De como los Bancos tienen sobre-ganancias a costa de sus depositantes

Equipo de análisis del Grupo Emancipador
Lo que el ahorrista peruano regala y el deudor peruano paga: radiografía de una asimetría tolerada por el Estado
El punto de partida: un sistema que capta barato y presta carísimo
A diciembre de 2025, el sistema financiero peruano administraba S/ 477 140 millones en depósitos del público, según el reporte «Evolución del Sistema Financiero» de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS). De ese total, aproximadamente S/ 319 700 millones, cerca de dos tercios, estaban en cuentas de ahorro y cuentas a la vista, es decir, en el tipo de depósito que típicamente se remunera con tasas cercanas a cero o apenas simbólicas.
Con ese mismo dinero, la banca colocó créditos por S/ 444 244 millones. Y ahí aparece la primera cifra que exige explicación: la tasa de interés promedio que cobraron las empresas de operaciones múltiples por créditos de consumo en moneda nacional fue de 61,44% anual a diciembre de 2025 (60,15% doce meses antes). En microempresas, la tasa promedio llegó a 58,21%.
Puesto en una sola frase: quien deposita su sueldo o sus ahorros financia al sistema casi gratis; quien pide un préstamo de consumo paga, en promedio, sesenta veces más que lo que recibió su vecino ahorrista por prestar ese mismo dinero.
Cuánto vale, en soles, esa diferencia. No hace falta exagerar la cifra para que sea alarmante. Basta un ejercicio conservador:
- Si esa masa de dinero se remunerara a una tasa mínima de 2% anual -el nivel que Bolivia exige por regulación para ciertas cuentas de ahorro de personas naturales-, los depositantes recibirían S/ 6,394 millones.
Esa cifra que debería ser abonada a los ahorristas o depositantes se la apropian los bancos. Esa es la dimensión del margen de captación del que hoy gozan las entidades a costa de cuentahabientes o depositantes.
La brecha entre tasa pasiva y tasa activa, en números duros
Los bancos entonces no pagan por un depósito que lo usan para dar créditos a terceros y terminan con ganancias súper extraordinarias porque cobran hasta 61,44% de interés a diciembre de 2025:
Dicho de otro modo, la tasa que cobra el banco por prestar puede llegar a ser del orden de 300 veces la tasa que paga por captar que es casi nada y en algunas cuentas.
El propio reporte de la SBS documenta tasas de 21,52% para pequeñas empresas y 58,21% para microempresas en moneda nacional, frente a créditos corporativos que se pactan a 5,69%. El sistema financiero aplica una segmentación extrema: cobra tasas moderadas a las grandes empresas que tienen poder de negociación y acceso a mercados alternativos y tasas altísimas a los hogares y las microempresas, que no tienen otra opción que aceptar el precio fijado unilateralmente por los Bancos.
Perú es excepcional para ganancias extremas de los Bancos. En Colombia, el interés bancario corriente para consumo ordinario fue de 16,68% anual hacia fines de 2025, con un límite de usura de 25,02%. En Perú, el promedio de consumo del sistema fue de 60,15%, y determinadas tasas máximas de consumo y MYPE llegaron a 114,13% anual entre mayo y octubre de 2026, de acuerdo con notas informativas del Banco Central de Reserva.
Es decir, el crédito de consumo peruano promedio es unas 3,6 veces más caro que el colombiano, y el límite superior peruano es 4,6 veces más alto que el límite colombiano. Una brecha de tanta magnitud que no puede explicarse solo por riesgo: también habla de cierto oligopolio y ausencia de regulación y protección del consumidor.
Los mecanismos que multiplican la extracción
El modelo de intermediación financiera peruano se sostiene en una batería de mecanismos que, sumados, inclinan sistemáticamente la balanza hacia la entidad financiera:
| Mecanismo | Efecto sobre el usuario | Beneficio para la entidad |
|---|---|---|
| Tasas mínimas o cercanas a cero en cuentas transaccionales | Pérdida de rendimiento y de poder adquisitivo | Captación de dinero a costo casi nulo |
| Tasas elevadas en consumo, tarjetas y microcrédito | Endeudamiento caro, cuotas difíciles de sostener | Mayor ingreso financiero |
| Membresías y comisiones | Costo fijo aun sin uso intensivo del servicio | Ingreso no financiero recurrente |
| Interés compensatorio durante la mora | La deuda sigue generando intereses | Conserva el rendimiento contractual |
| Interés moratorio adicional | Penaliza el atraso desde el vencimiento | Compensación adicional |
| Demoras en transferencias y remesas | Falta de liquidez y lucro cesante para la familia | Disponibilidad temporal de fondos («float») |
| Diferencial cambiario | El usuario recibe menos de lo esperado | Margen incorporado al tipo de cambio |
| Saldos en billeteras digitales | Recursos inmovilizados sin remuneración visible | Liquidez y vinculación comercial |
| Venta cruzada de seguros | Mayor costo, contratos poco comprensibles | Diversificación de ingresos |
| Contratos de adhesión | El usuario casi nunca negocia condiciones | Poder contractual concentrado |
El caso de las remesas
Un ejemplo ilustra bien esta asimetría. El Perú recibió aproximadamente US$ 5 368 millones en remesas durante 2025, según el Banco Central de Reserva, lo que equivale a un flujo diario promedio de US$ 14,7 millones. Si una parte relevante de ese flujo se retiene tres o cuatro días antes de abonarse al beneficiario, una demora frecuente y rara vez explicada al usuario, el fondo transitorio resultante equivale a entre S/ 148 y S/ 198 millones en un momento dado. Rentabilizado incluso a una tasa conservadora, ese fondo podría generar entre S/ 6 y S/ 8 millones anuales para quien lo retiene, sin que el remitente ni el receptor perciban un centavo de esa demora. Es un ejemplo nítido de cómo el tiempo del usuario tiene valor económico que la banca captura sin obligación de devolverlo ni de explicarlo.
