La población peruana puede reivindicar con orgullo su origen originario, indígena, nativo, y/o afrodescendiente a través de acciones concretas y colectivas que fortalezcan la identidad, la autoestima y la visibilidad de estos pueblos en la sociedad. Estas son algunas formas clave de hacerlo:
Autoidentificación consciente y afirmativa:
En censos, encuestas y espacios oficiales, es fundamental que cada persona se reconozca y declare con claridad su pertenencia a un pueblo indígena, originario o afrodescendiente, evitando el uso de categorías ambiguas como “mestizo” que diluyen la verdadera identidad y perpetúan el racismo encubierto[1].
Participación activa en procesos censales y políticos:
Exigir que los procesos censales sean inclusivos, respeten la diversidad lingüística y cultural, y garanticen la participación efectiva de representantes de las propias comunidades en la recolección y validación de datos[1].
Orgullo y difusión de la cultura:
Promover y celebrar la historia, las lenguas, las tradiciones, la música, la gastronomía y las expresiones artísticas propias, tanto en espacios familiares como en la vida pública, fortaleciendo así la memoria colectiva y el sentido de pertenencia[2].
Defensa de los derechos colectivos:
Organizarse para exigir el respeto y la protección de los derechos territoriales, culturales, políticos y sociales, así como la consulta previa y el consentimiento informado ante cualquier proyecto que afecte a los pueblos indígenas y afrodescendientes[2][1].
Educación intercultural y antirracista:
Impulsar la educación intercultural bilingüe y la enseñanza de la historia real de los pueblos originarios y afroperuanos, combatiendo los estereotipos y el racismo estructural desde la escuela y los medios de comunicación[2].