EEUU no pudo ganar, firmó el armisticio. La peninsula quedó devastada.
Dos millones de coreanos y 30 mil estaduinedenses muertos. EEUU coloniza el sur y el norte desarrolla una economia de guerra que hace temblar a occidente por su rapidisimo desarrollo tecnológico y exitoso desarrollo autosuficiente.
Esta es la conclusión de un ensayo sociológico sobre el tema que ayuda a entender la situación actual a los 70 años de una tensión que no acaba…crece en intensidad.
El apoyo de la URSS a Kim Il-sung y de los Estados Unidos a Syngman Rhee en sus respectivas áreas de influencia conllevó a una escalada de las tensiones en la península que desembocaron en una contienda bélica (1950-1953) a la que se puso “en pausa” con la firma de un armisticio. Es decir que actualmente ambas Coreas se mantienen aún en un estado técnico de guerra. Esta tragedia tuvo además de un gran costo material –tanto el Norte como el Sur quedaron literalmente hechos una “pila de ruinas” (Szalontai, 2009: 12)– un saldo de vidas humanas perdidas o heridas lisa y llanamente terrible. Al respecto de esto se refiere Aymes:
Aunque las cifras varían de acuerdo con la fuente, las estimaciones más verosímiles arrojan unos dos millones de coreanos muertos, entre soldados y civiles del Norte y del Sur. Cerca de 30.000 soldados estadounidenses murieron, más de 75.000 fueron heridos y hubo más de 10.000 desaparecidos o capturados. Asimismo unos 900.000 chinos cayeron en combate. (2009: 143).
Podemos afirmar entonces que esta “guerra limitada” fue para los coreanos una guerra total (Cumings, 2004). Los recursos humanos y materiales de Corea del Norte y del Sur se usaron al máximo. La destrucción física y la pérdida de vidas en ambos lados fue casi incomprensible, pero el Norte sufrió el mayor daño debido al bombardeo de saturación estadounidense y la política de tierra arrasada de las fuerzas de la ONU en retirada (Armstrong, 2013: 48; Szalontai, 2009). La Fuerza Aérea de Estados Unidos estimó que la destrucción de Corea del Norte fue proporcionalmente mayor que la de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Los aviones estadounidenses arrojaron 635,000 toneladas de bombas sobre Corea, en comparación con las 503,000 en todo el teatro de operaciones del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, incluidas 32,557 toneladas de napalm (Cumings, 2015; Armstrong, 2013). El número de muertos, heridos o desaparecidos en Corea al final de la guerra se acercó a 3 millones, el 10 por ciento de la población total. La mayoría de los asesinados estaban en el norte, con la mitad de la población del sur; aunque la RPDC no tiene cifras oficiales, posiblemente del 12 al 15 por ciento de la población murió en la guerra, una cifra cercana o superior a la proporción de ciudadanos soviéticos muertos en la Segunda Guerra Mundial. Irónicamente, la “Guerra de Liberación de la Patria” de Corea del Norte se parecía a la “Gran Guerra Patriótica” de la Unión Soviética en su devastador efecto en el país, y ni siquiera terminó en victoria, exactamente el resultado que Kim y Stalin habían querido evitar cuando planearon el ataque del 25 de junio de 1950. En este sentido coincidimos con el planteo de Cumings de que la guerra fue la culminación de combates iniciados con anterioridad en donde la responsabilidad recae tanto en Rhee como en Kim Il-sung. Aunque el historiador estadounidense aclara que a Kim le corresponde la grave responsabilidad de haber “elevado el conflicto civil en Corea a la escala de una guerra generalizada, que tuvo consecuencias previstas y consecuencias que nadie podía haber previsto jamás” (Cumings, 2004: 293). A su vez también destacamos las formas en que se llevó adelante el combate por parte de los norcoreanos, ya sea de manera convencional y mediante el uso de la guerra de guerrillas. Fue la Guerra de Corea en este sentido una guerra popular, entendida no solo una seguidilla de escaramuzas militares, sino “una guerra política por los comités populares y la reforma agraria. Dicho en otros términos, esta fue también una guerra popular que, como la siguiente guerra popular de Vietnam, generó una respuesta espantosa por parte de los Estados Unidos” (Cumings, 2004: 302).
Así como podemos afirmar que el armisticio dejó trunco el desenlace de la guerra civil coreana, como solución a una guerra internacional en gran escala cumplió su cometido. Para los Estados Unidos, China y la Unión Soviética, el final inconcluso de la guerra fue un compromiso manejable, aunque insatisfactorio. Finalmente, los intentos de Corea del Norte y del Sur para unificar la península por la fuerza habían fracasado haciendo ver a la guerra luego de la firma del armisticio como una “tragedia sin sentido” (Armstrong, 2013: 51). Después de más de tres años de una gigantesca destrucción física y pérdida de vidas, la Guerra de Corea terminó más o menos donde comenzó, con la península dividida entre dos estados mutuamente hostiles, cada uno afirmando ser el gobierno legítimo de toda Corea. Lejos de resolver la división de Corea, la guerra la hizo devenir en la división nacional más compleja del siglo XX. En nuestra opinión es una tarea que le puede caber a la Sociología de la Guerra ofrecer herramientas conceptuales que permitan desentrañar los orígenes de esa complejidad y así develar algunos de sus puntos nodales. De esa manera podremos comprender con mayor precisión los procesos que se dieron a ambos lados del paralelo 38 y que consolidaron la división.
Click para ver el texto completo del ensayo: Consecuencias del desarrollo nuclear coreano, Lautaro Pagaburu (UAI-GEAP)
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- Un breve repaso de estos intentos frustrados pueden verse en “All the Times North Korea promised to denuclearize”, Wired. Disponible en https://bit.ly/2MnMB2j. ↵
- Vale aclarar que nuestra postura plantea que la guerra empezó antes de 1950, lo que igualmente no censura la pertinencia de tomar como recorte para su análisis el período 1950-1953.↵