Japón: la primera víctima del “salvese quien pueda” occidental
Y el inicio del fin del orden que conocimos
Jorge Perazzo
Japón no está en crisis. Japón es la crisis. Cuando observamos a Japón hoy, no vemos simplemente una perturbación económica aislada. Vemos el primer eslabón de una cadena de colapsos que definirá la próxima década: el desmoronamiento del orden hegemónico occidental tal como lo hemos conocido desde 1945.

Con una deuda pública que ya supera el 263 % de su PIB (la más alta del mundo desarrollado), una economía que se contrae por primera vez en seis trimestres, y un yen en caída libre, el tercer país más rico del planeta se ha convertido en el primer eslabón en romperse de la cadena que sostenía al Occidente globalista.
Pero esta vez no fue el mercado. Fue su propio aliado.
Los aranceles del 15 % impuestos por Estados Unidos a las exportaciones japonesas —automóviles, tecnología, maquinaria— no solo cerraron puertas. Abrieron heridas. Porque cuando tu economía depende del exterior para sobrevivir, un golpe de tu “protector” es un tiro en la espalda.
Y así, mientras Japón jugaba a desafiar a China por Taiwán para quedar bien con Washington, Washington le cobraba la factura. Mientras Tokio alentaba la independencia estratégica, EE.UU. le cortaba las piernas económicas. Contradicción mortal: aliado militar, rival comercial.
Pero esto no es solo sobre Japón.
Es sobre la lógica que ahora rige al mundo occidental:
“Si yo caigo, te llevo conmigo. Pero si puedo, me salvo solo.”
Japón es la primera víctima visible de una política que ya no disimula:
Estados Unidos ya no puede mantener el orden, pero tampoco puede permitir que otros crezcan sin él.
Así que castiga a sus aliados, exporta inflación, enciende aranceles, y repatria capitales para comprar tiempo mientras su propio modelo —basado en deuda, guerra y dólar— se desmorona.
Y Europa será la siguiente.
Porque si Japón, con sus ahorros internos, su disciplina fiscal y su tecnología punta, no puede resistir, ¿qué espera España, Italia o Francia, con deudas altas, crecimiento cero y dependencia energética?
La Unión Europea ya no controla su moneda, ya no controla su energía, y pronto no controlará su comercio. Y cuando EE.UU. le aplique sus propios aranceles, cuando le cierre mercados, cuando le exija lealtad mientras la sangra, caerá más rápido.
Porque la crisis de Japón no es económica. Es política. Es civilizatoria.
Es la señal de que el modelo occidental ya no puede reproducirse.
Es la tendencia que confirma que el globalismo neoliberal ya no puede sostenerse.
Es la prueba de que “cada uno por sí” ya no es ideología: es política de Estado.
Y si Japón cae, Europa temblará.
Y si Europa cae, el dólar resquebrajará.
Y cuando el dólar caiga, el mito también.
Porque ningún país puede salvarse solo. Ni siquiera Estados Unidos.
Porque la regla es clara: Nadie se salva si no se salva el conjunto. Y Japón fue el primero en entenderlo… tarde.
La era del “salvese quien pueda” acaba de empezar.
Y el que no entienda esto, será la siguiente víctima.
Existe una verdad que trasciende ideologías y sistemas: nadie puede salvarse si no se salva el conjunto:
Ningún país puede desarrollarse en aislamiento.
Ninguna potencia puede imponer indefinidamente su dominio mediante la moneda, los aranceles y la militarización.
Ningún sistema construido sobre la explotación mutua puede ser sostenible.
ANEXO; REFERENCIAS DE LA CRISIS DE JAPON
Japón se ha convertido en el laboratorio del fracaso occidental con cifras que aterrorizan a cualquier analista serio:
Deuda pública: 263% del PIB (la más alta del mundo desarrollado)
Deuda total: 1,279% del PIB a finales de 2024
Inflación persistente: 3.1% interanual, muy por encima del objetivo del 2%
Crisis demográfica: Población cae 0.75% anual, tasa de natalidad de apenas 1.15
Colapso del «carry trade»: 1.2 billones de dólares en estrategias financieras se desmoronan
Crisis de bonos: Las subastas enfrentan la peor demanda desde 1987
Impacto arancelario: EE.UU. impone 25% a coches japoneses y 10% base a todo lo demás
El Primer Ministro Shigeru Ishiba lo reconoció públicamente: Japón está en situación «peor que Grecia en su peor momento» durante la crisis de 2009.
Ver comentario de jefry Sachs al respecto