Una vieja practica fascista ejecuta hoy por Trump y copiada por sus aliados OTANISTAS de la derecha continental, Keiko incluida

Guía para resistir la manipulación de la conciencia y el odio sembrado
Cómo nos inducen a descalificar —e incluso a odiar— políticamente, y cómo evitar contagiarnos.
Gobernar sembrando descalificaciones y odio por interés político no es nuevo. Es una de las metodologías más antiguas del poder autoritario. No consiste en convencer con ideas ni en resolver problemas reales. Consiste en señalar a un enemigo interno o externo, convertirlo en culpable de todo y lograr que la gente deje de pensar y empiece a odiar.
Funciona porque descalificar y odiar es más fácil que analizar. Une rápidamente, simplifica el mundo en buenos contra malos, ofrece una explicación sencilla para problemas complejos y evita cualquier discusión seria sobre lo que realmente ocurre. Basta escuchar a Trump o a dirigentes similares.
1. ¿Cuál es la secuencia autoritaria? Siempre se repite en tres pasos
El líder apunta con el dedo en público
Dice: «Ellos son el problema». No discute ideas: descalifica a las personas. Las llama malas, “terrucas”, enemigas del país o traidoras a la patria. Lo hace contra opositores, periodistas, jueces, activistas, pueblos o cualquier persona que piense diferente.
Repite la etiqueta hasta convertirla en una supuesta verdad
La etiqueta se repite todos los días en discursos y redes. Con la ayuda de medios que la reproducen sin cuestionarla, termina pareciendo verdadera. Ya no se habla de personas con ideas diferentes: ahora se habla del “enemigo”.
Cuando el otro deja de ser considerado humano, todo se permite
Una vez que la población acepta que un grupo es malo y peligroso, cualquier medida parece justificable: encarcelarlo, quitarle derechos o silenciarlo. Primero viene la palabra; después, la acción.
2. Esto no es nuevo: es lo que hacía el fascismo
El nazismo no empezó con los campos de exterminio. Empezó con palabras. Durante años señaló a migrantes, judíos, comunistas, gitanos, homosexuales y personas con discapacidad como culpables de todos los males de Alemania. Los deshumanizó en la prensa, la radio, los discursos y los carteles. Les quitó la condición de personas antes de quitarles los derechos y la vida.
Durante la Guerra Fría, Estados Unidos hizo algo similar con la etiqueta de “comunista”. La era de McCarthy —cuya lógica hoy reaparece— convirtió al comunista, o a cualquiera que se le pareciera, en un monstruo sin rostro. Toda propuesta de justicia social, reforma agraria, sindicalización o educación pública podía ser presentada como comunismo. Todo comunista, rebelde u opositor era mostrado como un peligro que debía eliminarse. Con esa lógica se justificaron golpes de Estado, dictaduras militares, desapariciones y masacres en distintas partes del mundo. Recordemos el Plan Cóndor y observemos sus nuevas versiones.
3. Cómo se reproduce este modelo en América Latina
Hoy este modelo se reproduce en América Latina, especialmente desde sectores de derecha y ultraderecha vinculados con los nuevos aliados de Trump, entre los que se encuentran Keiko Fujimori, Kast, Bukele y Milei, entre otros. Estados Unidos los presenta como un “escudo de la democracia” favorable a la OTAN. Afirman defender la libertad, la propiedad y la familia, mientras señalan como enemigo a cualquiera que piense de manera diferente.
Si protestas por tu tierra, eres “terruco”; si defiendes los derechos humanos, eres izquierdista; si eres comunero andino, eres “terruco”; si eres activista ambiental, eres peligroso. Con esa palabra se pretende justificar el abuso.
Buscan evitar una democracia plena. No quieren una democracia donde todos participen organizadamente; donde las comunidades indígenas y originarias, los campesinos andinos, los trabajadores y los jóvenes sean protagonistas y decidan su futuro. Quieren una democracia “protegida”, limitada y tutelada, donde determinados sectores nunca lleguen al poder, aunque obtengan los votos.
4. ¿Para qué sirve esta guía? El odio y la descalificación actúan como un virus
Sembrar el odio o ningunear al otro funciona como un virus. Se contagia sin que nos demos cuenta. Lo inoculan mediante la televisión, los titulares, los grupos de WhatsApp o los discursos que aparentan defendernos. Cuando ya está dentro, comenzamos a repetirlo sin advertirlo. Terminamos descalificando políticamente por orden de otro que busca conservar su dominación.
Por eso esta guía no es para pelear mejor. Es para no contagiarnos.
Reconocer
Aprender a identificar la secuencia. Cuando veas que señalan, condenan mediante etiquetas y luego justifican la violencia, pregúntate: ¿estamos ante el paso 1, 2 o 3? Ponerle nombre al mecanismo le quita poder.
Desactivar
No repetir etiquetas deshumanizantes. No compartir el video que se burla, el meme que humilla ni el rumor que condena sin pruebas. Cada vez que lo compartes, pasas a formar parte de la cadena.
Resistir sin caer en el mismo odio
No responder deshumanizando al otro lado. Criticar ideas, denunciar abusos y exigir justicia, sí; pero sin convertir a la otra persona en un monstruo. Si lo hacemos, ellos ya ganaron: triunfa la lógica autoritaria.
«No se trata de defender a un político o a un país. Se trata de defender nuestra capacidad de pensar y de no odiar por orden de otro».
Cuando nos hacen odiar entre nosotros, ellos ganan.
La tarea es no darles ese gusto.
