La gestión del conocimiento es hacer política por otros medios
EDITORIAL DE LA REVISTA

La gestión del conocimiento se asemeja a la política en su ejecución. En 1662, el Rey de Inglaterra estableció la Royal Society of London, reconociendo la creciente importancia de la investigación científica y tecnológica en la competencia por el dominio del mercado mundial. En respuesta, Luis XIV de Francia fundó la Academia de las Ciencias de Francia en 1666 para asegurar que Francia no quedara rezagada. Estos eventos históricos resaltan dos aspectos fundamentales de la gestión del conocimiento en la civilización moderna: la anticipación y vigilancia ante la imprevisibilidad del mundo globalizado, y los compromisos estratégicos en relación con la soberanía nacional.
En esta perspectiva histórica, es crucial reflexionar sobre el significado de la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) para los peruanos, y cómo se relacionan con nuestra soberanía y futuro. ¿Puede la racionalidad económica impuesta por la globalización llevarnos al desarrollo por sí sola? ¿Qué tipo de conocimiento necesitamos para sostener nuestros sistemas productivos, sociales y ambientales?
Desafortunadamente, académicos, políticos y empresarios en el Perú no están abordando adecuadamente estas preguntas. La baja calidad y falta de relevancia en la investigación, el desarrollo experimental y la innovación explican en gran parte nuestra limitada producción de conocimiento, patentes y valor agregado en las exportaciones. Esta situación refuerza nuestra extrema dependencia tecnológica y un modelo económico basado en productos primarios.
El desarrollo del país implica una gestión del conocimiento que considere nuestras características regionales, pluriculturales, y multiétnicas, así como nuestra extraordinaria biodiversidad y variedad de pisos ecológicos. La falta de congruencia entre estas características y las políticas implementadas nos ha llevado a mantener bajos índices de innovación y competitividad global.
Superar este desafío requiere acciones concretas en planeamiento, capacitación, infraestructura e institucionalidad para adaptarse a los cambios globales en la tecnociencia y lograr resultados macroeconómicos favorables junto con un desarrollo humano sostenible. Es necesario un incremento significativo en la inversión en ciencia, tecnología e innovación, que actualmente es solo el 0.15% del PBI, en comparación con el 0.7% de Chile.
El reconocimiento de que el desarrollo y la gestión del conocimiento están intrínsecamente ligados y representan una opción estratégica que debemos asumir, nos exige impulsar alianzas entre instituciones generadoras de conocimiento, empresas y gobiernos para transformar las condiciones que afectan la seguridad alimentaria, energética, ambiental y la soberanía nacional, sobre todo en un contexto globalizado que presenta desafíos significativos.