¿Por qué el Estado lo permite?
La pregunta de fondo no es solo técnica sino institucional. La Constitución de 1993, en su artículo 60 restringe la actividad empresarial del Estado a los casos de alto interés público o manifiesta conveniencia nacional autorizados por ley expresa, y fijó el marco dentro del cual se desarrolla toda la legislación bancaria peruana. Ese diseño, heredado de la reforma neoliberal (ajustes) de los años noventa y no modificado sustancialmente por ningún gobierno posterior, tiene consecuencias muy concretas:
- Limita la expansión del Banco de la Nación como competidor universal de la banca privada.
- Deja en manos privadas la práctica totalidad de la intermediación obligatoria: cuentas de haberes, cuentas empresariales, cuentas para trámites y contratos.
- Convierte la bancarización en una obligación legal para buena parte de las transacciones formales, en una fuente cautiva de captación privada, porque el ciudadano no puede evitar tener una cuenta bancaria, pero sí puede elegir muy poco sobre las condiciones que se le imponen.
- Traslada toda la defensa del usuario a la regulación y a una competencia que, en la práctica, no logra bajar sustancialmente el costo del crédito minorista, como muestran las cifras frente a Colombia.
Llama la atención que, siendo estas reglas las que determinan cuánto gana o pierde cada peruano bancarizado, prácticamente toda la población adulta, el diseño del sistema financiero no haya sido objeto de debate en campañas electorales recientes, incluidas las de fuerzas políticas que gobernaron o cogobernaron en los años en que se consolidó este marco normativo. La discusión pública se concentra en la inflación, el tipo de cambio o el gasto público, pero rara vez en la estructura de tasas pasivas y activas que determina, año tras año, cuánto valor se transfiere silenciosamente del ahorrista al accionista bancario.
Una alternativa concreta: un Banco de la Nación con función reguladora
PROPONEMOS el dotar al sistema de un competidor público que discipline el mercado por la vía de la competencia, no del decreto. Un Banco de la Nación fortalecido podría, sin sustituir a la banca privada:
- Ofrecer la Cuenta DNI plenamente operativa, con cuentas de ahorro y corrientes voluntarias para cualquier ciudadano.
- Pagar una tasa mínima real sobre los ahorros populares, que sirva de referencia comparativa para todo el sistema.
- Garantizar transferencias inmediatas de costo mínimo o gratuito y remesas con abono el mismo día.
- Otorgar créditos de bajo monto con evaluación técnica, orientados a los segmentos que hoy pagan las tasas más altas del sistema.
- Publicar un tarifario de referencia que otras entidades tengan que igualar o superar para retener clientes.
- DISPONER QUE LA BANCA PRIVADA COMPENSE automáticamente al usuario cuando el retraso en una operación sea responsabilidad del banco.
- DISPONER, COMO ATRIBUCIÓN EXCLUSIVA DEL BANCO DE LA NACIÓN, EL PRIMER DEPÓSITO DE CUENTA, PARA TODO TIPO DE NEGOCIO EN EL TERRITORIO NACIONAL.
Con datos conservadores, una familia que hoy paga membresía, comisiones e intereses de consumo a tasas de mercado, y que recibe casi nada por sus ahorros, podría ahorrar del orden de S/ 2 000 anuales si contara con una alternativa pública básica y competitiva. No es una cifra exacta, pero ilustra el orden de magnitud de lo que está en juego.
Los propios documentos de la SBS, sin necesidad de interpretación forzada, muestran una estructura donde el pequeño ahorrista financia, SIN RETRIBUCIÓN, al sistema y el pequeño deudor se financia a un costo varias veces mayor que el de sus pares en países vecinos. Esa asimetría no es fruto de una conspiración, sino de un diseño institucional heredado de la reforma financiera de los años noventa, sostenido desde entonces por sucesivos gobiernos y nunca puesto seriamente en la agenda electoral. La discusión pendiente no es si la banca privada debe existir sino si el Estado peruano seguirá renunciando a tener un competidor público capaz de fijar un piso de dignidad para el ahorro y un techo razonable para el crédito de los millones de peruanos que no tienen alternativa real fuera del sistema financiero formal.
