Una reflexión desde la izquierda de Chile

Incluimos los aportes de Daniel Jadue, arquitecto, sociólogo y político chileno de ascendencia palestina. Miembro del Partido Comunista de Chile. Ex-alcalde de la comuna de la Recoleta.
Participación en el evento de ICAL, Utopías para nuestro tiempo: PODER POPULAR, EMANCIPACIÓN Y SOCIALISMO DESDE AMÉRICA LATINA organizado por el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz en Chile, 22 julio 2026. Se adjunta un interesante video del debate final con dirigentes sociales sobre el tema.
Autocrítica de la Izquierda
Lecciones de Recabarren, Mariátegui, Rosa Luxemburgo, Lenin y Fanon para entender por qué la izquierda pierde ante la derecha y qué debe corregirse.
I. El problema de fondo: la comodidad infértil
1.1. La pérdida del espíritu crítico interno
La izquierda se ha acostumbrado a una comodidad infértil donde quienes ponen la voz crítica interna son tratados de «monos», «incómodos» o «gente demasiado conflictiva». Se filtran chats, se expulsa la discrepancia, y la organización se vuelve una cámara de eco que reproduce las jerarquías que dice combatir.
«La libertad es siempre libertad para el que piensa distinto; la libertad para los que piensan igual no es libertad.»
1.2. El desprecio al pueblo que se dice representar
Se trata de «fachos pobres» o «pobres de derecha» a quienes la izquierda no ha sido capaz de convencer, echándoles la culpa de su propio fracaso de persuasión. Se les insulta («disfruten lo votado») en lugar de disputar su conciencia.
Escribía para los mineros del salitre «en el idioma en que lo viven, sin infantilizarlos, pero tampoco sin maltratarlos».
Esto no es populismo, es respeto. No se empuja al pueblo hacia la ultraderecha insultándolo; se lo disputa con honestidad y presencia territorial.
II. El sujeto de la transformación
2.1. El sujeto abstracto vs. el sujeto histórico y corporal
Muchos creen que «en las instituciones se hace la transformación», olvidando que el sujeto de la transformación tiene historia, cuerpo y posición específica en las relaciones de producción y coloniales.
«La revolución se hace con la clase y sin la clase no hay revolución.»— ¿Qué hacer?
En los Siete Ensayos, demostró que el problema indígena «no es étnico ni moral, es fundamentalmente económico y social», pero al mismo tiempo que ninguna solución puramente económica resuelve lo que el colonialismo produjo en la subjetividad.
La descolonización no es solo política y económica, es una «reconstrucción de la subjetividad del colonizado». El colonialismo roba la imagen que el colonizado tiene de sí mismo, su lenguaje, su deseo y su cuerpo.
Dejar de buscar un sujeto obrero industrial abstracto y reconocer que el sujeto actual incluye a mujeres con trabajo reproductivo invisible, pueblos originarios, migrantes sin derechos plenos, y jóvenes que salen a las calles sin partido pero con rabia justificada.
2.2. El abandono territorial
La izquierda se ha convertido en una «élite intelectual que algunas veces se porta como si fuera de izquierda» pero desprecia al pueblo real.
«Para ustedes el sujeto es el obrero industrial porque ustedes tienen industria. Nosotros no tenemos, ¿qué hacemos entonces?»— Los condenados de la tierra
Recuperar el trabajo territorial como condición de cualquier otra cosa. El militante debe estar en el barrio los 4 años entre elecciones, conocer a los vecinos por nombre, resolver problemas concretos antes de proponer soluciones estructurales.
III. Organización y democracia
3.1. La burocratización de la izquierda
La izquierda concentra el conocimiento político exclusivamente en su dirección y reproduce internamente las jerarquías que promete eliminar externamente.
En El Estado y la Revolución demostró que el Estado no es árbitro neutral sino instrumento de clase. En ¿Qué hacer? argumentó que la conciencia política no surge espontáneamente de la experiencia económica, sino que debe construirse deliberadamente. Ambos argumentos siguen siendo correctos.
«La espontaneidad sin organización se disipa, pero la organización sin espontaneidad se burocratiza.»— Huelga de masas, partido y sindicato
La tensión Lenin-Rosa no se resuelve eligiendo a uno, sino habitándola como «tensión constitutiva de cualquier proyecto de transformación serio». La izquierda que no practica internamente la democracia que proclama externamente, no puede construirla cuando llega al poder porque no sabe cómo funciona.
3.2. El abandono del territorio al llegar al gobierno
«Nos burocratizamos cuando llegamos al gobierno y abandonamos los territorios para administrar el Estado.»
