ACTUALIZANDO LA MIRADA DE PABLO MACERA SOBRE EL PERÚ

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Augusto Lostaunau Moscol

La sociedad entrega a los historiadores el trabajo intelectual de interpretar los hechos sociales ocurridos a través del tiempo, por ende, el trabajo del historiador de reflexionar el pasado y el presente forma parte de nuestra labor como científicos sociales. Pero, a lo anterior, y frente a momentos de dura crisis general, la sociedad le exige al historiador poder dilucidar el futuro. Es casi una mirada profética que no parte de la fe ciega; sino, por el contrario, de hacer un recuento de sucesos anteriores con los cuales se puede realizar una suerte de comparación. Es por ello que muchos sostienen que la Historia se repite, lo cual no es cierto; aunque existen ciertas estructuras históricas que permiten establecer semejanzas muy generales y diferencias muy específicas.

En 1982 la revista Quehacer N° 15 (febrero) publicó una extensa entrevista que realizó el periodista José María Salcedo al reconocido historiador, investigador y catedrático Pablo Macera Dall´Orso. Quizás, en las últimas tres décadas del siglo XX, Macera fue uno de los historiadores más requeridos por los medios para poder “entender” los problemas del país y el “futuro” del mismo. Pasó de ser un investigador muy serio a una suerte de profeta. Aquí dejamos en claro que Macera jamás fue marxista o mucho menos; por el contrario, será un liberal de izquierda muy respetado cuando las ciencias sociales estaban llenas de investigadores de “moda marxista”. Es por lo que cuando decide ingresar a las filas de la ultraderecha, muchos lo llamaron traidor; aunque, muchos de quienes lo llamaron traidor eran esos “antiguos marxistas» de los años 70s y 80s; ahora convertidos en liberales de izquierda. Algún antropólogo que en Huamanga fue maoísta y luego, en Lima, liberal de cafetín barranquino lo intentó criticar sin éxito.

En la entrevista del año 1982 se abordaron una diversidad de temas que nos permiten percibir a un Pablo Macera como un historiador humano. Resolvió, con maestría, preguntas que fueron desde la violencia política (Sendero Luminoso) hasta el deporte (futbol y ajedrez); dejando, en el medio, asuntos como el Papa y personajes políticos del momento. Eso nos muestra a un real y consciente investigador histórico. Macera leía de todo y veía televisión. Asistía al cine y al teatro. Escuchaba música popular y popularizada. Jamás se refugió en el pasado para no ser visto en el presente; todo lo contrario, polemizó sobre el presente por su interés por el pasado.

Un tema es Juan Velasco Alvarado, un personaje histórico que presenta y resume muchas de las más grandes y graves contradicciones del Perú. Como un militar del siglo XX debió haber estado al servicio de las clases dominantes; pero Velasco decidió representar los intereses de las mayorías. Esto le ha generado un grato recuerdo entre los más pobres; y, por consiguiente, el mayor odio entre los elementos de la clase dominante. Entonces, interrogado Pablo Macera sobre ese elemento de carisma de que aun presenta Velasco, respondió:

“Yo creo que el éxito y el carisma de Velasco es haberle dado al pueblo por primera vez la evidencia de que el miedo podía ser transferido a otra clase social. Por primera vez los ricos y los poderosos del país tuvieron miedo, aunque después regresaran con más insolencia, como he dicho yo en un reportaje, a cholear. Pero por lo menos hubo unos años en que tuvieron miedo, y esto el pueblo le sigue agradeciendo a Velasco. Además, un miedo sin dignidad, miedo que la derecha no quiso vencer y que resolvió cobardemente” (1982:55).

El Perú es la República del Miedo. La violencia y todas las formas de exclusión y dominación existentes han sido utilizadas por las clases dominantes precisamente para controlar y mantenerse en el Poder. La negación de la ciudadanía fue utilizada contra las grandes mayorías con la finalidad del control absoluto del Poder Político. Gracias a las leyes aprobadas por el Congreso de la República (controlado “legalmente” por las minorías dominantes) se desconoció los derechos de la clase trabajadora, con lo cual, el Poder Económico (propiedad y ganancia) fue controlado por estas mismas minorías. La ausencia de una política educativa y la construcción de un sistema educativo ha significado que el Poder Cultural sea controlado por las clases dominantes. Mientras que, la exhibición de todo lo anterior genera el Poder Social muy útil para garantizar la permanencia de la clase dominante. Esa hegemonía se traducía en soberbia y maltrato por parte de la clase dominante a las grandes mayorías populares y marginadas.

