Y a todos los que han hecho posible un camino efectivo para la izquierda que le devolvió la fe, la esperanza y la confianza del pueblo cusqueño a un gobierno que encabeza Veronika Mendoza.
Jorge Perazzo

EL TRIUNFO DE VERÓNIKA MENDOZA EN CUSCO
Cuatro años tocando puertas: la victoria de un método y sus lecciones para la militancia de izquierda
Lima, 7 de octubre de 2026
⚡ I. Un triunfo hermoso, formidable, contundente
El triunfo de Verónika Mendoza en las elecciones regionales de Cusco con la Alianza Electoral Venceremos no fue una sorpresa del azar electoral: fue el resultado verificado de un método. La alianza ganó en nueve provincias: Acomayo, Cusco, Canchis, Chumbivilcas, Canas, Espinar, Paucartambo, Quispicanchi y Urubamba y quedó en inmediata disputa en Calca y La Convención.
Con casi el doble de votos que su inmediato competidor: Ahora Nación, 16.92% y muy por encima de PRIN (16.08%), Perú Primero (11.45%) y Progresemos (9.60%), Venceremos demostró que el descontento generalizado que se expresó en los votos en blanco (10.50%) y nulos (6.40%) no fue capturado por la derecha: fue conquistado desde abajo.
📊 II. Los datos del éxito: leerlos como metodología, no como estadística
Los datos revelan primero la centralidad del voto rural y de las provincias altas: Chumbivilcas con 49.85%, Espinar 44.94%, Canchis 39.81%, Acomayo y Canas por encima del 38%. En el corazón de las provincias andinas, donde la pobreza y la exclusión son más duras, la identificación fue total.
El voto urbano, supuestamente cautivo de la derecha, fue conquistado. La izquierda no solo ganó el campo: aprendió a hablarle a la ciudad. Esto contradice la creencia de que la ciudad cusqueña, con su clase media fuerte, conservadora, alimentada por el turismo, el dinero del dólar fácil y los servicios turísticos, es un muro infranqueable. No lo es. Pero no se derrumba con pancartas ni con programas abstractos: se conquista puerta por puerta, como ella hizo.
🥾 III. El método: cuatro años de caminata silenciosa, pausada y sistemática
El triunfo tiene una explicación previa a la campaña: Verónika recorrió durante cuatro años o más su territorio, distrito por distrito. No llegó a dar discursos: llegó a escuchar. Se graduó con la gente, analizó la cultura de cada lugar, se identificó plenamente con las tradiciones, prácticas, cosmovisión, valores y principios andinos.
En cada sitio no solo habló: creó grupos que sostuvieran la práctica de escuchar, formó compañeros que replicaran el método y construyó organización local. El apoyo explícito de Juntos por el Perú y de otros partidos sin candidatos en la zona fue importante, pero vino después: fue la consecuencia de un trabajo ya hecho, no su causa.
Su campaña fue de frente y con alegría: encaró las infamias de la derecha en Cusco y Lima sin temor, con un mensaje positivo y proyectos de gran envergadura, no promesas ligeras. El carisma fue determinante, sí; pero un carisma forjado en la caminata, no fabricado en la pantalla.
✅ IV. Las seis tareas de los Frentes, verificadas por la victoria
- Tocar puertas. Cuatro años de diálogo directo, cara a cara, sin pantallas. La victoria empezó mucho antes de la convocatoria electoral.
- Trabajar lo concreto. Proyectos esperados por años, no grandes temas abstractos. Los problemas de cada provincia —agua, caminos, mercados— fueron el contenido del vínculo.
- Vincular lo local con lo nacional. La cosmovisión andina y los valores del ayllu fueron asumidos como contenido del programa, no como decoración.
- Organizar, no clientelizar. Frente al reparto de quinientos soles y los polos de la derecha, adherir a la gente a su propia organización. El clientelismo moviliza dudas; la organización moviliza conciencia.
- Formar cuadros. En cada distrito hay hoy compañeros que replican el método. La victoria no depende de una sola figura: dejó sembrada una estructura.
- Actuar con constancia. Trabajo silencioso, pausado, sistemático, todos los días, durante años. No campaña de meses: pedagogía de largo aliento.
🏛️ V. La guerra cultural contra el «dólar fácil»
Cusco es una región rica no solo en recursos materiales sino en recurso humano; pero también es el laboratorio del enemigo. El turismo internacional generó una clase media conservadora que vive del servicio al visitante extranjero, que mira a la cultura andina como mercancía folklórica, que teme la movilización popular porque le estorba al negocio, y que es terreno natural del clientelismo derechista. La derecha actúa allí como frente consolidado, con medios, dinero y redes locales.
Verónika ganó incluso en los distritos turísticos de la ciudad porque su palabra tenía años de respaldo caminado, no semanas de publicidad comprada.
🧭 VI. Lo que cada militante debe hacer en su territorio
- Recorrer. Salir del programa abstracto y caminar el territorio, distrito por distrito. Nadie le llega al corazón de la gente desde un escritorio.
- Escuchar y aprender. Conocer los derechos limitados y las esperanzas de cada poblador: lo que cada familia necesita para tener bienestar y futuro.
- Identificarse. Asumir la cultura y el pensamiento propios del lugar sin folklorizarlos. La identificación plena es la condición de la confianza.
- Organizar. Fortalecer juntas de vecinos, comunidades campesinas, comedores y frentes vecinales. Las comunas son la base del poder popular.
- Sintetizar. Traducir lo escuchado en un programa distrital, provincial, departamental y nacional que sea esperanza de liberación, y hacer equipo con la gente para cumplirlo.
La victoria de Cusco no es un episodio más del calendario electoral: es la prueba fehaciente de que el método de la izquierda de sus mejores comienzos —recorrer las casas, escuchar, organizar, barrio por barrio— sigue siendo el único capaz de derrotar a un enemigo que tiene el dinero, los medios y el clientelismo. Lo hemos hecho ya; lo olvidamos; Cusco nos recuerda que hay que volver a empezar.
«Tocar puertas, conversar, organizar: no es solo una estrategia política; es la recuperación de la política misma como conversación entre iguales sobre su destino común.»
Y que se gana.