No hay atajo electoral. La reconexión con la base social perdida solo se logra con presencia permanente en los territorios, no solo en campaña.
IV. Cultura, conciencia y batalla hegemónica
4.1. La derrota cultural ante la derecha
La izquierda ha perdido la batalla cultural frente a una «derecha cifrante que habla el lenguaje de las emociones», mientras la izquierda habla un «lenguaje económico perfecto, el lenguaje del Banco Mundial, del Fondo Monetario, de los programas».
Fundó periódicos, organizó teatro obrero, promovió educación popular porque sabía que «no hay organización política duradera sin trabajo cultural previo». La conciencia de clase «no se decreta, se construye en conversaciones largas».
El «mito revolucionario» (entendido no como ilusión sino como fuerza movilizadora) es condición de la transformación tan importante como el análisis económico. Sin componente emocional y cultural, el programa más correcto no mueve a nadie.
La cultura nacional de los pueblos colonizados no es adorno identitario, sino «condición de la descolonización». Recuperar la propia historia, lengua y relación con el territorio es un acto político.
La batalla cultural no es lo que se hace «cuando no se tiene poder», es lo que se hace siempre. No se construye en 240 caracteres de Twitter ni en WhatsApp, sino en espacios de encuentro real.
4.2. La izquierda que habla el lenguaje del amo
«La izquierda que habla el lenguaje del amo, que pide permiso para existir, que traduce sus propuestas al idioma del neoliberalismo para parecer responsable, ya ha perdido mucho antes de ganar, incluso cuando gana pierde.»
Dejar de hablar de «gobernanza», «responsabilidad fiscal», «diálogo social» y «política de los consensos» como eufemismos que asustan menos pero convencen a nadie.
V. Las cuatro demandas de las tradiciones
5.1. Honestidad intelectual y autocrítica
Lenin reconoció que el aparato burocrático soviético reproducía las patologías que prometía eliminar. Rosa anticipó las deformaciones del socialismo real. Fanón advirtió que las burguesías nacionales tendían a reproducir las estructuras coloniales con nueva bandera.
«La izquierda que no puede criticarse a sí misma pierde la credibilidad que necesita para convencer a quienes todavía no la acompañan.»
5.2. Ampliar el sujeto sin abandonar la contradicción central
Seguir hablando solo al sujeto obrero masculino industrial de un país que ya no existe.
Incorporar a mujeres, pueblos originarios, migrantes, jóvenes de la revuelta social. Esto no diluye el proyecto socialista, «lo hace más verdadero».
5.3. Recuperar el trabajo territorial
El militante territorial es «el único instrumento real de reconexión con la base social que perdimos».
5.4. Tener el coraje de proponer un horizonte
Se habla de «transformaciones progresivas», «reformas estructurales que terminan fortaleciendo la AFP», «cambios profundos que no cambian nada».
Recabarren hablaba del socialismo sin disculparse. Mariátegui del socialismo indoamericano sin copiar modelos ajenos. Lenin de la destrucción del Estado burgués sin eufemismos. Rosa de «socialismo o barbarie». Fanón de la descolonización total sin negociar a mitad de camino.
El «socialismo democrático del siglo XXI» no necesita esconderse detrás de sus adjetivos. Necesita decir con claridad «qué mundo propone y por qué ese mundo es mejor que este».
VI. Diagnóstico: por qué la izquierda pierde ante la derecha
VII. Concepciones a abandonar y a recuperar
❌ Concepciones a abandonar
- Que la transformación se hace solo desde las instituciones.
- Que el sujeto revolucionario es solo el obrero industrial masculino del siglo XX.
- Que la cultura y lo emocional son secundarios respecto a la contradicción capital-trabajo.
- Que la organización debe resolver la tensión entre dirección y base a favor de la dirección centralizada.
- Que hay que hablar el idioma del neoliberalismo para parecer «responsables» y gobernables.
- Que la autocrítica es debilidad.
- Que el territorio es solo para campaña electoral.
✅ Concepciones a recuperar
- La libertad como libertad del disidente (Rosa).
- El trabajo cultural previo y permanente (Recabarren).
- La clase y la colonialidad como dimensiones que se condicionan mutuamente (Mariátegui).
- La reconstrucción de la subjetividad como parte de la transformación (Fanon).
- La tensión productiva entre organización y espontaneidad (Lenin / Rosa).
- El coraje de nombrar el horizonte socialista sin eufemismos (toda la tradición).
- El respeto al pueblo como condición, no como populismo (Recabarren).