Pero, luego del Golpe de Estado del 3 de octubre de 1968 y, más aún, de la Reforma Agraria de junio de 1969, las clases dominantes peruanas sintieron -por primera vez en nuestra historia- miedo a las grandes mayorías. Ahora, las armas ya no apuntaban a los campesinos u obreros en huelga; por el contrario, con tanques se expulsó a la IPC y se expropiaron haciendas. Los militares peruanos usaban la palabra Revolución sin ningún prejuicio.

Aunque, luego del Golpe de Estado de agosto de 1975 realizado en Tacna por el general Francisco Morales-Bermúdez Cerrutti (a quien Jorge Basadre calificó de “Felón”) la clase dominante se recompuso y actuó con mayor ferocidad. Los actos racistas y clasistas se normalizaron. Los medios de comunicación se convirtieron en empresas distorsionadoras de la realidad. El “entretenimiento” desplazó a la información. Es que los medios de comunicación son en realidad empresas propiedad de las clases dominantes y, por lo tanto, el control de la información es un elemento muy valioso que deben “saber administrar”. Durante las décadas de 1980 y 1990, la televisión, la radio y los periódicos eran de consumo masivo por parte de las mayorías. Las personas conocían la “verdad” gracias al noticiero. O, tenían “algún aprendizaje académico” gracias a las columnas de opinión. El “Retorno a la Democracia” no significó mayores cambios para las grandes mayorías. Y la clase dominante siguió controlando el país como quien controla su propio negocio. Por ello Macera dijo:

“Yo creo que tienen un síndrome borbónico: no han aprendido nada ni han olvidado nada” (1982:55).

Es muy conocido que la Familia Borbón es una de las que más ha practicado la endogamia y, por lo tanto, la mayoría de sus integrantes ha presentado patologías sicológicas y malformaciones físicas. Entonces, el Síndrome Borbónico que sufre la clase dominante peruana se traduce en esa endogamia de clase social que practican por la cual todos, de alguna manera, terminan emparentados. Es “común y natural” encontrar matrimonios entre primos de primer grado. Así, van generando una suerte de clase-casta que tiene como mayor Poder el control absoluto del Poder mismo. Se puede afirmar que “los apellidos se repiten”. Y, por ende, hasta los partidos políticos que deciden organizar, son -en realidad- verdaderos clubes políticos. Y las reuniones sociales que frecuentan sirven para definir acciones políticas sobre el gobierno que controlan. Esto último ha sido copiado con exactitud con aquellos sectores sociales que se han incorporado -de manera plena o con ciertas distancias- a la clase dominante. Y sigue siendo moneda común en las universidades. Pero, esa conducta inmoral de la clase dominante tiene una explicación histórica social. Macera dice:

“Es una clase final, ¿no? Es una clase que no es la clase burguesa británica o alemana o japonesa, sino es una clase muy deprimida, una de las clases más colonizadas y coloniales en todo el escenario sudamericano, que no puede asumir el carácter de clase dirigente. Los componentes de dirigencia y dominación varían de un país a otro. Me parece que el componente de dirigencia en el caso de la clase alta peruana es uno de los más bajos y en cambio el componente de dominación es uno de los más altos” (1982:55).

Es una clase dominante que se niega en transformarse en una clase burguesa dirigente con un programa político que sirva para solidificar sus intereses a nivel nacional e internacional. El viejo debate de la década de los 60s aún continúa. No son una burguesía propiamente dicha; por el contrario, son un remedo de burguesía. Algunos de los integrantes de este remedo de clase burguesa -desde las ciencias sociales- utilizan el concepto “Élite” para identificarlos. Cuando, en realidad, están muy lejos de serlo. Jorge Basadre sostiene -acertadamente- que las élites están conformadas por elementos sociales capaces de dirigir ya que “Ni la juerga ni el látigo son el símbolo de las élites auténticas” (1968:95). Estos remedos de élites son, simplemente, elementos que para controlar el poder utilizan todas las formas de violencia que puedan tener a sus manos; incluso, al momento de denunciar “la violencia del otro” son mucho más violentos.

Han transcurrido 41 años de esta entrevista de Salcedo a Pablo Macera, pero mucho de lo tratado en ella tiene plena vigencia. Más aún el miedo de las clases dominantes por un gobierno de las mayorías y a favor de las mayorías.

Referencias:

Basadre, Jorge. Ante el Problema de las Élites. Lima-Perú. 1968.

Macera, Pablo. Entrevista de José María Salcedo. En: QUEHACER 15. DESCO. Lima-Perú. Febrero de 1982.

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