Las transformaciones economicus, sociales y politicos coloniales que aun subsisten en la Republica actual. Las claras huellas que aun ahogan el país las describe Pilar Roca en este articulo
Escribe: Pilar Roca, Pilar Roca productora cinematográfica con rodajes en los andes peruanos, investigadora y ensayista peruana del mundo andino. Libros principales relacionados: Pachacuteq y Holocausto andino

La colonización: el cambio del régimen agrario por el minero-exportador
La colonización también fue una transformación de la conciencia
En el artículo anterior mencionamos dos elementos esenciales de la colonización: fomentar la baja autoestima y el complejo de inferioridad.
Para ello, los colonizadores trabajaron dos tesis: la supuesta inferioridad de los pobladores habitantes de Abya Yala y el supuesto derecho de los hombres superiores, identificados como europeos, de realizar la conquista, el despojo y el asesinato.
Álvarez de Toledo: la reorganización del territorio
La colonización y los trabajos que hicieron los peninsulares para que aceptemos nuestra condición de colonos nos lleva necesariamente a señalar las tesis del V Virrey Francisco Álvarez de Toledo, conocido por nuestros historiadores hispánicos como el Solón peruano.
Francisco Álvarez de Toledo
V Virrey del Perú, cuyo gobierno se desarrolló entre 1569 y 1581.
Según el artículo, se propuso destruir el sistema tawantinsuyano, atacando su estructura sociopolítica y económica.
Las reducciones: desarraigar y controlar
Mediante ordenanzas se destruyó la estructura social y el sistema económico y político del territorio de los cuatro suyos.
Por un lado, se obligó a los miembros de ayllus y panakas a abandonar las tierras que habitaban y trasladarse, con sus pertenencias, a otros lugares denominados reducciones de indios.
El artículo caracteriza estos espacios como guetos, debido a las restricciones existentes sobre la movilidad de sus pobladores.
Asimismo, estaban bajo la administración o tutela de un clérigo, quien se encargaba de evangelizar, cobrar impuestos, mantener el orden y fiscalizar al reducido.
Del territorio comunitario a la propiedad privada
Aparte de lograr el desarraigo, el Virrey oficializó el sistema de propiedad estableciendo en forma absoluta el sistema privado para encomenderos, corregidores y otras autoridades castellanas y españolas.
Los miembros de los ayllus se vieron despojados de sus tierras. Si bien en el Tawantinsuyo no existió la propiedad privada, sí se consideraba el bien en calidad de posesión administrativa de por vida.
Según el artículo, cada individuo del ayllu, entendido como familia extensa, tenía derecho desde su nacimiento hasta el fin de sus días a terrenos de medio topo, un topo o topo y medio, según fuera hombre o mujer y de acuerdo con la productividad de la tierra de sembrío.
Las familias, es decir, los ayllus, se encontraron ante la obligación de abandonar su querencia. Las ordenanzas establecían un plazo de dos años.
Evangelización y control de las reducciones
A la reducción solo podía ingresar el cura que ejercía el control. De vez en cuando se permitía la concurrencia de un comerciante, pero por poco tiempo y siempre que se alojara en la casa cural.
Los peninsulares justificaban las reducciones argumentando que permitían brindar a los indígenas la “verdadera religión” y evangelizarlos en torno al único dios verdadero.
El sometimiento de la nobleza incásica
La estructura social también fue objeto de cambios. El V Virrey dictó una serie de normas reconociendo una nobleza incásica.
Para ello, antepuso la condición de ser bautizado y confesar el sometimiento a la voluntad del monarca castellano.
El legislador virreinal reconoció solo doce Panacas (Casas reales), con dos delegados o electores cada una.
Es decir, 24 autoridades que reunidas elegían un alférez para que representara al Inca cuando la autoridad castellana lo considerara conveniente.
El control político y la ruptura de las tradiciones
Álvarez de Toledo liquidó el sistema tradicional de elección del nuevo Inca, propuesto por mujeres, e incluso, en el afán de controlar la organización política, prohibió y penalizó el culto a los malquis, las momias de los incas que custodiaban sus familiares.
El gran giro económico: del régimen agrario al minero-exportador
En cuanto a la estructura económica, el artículo sostiene que se dejó de lado el sistema agrario y se dio impulso al minero-exportador.
Se instauró lo que el texto denomina regímenes esclavistas dentro de los sectores minero, agrario e industrial, particularmente textil.
Si bien Toledo estableció la necesidad de un pago por el trabajo, en la práctica, según el artículo, no se veló por su efectividad ni porque existiera un justiprecio del trabajo realizado.
La deuda y el trabajo forzado
Los comuneros, debido a deudas de mantenimiento con el patrón, se veían obligados a abandonar sus reducciones e ir a trabajar en minas, obrajes o campos.
Según el artículo, permanecían en ellos encadenados o amarrados hasta fenecer.
Los castellanos y posteriormente los españoles trastocaron nuestra economía al cambiar fundamentalmente el régimen agrario colectivista por uno individualista de carácter minero-exportador.
La explotación de la fuerza de trabajo
Los obreros, identificados en el artículo como pobladores nativos, además de extorsionados fueron explotados por los propietarios de minas, fábricas, estancias y haciendas.
Estos propietarios se aprovecharon de una mano de obra que el artículo caracteriza como esclava, debido a la imposibilidad de los trabajadores de honrar sus deudas.
El texto señala que los emolumentos recibidos siempre eran menores que la acreencia contraída por concepto de alimentación.
La Mita
Toledo llamó a este sistema de trabajo la Mita.
¿Cuánto cambió realmente esta estructura?
El artículo concluye que desde el siglo XV los habitantes del territorio fueron convertidos en exportadores de materias primas.
Asimismo, plantea que la situación laboral de los andinos y la estructura socioeconómica de la propiedad, en su esencia, casi no ha cambiado en el país llamado Perú.
Una pregunta que permanece abierta
La historia presentada plantea una interrogante que trasciende el período colonial:
¿Hasta qué punto las estructuras económicas, laborales y territoriales instauradas durante la colonización continúan condicionando la realidad del Perú?
Comprender este proceso histórico permite abrir el debate sobre la relación entre tierra, trabajo, propiedad, producción y exportación de materias primas en el Perú.
