Manifiesto en Memoria del Sacrificio de Túpac Amaru y Micaela Bastidas, 18 de mayo
Este 18 de mayo, la historia nos convoca a no olvidar, a condenar y a denunciar uno de los crímenes más atroces cometidos por el colonialismo en nuestra tierra andina.
En esta fecha, en 1781, en la Plaza de Armas del Cusco, los invasores españoles perpetraron la más sangrienta y cruel ejecución contra José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru, Micaela Bastidas y sus familiares, en un acto de venganza y escarmiento cuyo único objetivo era perpetuar la opresión y el dominio sobre nuestro pueblo.
El sistema colonial, temeroso del ejemplo de dignidad y rebeldía que encarnaban Túpac Amaru y Micaela Bastidas, no se conformó con asesinar a sus líderes. Los sometió a torturas indecibles, obligando a Túpac Amaru a presenciar la muerte de su esposa, sus hijos y sus compañeros de lucha. Les cortaron la lengua por atreverse a hablar contra el rey, los ahorcaron, los descuartizaron y esparcieron sus restos como advertencia para quienes soñaran con la libertad1. La crueldad fue el mensaje: “el sistema dominante es intocable, y a quien lo cuestione le espera la tortura, la muerte, el exterminio físico y cultural”.
…fracasaron en su intento de apagar la llama de la emancipación…
Pero los verdugos coloniales fracasaron en su intento de apagar la llama de la emancipación. El sacrificio de Túpac Amaru y Micaela Bastidas no fue en vano. Su grito de justicia y libertad, su resistencia frente al terror y la barbarie, se convirtieron en ejemplo y semilla de rebeldía para todos los pueblos sometidos. Su lucha abarcó a indígenas, afrodescendientes y mestizos, y proclamó la abolición de la esclavitud, la dignidad y la vida plena para todos los oprimidos.
…El sacrificio de Túpac Amaru y Micaela Bastidas es el cimiento de nuestra resistencia…
Hoy, su memoria nos exige mantener viva la llama anticolonial. Nos llama a no claudicar ante las injusticias, a no resignarnos frente a la opresión, a rescatar su presencia en cada rincón del país y a hacer ondear siempre la bandera de la emancipación. El sacrificio de Túpac Amaru y Micaela Bastidas es el cimiento de nuestra resistencia y la raíz de nuestra esperanza. Nos enseñaron que el miedo no debe detenernos, que la dignidad no se negocia y que la libertad se conquista con coraje y unidad.
Denunciamos, una vez más, la barbarie colonial que buscó exterminar no solo a los cuerpos, sino también a la memoria, la cultura y la dignidad de los pueblos andinos. Denunciamos el sistema que, ayer y hoy, reprime y criminaliza la rebeldía de quienes exigen justicia y respeto. Y afirmamos, con la fuerza de la historia y el ejemplo de nuestros mártires, que la lucha continúa, que la resistencia florece y que la emancipación es un derecho irrenunciable.
¡Que la memoria de Túpac Amaru, de Micaela Bastidas y de todos los caídos por la causa anticolonial ilumine nuestro camino!
¡Que su sacrificio inspire a las nuevas generaciones a no rendirse jamás!
¡Que su ejemplo viva para siempre en la conciencia de nuestro pueblo y en la lucha por la justicia y la libertad!
La violencia colonial no terminó en 1781. Sigue presente en las políticas extractivistas, en la discriminación y en la precariedad social
¡Nunca más un país sin memoria, nunca más un pueblo sin dignidad!
