NdR:
Estados Unidos pierde influencia en América Latina aceleradamente. Las políticas unilaterales y coercitivas han generado rechazo incluso en aliados liberales históricos:
Deportaciones masivas con uso de aviones militares y tratos inhumanos (como trasladar migrantes engrilletados),
Criminalización mediática: Divulgación de imágenes de migrantes asociados a delitos graves sin contexto, alimentando estereotipos racistas,
Imposición de aranceles recíprocos del 10% a productos latinoamericanos (ejemplo: salmón chileno, soja brasileña), incluso a países con tratados comerciales vigentes.
Apoyo a golpes de Estado y desestabilización, como el intento contra Venezuela usando a Colombia y la OTAN,
Presión para aislar a Cuba y Venezuela, incluyendo sanciones a países que cooperan con misiones médicas cubanas (ejemplo: Barbados),
Revitalización de la Doctrina Monroe mediante intentos de expulsar a China de la región, ignorando su creciente inversión en infraestructura y comercio,
Amenazas económicas a países que rechazan deportaciones o políticas estadounidenses, como imponer aranceles a Guatemala y El Salvador. Todo ello reflejo de una mentalidad neocolonial.
Un rosario de acciones que ha provocado que tome fuerza el abandono del dólar y la intensificación del intercambio comercial así como la unidad regional contra medidas de EE.UU.
En CELAC 2025, países progresistas firmaron la Declaración de Tegucigalpa (Ver: https://grupoemancipador.com/acuerdos-celac-y-china/) rechazando sanciones unilaterales y aranceles, mientras gobiernos de derecha (Argentina, Perú, Ecuador) boicotearon el evento.
Por su parte Lula da Silva lidera iniciativas para fortalecer el MERCOSUR y reducir la dependencia del dólar.
Crece la resistencia al imperio: Rechazo panameño a la militarización del Canal por parte del secretario de Defensa Pete Hegseth (protestas masivas en abril de 2025).
Oposición al uso de bases colombianas para operaciones contra Venezuela y mayor cooperación médica cubana, respaldada por países como Barbados pese a sanciones estadounidenses.
Hay un cambio político generacional y ascenso de la izquierda mientras EEUU pierde aliados estratégicos de EEUU como Surinam, Barbados y México países que muestran mayor autonomía en política exterior.
EE.UU. sigue utilizando mecanismos de interferencia como: Financiamiento a partidos opositores. presión sobre medios locales para criminalizar a gobiernos; uso de la OEA para legitimar golpes de Estado o sanciones selectivas. Esto ha generado un profundo malestar entre los gobiernos alineados con EE.UU. que muestran incomodidad o distancia ante estas actitudes.
La arrogancia imperial de Washington, el racismo institucional, las sanciones, el unilateralismo y el desprecio a la soberanía están provocando una ruptura progresiva con América Latina.
Mientras tanto, emergen nuevas alianzas regionales, más cercanas a China, más favorables al multilateralismo y más comprometidas con una integración basada en el respeto mutuo, lo que debilita profundamente la influencia tradicional de EE.UU. en su antiguo “patio trasero”.
Vea la exposicion de Xi Jinping en el evento CELAC – CHINA
Recomendamos leer el articulo siguiente de Aram Aharonian, Investigador y periodista
Como EEUU va perdiendo influencia en centro y sur america.
Aram Aharonian
La indignación y la resistencia ante las políticas de intimidación del régimen de Donald Trump de deportaciones masivas y las represalias económicas que afectan a Latinoamérica, aunque los grandes medios hegemónicos de comunicación traten de ocultarlo o maquillarlo
Tres temas alimentan la resistencia contra Trump en América Latina: los aranceles, las deportaciones y la política de exclusión promovida por Washington, que abarca el aislamiento de Cuba y Venezuela y también la retórica y las acciones destinadas a expulsar a China del continente, en una encarnizada campaña que invoca la vetusta Doctrina Monroe, y choca con la realidad de la expansión de China en el continente.
La indignación provocada por las declaraciones incendiarias de Trump sobre el Canal de Panamá y el Golfo de México y su política de deportaciones masivas y de aranceles, fortalecen a las fuerzas progresistas latinoamericanas en detrimento de la derecha.
Hay quienes sostienen que el sentimiento antiestadounidense está reviviendo en América Latina por el desconocimiento de la autonomía e independencia de los países de región a través de la imposición de las duras medidas, dejando en el camino cualquier interés en cooperar con Washington o establecer objetivos comunes. Trump realmente cree que América Latina es el patio trasero de EEUU.
La polarización que enfrenta a los gobiernos progresistas, partidarios de la integración latinoamericana, y a aquellos de derecha, alineados con Washington mediante acuerdos bilaterales de libre comercio, quedó patente en la cumbre de la CELAC celebrada en Honduras en abril.
Los presidentes de ultraderecha de Argentina, Paraguay, Perú y Ecuador brillaron por su ausencia, mientras que sus homólogos del espectro participaron activamente. Los cuatro se reunieron por separado en Asunción para rechazar la postura unificada de la CELAC en materia arancelaria.
Sus respectivos representantes en la cumbre se negaron a firmar el documento final, denominado “Declaración de Tegucigalpa”, en el que se expresaba el rechazo a las sanciones internacionales unilaterales y a los aranceles impuestos por Donald Trump.
