo estaba completamente despejado. Desde Talara llegó mister Moore en su carro, acompañado de varios gringos y algunas mujeres, quienes miraban la escena desde lejos. ¡Pero si es un muchacho!, escuché; sin duda se referían al líder, que en ese momento contaba con 21 años.
Míster Moore no cabía de contento «Very good….very good», decía el gusano, que se frotaba las manos conversando con Talavera. Escuché que Moore dijo:
“Muerto perro, muerto rabia”, era nuestra sentencia de muerte. Se acercó al líder, dijo:
«Si hubieras recibido money, no…»
Pero fue interrumpido, un escupitajo sanguinolento le cayó en pleno rostro. iMátenlo!, ordenó.
Fuimos llevados cerca del local de la Federación, donde había una palmera, Taboada fue atado a ella.
Alrededor del local había cientos de cadáveres que los militares hacinaban en carros de la empresa; (…) un grupo de hombres y mujeres que habían muerto empuñado la bandera roja y blanca de la federación, parecía que trataban de buscar su protección contra los dardos de la muerte, el enemigo había sido implacable ejecutando las órdenes de los amos.
Dirigiéndose a Moore, Taboada gritó:
¡TRAIDOR, VENDE PATRIAS! ¡ TODAS ESTAS MUERTES LAS PAGARAS…. ALGUNA VEZ VENDRA UN PATRIOTA QUE LOS BOTARA COMO PERROS! - ¡MATENLO! … QUE ESPERAN!
Ordenó a Talavera, éste apresuradamente llamó a seis soldados para que conformaran el pelotón de fusilamiento.
Comprobada la carga de los fusiles, rugió: - ¡APUNTEN!..
El líder gritó:
“¡MUERO POR TALARA!”….
….FUEGO!!
El saco blanco sucio de tierra, se tiñó de rojo al impacto de los dardos del ángel de la muerte.
Rompieron las ataduras del líder, cayó contemplando por última vez el sol norteño. Tenía los ojos muy abiertos, cuando se acercó Paúl Moore, se asombró a tal extreme que exclamó: «¡ESTA ESTA VIVO!
Moore sacó su inseparable revólver y le disparó a Ia cabeza, al impacto, el cadáver inclinó la cabeza mirándole fijamente.
¡MUERE… MUERE¡….
Gritó, enloquecido, y volvió a disparar hasta agotar la carga.
Gritaba fuera de sí con mirada estúpida y con los ojos completamente rojos, quizás por la borrachera que se había pegado con los altos oficiales militares y autoridades llegadas a contener el motín, «que ponía en peligro la integridad territorial de nuestra querida patria», según rezaba el parte de la lPCo. en su solicitud al Supremo Gobierno.
Recargó nuevamente, pero el Prefecto le quitó el arma diciéndole: ¡ESTA MUERTO!, Pero él insistía: ¡ESTA VIVO!
Tenía razón, ALEJANDRO TABOADA CRISANTO estaba vivo, pertenecía ya a la patria de los inmortales. Su espíritu aún recorre las polvorientas calles, pampas e instalaciones petroleras en busca de justicia para sus hermanos de clase. (Tomado de «la Hoja Desprendida», de Mario Quevedo Urbina)
LOOR A ALEJANDRO TABOADA Y A TODOS LOS MÁRTIRES DEL HOLOCAUSTO DEL 31….