COMO ACTUAR ANTE ESTA AMENAZA REAL , DIARIA Y PRESISTENTE

Manual de Resistencia Mental
Para hacer frente a esta maquinaria de deshumanización y dominio, diversos pensadores, filósofos y activistas de la tradición descolonial y crítica (como Hannah Arendt, Paulo Freire, Frantz Fanon, Boaventura de Sousa Santos y Silvia Rivera Cusicanqui) han propuesto métodos de resistencia.
Ellos coinciden en que el colonialismo y el capitalismo necesitan que te sientas aislado, miserable y lleno de odio hacia tu vecino para poder dominarte. La derecha autoritaria copia estos métodos para convertirte en un engranaje de su máquina.
Aquí tienes una propuesta para proteger tu identidad, tu libertad mental y recuperar tu soberanía:
🛡️ 1. Re-humanización Radical
La derecha te enseña a ver al otro como un enemigo, una plaga o un parásito. La resistencia comienza cuando te niegas a quitarle la humanidad a alguien.
- Acción Individual: Cuando un político o un algoritmo use un término despectivo para describir a un grupo de personas, detente y haz un esfuerzo consciente por imaginar la historia personal de ese «enemigo». Recuerda que es un ser humano con miedos, una familia y necesidades, igual que tú.
- Práctica Colectiva: Fomenta la pedagogía de la escucha. En tus espacios (trabajo, barrio, escuela), crea círculos donde la gente pueda contar su historia. Cuando escuchas la vulnerabilidad del otro, la propaganda que lo demoniza pierde su poder. Como decía Paulo Freire, nadie libera a nadie ni nadie se libera solo; nos liberamos en comunidad.
📱 2. Desintoxicación Algorítmica
Las redes sociales están diseñadas para intoxicarte de indignación, aislarte en burbujas y apagar tu pensamiento crítico. El autoritarismo necesita que reacciones con odio y miedo, no con reflexión.
- Acción Individual: Practica la «higiene digital». Deja de consumir contenido en el momento en que notes que tu cuerpo se tensa o sientas un impulso de agresión. Desactiva las notificaciones de noticias. Pregúntate siempre: ¿Esto me genera odio? ¿Estoy siendo manipulado?
- Práctica Colectiva: Propón espacios «desconectados». Cenas, reuniones de barrio o caminatas donde el objetivo sea debatir y pensar juntos sin pantallas. Recupera el humor y la conversación cara a cara; la dictadura del algoritmo no puede controlar lo que se susurra en la confianza de la comunidad.
🤝 3. Reconstruir el Tejido Comunitario
El sistema te quiere «individuo aislado conectado digitalmente», porque el individuo solo es débil, asustado y fácilmente manipulable. La masa aislada obedece al líder; la comunidad organizada se cuida a sí misma.
- Acción Individual: Reconecta con instituciones mediadoras reales. Únete a un club de barrio, una asociación de padres, un colectivo cultural, un sindicato o una junta vecinal.
- Práctica Colectiva: Practica la mutualidad y la ayuda mutua. El capitalismo te hace creer que necesitas dinero para todo; la comunidad descolonial te enseña que el trueque, el cuidado mutuo y la organización territorial te hacen soberano. Cuando tu vecino pasa hambre, lo alimentas; cuando hay un problema, lo debaten en asamblea. Ahí nace el verdadero poder popular.
🧠 4. Pedagogía de la Pregunta
Los discursos de odio y la extrema derecha operan con verdades absolutas y cerradas: «El otro es el mal», «La solución es exterminarlos». No admiten matices.
- Acción Individual: Cultiva la duda crítica. Cuando escuches a un líder dar soluciones simples a problemas complejos, hazte preguntas: ¿Quién se beneficia de que yo odie a este grupo? ¿Es realmente este inmigrante/periodista el causante de mi pobreza, o es el sistema económico?
- Práctica Colectiva: En tus espacios de organización, prohíbe los insultos y los dogmas. Exige que las afirmaciones se respalden con datos y empatía. Aprende a debatir para construir, no para destruir al contrario. Debemos aprender a convivir valorando los saberes de los oprimidos y no solo la «verdad» impuesta por los que dominan.
🌿 5. Reafirmación de la Identidad
El colonialismo y la derecha extractivista te hacen odiar tus raíces o usarlas para agredir a otros. Te dicen que tu cultura es inferior o que debes defenderla atacando al extranjero.
- Acción Individual: Estudia tu historia real, no la que cuentan los monopolios de medios. Lee a ensayistas locales, conoce la historia de la resistencia indígena, obrera y afrodescendiente en tu país. Conocer tu pasado te da armadura contra el lavado de cerebro del presente.
- Práctica Colectiva: Celebrar y practicar tu cultura es un acto de resistencia política. Cocinar juntos los alimentos de la región, hablar la lengua originaria, hacer minga (trabajo comunitario), bailar, hacer música y cuidar el territorio. La identidad no se defiende odiando al de afuera, se fortalece amando y practicando lo propio.
🛡️ El Kit de Autodefensa Mental
- 1. No odies por encargo: Si un líder te señala a un enemigo, desconfía. El verdugo siempre culpa a la víctima.
- 2. Desconéctate para conectar: Apaga el teléfono y ve a la calle a hablar con tus vecinos.
- 3. Recupera tu cuerpo y tu territorio: El sistema te quiere asustado y encerrado. Sal, camina, ocupa el espacio público, siembra, organiza.
- 4. Cultiva la ternura militante: Frente a la crueldad que se vuelve entretenimiento, responde con una empatía activa y militante. Protege a los más vulnerables, porque el grado de civilización de un pueblo se mide por cómo trata a quienes no tienen poder.