Especialmente significativa fue la insistencia de Lula en que los países de la región se desvinculen del dólar mediante el comercio en monedas locales. En una clara alusión a Trump Lula afirmó: “Cuanto más unidas estén nuestras economías, más protegidos estaremos frente a acciones unilaterales”. Aún más explícita fue la anfitriona de la cumbre, Xiomara Castro de Zelaya, quien declaró: “No podemos salir de esta asamblea histórica… sin debatir el nuevo orden económico que Estados Unidos nos está imponiendo con aranceles y políticas migratorias”.
Las políticas de Trump han intensificado la extrema polarización en América Latina, desplazando a la centro-derecha tradicional y dando paso a una ultraderecha cada vez más influyente, bien financiada desde el Norte y con gran apoyo mediático, al mismo tiempo que la izquierda ha ganado terreno en algunos países.
En Venezuela, la deportación de 238 venezolanos desde EEUU a una cárcel abarrotada en El Salvador, y de otros a Guantánamo, provocó indignación entre todos los venezolanos.
Según la revista The New Yorker, una red de abogados denunció que cientos de migrantes venezolanos deportados fueron convertidos en fantasmas legales, ya que sus nombres no aparecen en registros oficiales ni sus casos pudieron ser defendidos adecuadamente en tribunales de inmigración, mientras funcionarios del gobierno colocaron afuera de la Casa Blanca carteles con los rostros de migrantes que han sido detenidos por las autoridades migratorias.
Los carteles muestran a migrantes arrestados por asesinato en primer grado, abuso sexual de un niño, secuestro y violación, asesinato, pedofilia y distribución de fentanilo, y describen a los detenidos como extranjeros ilegales, aunque sus nombres y estatus legales precisos no están incluidos.
El tema de las deportaciones y el racismo es un ejemplo más de cómo las políticas de Trump debilitan – aunque sea de forma involuntaria – a la derecha latinoamericana y, en consecuencia, terminan favoreciendo a la izquierda.
La Casa Blanca publicó en su cuenta de X una imagen de Trump personificado como Papa, que él mismo había subido previamente a su red Truth Social, indemne al luto de los católicos, entre ellos millones de latinoamericanos. “Me gustaría ser Papa; esa es mi opción número 1, respondió el magnate cuando periodistas le preguntaron sobre la sucesión del fallecido Francisco. Añadió que tenía un cardenal favorito y es de Nueva York, en referencia al conservador Timothy Dolan, a quien citó de manera expresa.
La oposición a las políticas de Trump en América Latina adopta múltiples formas. En algunos países, como es el caso de México, se ha forjado un frente común en torno al tema de los aranceles, que incluye a empresarios destacados y a algunos líderes de la oposición.
El repertorio de resistencia interna en más de mil ciudades de Estados Unidos, también incluye movilizaciones callejeras en Latinoamérica. El 12 de abril ciudadanos panameños salieron a las calles en rechazo a la visita del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, quien insiste en apropiarse del Canal.
Y se van sucediendo repudios. La primera ministra de Barbados, Mia Mottley, agradeció la labor del personal médico internacional cubano por su asistencia durante la pandemia de COVID-19. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, anunció sanciones contra funcionarios del gobierno barbadense y sus familiares por su presunta complicidad en la promoción de las misiones médicas cubanas.
Asimismo, Washington amenazó con imponer restricciones comerciales a los países que colaboren con dichas misiones. Mottley afirmó que no cederá en su defensa de la cooperación médica cubana y agregó: “Si el costo de ello es perder mi visa para ingresar a Estados Unidos, que así sea. Lo que nos importa son los principios.”
Otra sorpresa para Trump llegó el 10 de marzo, cuando el canciller surinamés Albert Ramdin fue elegido secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) tras la retirada de su único contendiente, el canciller paraguayo Rubén Ramírez, – quien había prometido impulsar un “cambio de régimen” en Venezuela, Cuba y Nicaragua- para sustituir al repudiado uruguayo Luis Almagro.
Los principales medios de comunicación repitieron la afirmación del enviado de la Casa Blanca para América Latina, Mauricio Claver-Carone, quien aseguró que “el secretario general de la OEA será un aliado de Estados Unidos” y afirmó que “el gobierno surinamés de Ramdin va por el camino correcto en lo económico… está atrayendo inversiones extranjeras que no provienen de China”.
Albert Ramdin fue elegido secretario General de la OEA. Fuera Luis Almagro
Claver-Carone estaba mal informado o intentando la desinformación: Ramdin se opone a las sanciones impuestas por Washington y defiende el diálogo con el gobierno venezolano. Muy distinto a Ramírez.
El activismo internacional de Lula tiene como objetivo promover una respuesta multilateral frente a la ofensiva arancelaria de Trump. A fines de marzo, viajó a Japón para recabar respaldo a un acuerdo aduanero propuesto entre ese país y el bloque del MERCOSUR, conformado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.
El enfoque colectivo que proponen los gobiernos progresistas de América Latina frente a los aranceles excesivos contrasta con los acuerdos bilaterales impulsados por Estados Unidos en la región desde 2005, cuando los presidentes progresistas latinoamericanos, asestaron un golpe letal al multilateralismo estilo estadounidense, el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), para disgusto del presidente George W. Bush.
*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)