ARGENTINA PREELECTORAL

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LA OPOSICIÓN EN SU LABERINTO

El posicionamiento de la Vicepresidenta aceleró las contradicciones al interior de Juntos por el Cambio

POR JORGE ELBAUM MAY 21, 2023 

La decisión de Cristina Fernández de Kirchner de no hacerle el juego a la lógica mediático-jurídica impuesta a través de la proscripción aceleró la campaña electoral tanto en el Frente que aglutina al oficialismo como al interior de la oposición cambiante. Los socios y beneficiarios políticos de los cortesanos, junto a sus satélites encaramados en Comodoro Py, celebraron reconfortados la exclusión electoral de la Vicepresidenta y se dispusieron a caracterizar a dicha interdicción como el prólogo de la ansiada desaparición forzada del kirchnerismo.

El cierre de listas para oficializar precandidaturas vence el sábado 24 de junio, y las negociaciones y debates se acrecentaron en el marco de un posible escenario de tres tercios, donde dos de esos bloques aspiran a una segunda vuelta o a alcanzar el 40% necesario –más un 10% de diferencia– para conquistar la Presidencia en primera vuelta, el 22 de octubre.

El proceso electoral que se inició con votaciones en diferentes provincias continuará el próximo 11 de junio en Corrientes. Sin embargo su desarrollo se presenta contaminado por dos decisiones del Partido Judicial: la proscripción y la suspensión de las elecciones en Tucumán y San Juan, en abierta violación de las autonomías provinciales y del principio federal que las agrupa. Las instituciones y los resultados electorales que se sucederán suponen una clara desvirtuación del sistema democrático.

El próximo gobierno tendrá que procesar esta realidad incontrastable: la de un Presidente electo bajo condiciones irregulares, basadas en la criminalización de la política y la sustitución de la voluntad general por un poder contra-mayoritario sometido a juicio político. La historia argentina exhibe varios ejemplos de esa degradación democrática cuyos efectos y epílogos fueron funestos. La proscripción al peronismo en la década del ‘50 y el ‘60 catapultó a la Presidencia a dos Arturos, Frondizi e Illia, que sucumbieron por la anemia institucional con la que fueron impuestos. Lo que la derecha argentina no quiere asumir es que toda exclusión política se transforma de forma proporcional en un debilitamiento estructural del sistema.

Los tercios pronosticados pueden no ser tales en términos proporcionales. Pero sí lo son en su valor conceptual: el macrismo fue gobierno hace cuatro años y se lo recuerda aún por su fracaso económico, el endeudamiento con el FMI, el espionaje generalizado –que incluyó entre las víctimas a los propios integrantes de la coalición–, la connivencia con las corporaciones mediáticas y la cooptación escandalosa de la Justicia federal, cuyo máximo mentor se encuentra prófugo. El imaginario que rodea a esa gestión que se inició en 2015 se complementa con el fracaso que perciben los votantes del Frente de Todos. En el intersticio entre ambos se instituye el discurso altisonante de la ultraderecha, apalancado tanto por la frustración de las dos últimas administraciones como por la novedad ofrecida por las soluciones mágicas del ultra neoliberalismo.

Existe un prejuicio establecido en un sector significativo del campo popular, que sostiene que la derecha posee internas políticas menos cruentas debido a que tiene plena conciencia de sus intereses comunes. La experiencia histórica, tanto argentina como global, muestra que no siempre funciona así. Los sectores dominantes pueden entrar en colisión interna, en términos de sus diferentes fracciones, por la competencia de intereses corporativos, por concepciones de estrategias contrapuestas o por simples conflictos narcisistas. El universo cambiemita, en la actual coyuntura, parece atravesado por esas tres contradicciones yuxtapuestas, sumadas a discordias regionales y discrepancias sobre cómo enfrentar al Frente de Todos y a los seguidores de Javier Milei.

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