50 años de la Victoria de Vietnam sobre el imperialismo yanqui. 

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¡Vietnam: Faro de la Lucha Revolucionaria y Triunfo Contra el Imperialismo! 

Por la Liberación de Todos los Pueblos Oprimidos.

Hoy celebramos el aniversario de una de las victorias más trascendentales en la historia de la lucha de los pueblos oprimidos: la derrota del imperialismo yanqui por Vietnam.

Esta gesta no fue solo una batalla militar, sino un ejemplo luminoso de cómo un pueblo unido, consciente de su historia y arraigado en sus valores, puede vencer a un gigante opresor, aunque este despliegue toda su maquinaria de muerte. 

La caída de Saigón (30/4/1975) no fue solo una derrota militar yanqui, sino el colapso de un modelo de dominación. Vietnam prueba que los pueblos pueden revertir siglos de colonialismo cuando convierten su cultura en escudo y su historia en lanza[6][9]. Honrar su lucha es fortalecer todas las resistencias que hoy enfrentan al imperialismo en su fase agonizante pero letal. 

Vietnam demostró al mundo que no hay fuerza imperial capaz de someter a un pueblo decidido a ser libre. Frente al Goliat estadounidense, armado hasta los dientes con tecnología bélica y una propaganda arrogante, se alzó el David vietnamita, que con coraje, inteligencia estratégica y una moral inquebrantable, resistió, contraatacó y triunfó. Pero esta victoria no fue solo militar: fue cultural, histórica y espiritual. 

Rescate de la Identidad: La Cultura como Arma de Liberación 

Vietnam no solo expulsó a los invasores, sino que rescató su cultura, sus tradiciones y sus valores de las garras del colonialismo. Primero, bajo el yugo francés, y luego bajo la brutal agresión estadounidense, el pueblo vietnamita sufrió intentos de exterminio, bombardeos masivos y una guerra psicológica destinada a quebrar su espíritu. Pero lejos de rendirse, convirtió su resistencia en un acto de reafirmación histórica. 

La Revolución Vietnamita no fue solo una guerra por la independencia política, sino una lucha por la emancipación integral: devolverle al pueblo su memoria, su dignidad y su derecho a construir su futuro sin imposiciones extranjeras. Ho Chi Minh, como faro intelectual y guerrillero, encarnó esta síntesis entre tradición y revolución, demostrando que la verdadera liberación debe estar enraizada en la identidad propia. 

No fue solo una victoria militar, fue una victoria moral, cultural y civilizatoria. Vietnam, pequeño en territorio pero gigante en dignidad, logró lo que parecía imposible: derrotar a un Goliat armado hasta los dientes, amparado por su poderío bélico y su propaganda, pero vacío de verdad, justicia y raíces.

Un Ejemplo que Ilumina al Mundo 

Como dijo el Che Guevara: «El deber de todo revolucionario es hacer uno, dos, tres… muchos Vietnam». Y es que la gesta vietnamita no fue un hecho aislado, sino un modelo para todos los pueblos que luchan contra el imperialismo. Su triunfo irradió esperanza a las luchas de África, América Latina y Asia, probando que el imperio más poderoso puede ser derrotado. 

Hoy, cuando el imperialismo yanqui —ya en su fase decadente— intenta reafirmar su dominio mediante nuevas guerras (como en Palestina, África o América Latina), el ejemplo de Vietnam sigue vigente. Su victoria fue un golpe histórico al mito de la invencibilidad imperial, y aunque EE.UU. se recompuso temporalmente, su declive es irreversible. El imperio muere, pero muere matando, y por eso nuestra tarea es acelerar su caída con la misma firmeza con la que Vietnam lo hizo en 1975. 

La Batalla Continua 

Vietnam no es solo un pasado glorioso: es un presente combativo y un futuro posible. Su legado nos enseña que la unidad popular es invencible y la cultura es un campo de batalla: quien controla la historia, controla el futuro. 

El imperialismo, por más fuerte que parezca, tiene pies de barro. 

La epopeya vietnamita no fue solo un acto de resistencia: fue un acto de afirmación histórica. Vietnam no solo venció en los campos de batalla, sino que venció en la preservación de su alma. Supo rescatar su cultura milenaria, sus tradiciones ancestrales, sus valores comunitarios y su sentido profundo de identidad frente a siglos de colonialismo feroz, primero europeo y luego estadounidense.

Hoy, mientras el mundo despierta en un nuevo ciclo de luchas soberanistas —desde América hasta Asia—, el grito de ¡Vietnam Vencerá! sigue resonando. Porque la verdadera historia la escriben los pueblos, no los opresores. 

¡Honor y Gloria a los Héroes de Vietnam! 

¡Que su lucha inspire mil nuevos focos de resistencia antiimperialista!  ¡Hasta la Victoria Siempre! 

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