LA AUTODEFENSA: La opción de la población frente al fenómeno del Niño: «No podemos hacer mas» y deja a su surte a los ciudadanos. URGENTE: Organizar, apoyar y formar la Resistencia que giantize la supervivencia de la población, la vida, la salud y la producción de la población en cada territorio afectado.

A su suerte: el pueblo frente al desastre y la respuesta que ya no puede esperar
Mientras las autoridades juegan a la legalidad y el mundo se desmorona, la población vuelve a quedar sola. La respuesta no puede ser la resignación: tiene que ser la organización.
Vivimos un momento en el que el orden se ha roto por arriba. No son los pobres quienes violan las leyes: son las más altas autoridades nacionales e internacionales.
El desorden viene de arriba
El inquilino de la Casa Blanca se permite agredir, intervenir, violar las normas de las Naciones Unidas, sacrificar y destruir países enteros, y hasta proclamar el asesinato de líderes. Y aquí, en casa, la señora Keiko sigue la pauta: viola su propia ley del Senado, desprecia al Congreso de diputados, concentra facultades, dicta sin contrapeso y avanza hacia un absolutismo que anula la capacidad legislativa.
No hay ley ni orden. Hay, en cambio, una población angustiada frente a un Fenómeno del Niño que amenaza con destruir cultivos, multiplicar enfermedades, arrasar viviendas y borrar los pocos ahorros e ingresos de la gente. Los alimentos subirán, el costo de vida se disparará. Y la respuesta oficial es siempre la misma: «No podemos hacer más». El pueblo, otra vez, queda indefenso, inseguro, a su suerte.
La distracción perfecta: leguleyadas mientras el país se hunde
Y hay algo peor: mientras todo esto ocurre, el gobierno distrae a la izquierda y a la mayoría de sus líderes en leguleyadas, formalismos y contraataques burocráticos, legales y parlamentarios. Entretiene a la oposicion del Congreso en formalismos, centra a la izquierda en el debate parlamentario, se la concentra en disputas interminables que terminarán en el Tribunal Constitucional y en el Poder Judicial.
Mientras tanto, el hambre, que ya era fuerte en muchas regiones, y la anemia, que también lo era, se incrementarán: no solo habrá menos alimentos disponibles, sino que será difícil traerlos a Lima y capitales de regiones por el costo del transporte y el cierre de vías. A las inundaciones del Norte y del Oriente se suma la sequía del Sur. Las fuentes más importantes de abastecimiento van a colapsar. Ya lo anunció el BCR: la inflación será mucho mayor. Y el eco oficial vuelve a ser el mismo: «No podemos hacer más».
La pelota, una vez más, está en la cancha de la población. La misma suerte que corrió el pueblo en la pandemia, la misma suerte de la mayoría de los desastres naturales: a su suerte.
De la resignación a la resistencia organizada
Es el recuento de la poca capacidad y eficiencia de la República para encarar desastres que se reciclan cada vez más. Por eso la gente empieza a actuar individualmente o a organizarse para enfrentar juntos la calamidad. Esa tendencia a salvarse tiene que convertirse, ahora, en la preocupación central de cada líder social y político que está de cara a su vecindad, a su comunidad, a su zona rural, a su territorio afectado.
La población necesita generar sus fuerzas de autodefensa, su resistencia frente al desastre y, de paso, frente a la ineptitud política y frente a las autoridades que buscan lucrar con la desgracia.
Esta es la actitud y la respuesta que la gente ha tenido siempre. Pero hay que contribuir a que sea más organizada: una resistencia, no una resignación.
Lo que ya hicimos, lo que podemos volver a hacer
Lo hicimos antes. Cuando la inseguridad arreciaba, se organizaron los barrios contratando nuestros propios vigilantes y/o construyendo rejas. Cuando el hambre apretaba, levantamos comedores populares, como en el periodo de Izquierda Unida, y esa iniciativa va a renacer. Hay que hacerla cada vez más intensa, promoverla, organizarla, hacerla más eficiente, y convertirla en resistencia, no en una opción para recibir dádivas o para que intervengan las organizaciones «donantes» y «humanitarias» entre comillas, o las evangélicas que solo buscan atraer a la población a sus propios mandatos religiosos.
Un frente patriótico en cada territorio
Organicemos al pueblo como frente de resistencia: un frente patriótico, un frente de defensa en cada territorio y en cada lugar. Para evacuar una zona de peligro, para alimentarnos conjuntamente, para cuidarnos mutuamente, para vigilar y garantizar nuestra propia seguridad y supervivencia.
Esta tendencia a actuar comunitariamente no debe dejarse a la espontaneidad: cada uno de nosotros debe actuar para que esto sea realmente un centro de resistencia, un foco de resistencia, un frente de defensa real, que no solo asuma la responsabilidad de autogobernarse, sino que también tome conciencia de que la República y sus autoridades son cada vez más incapaces de resolver los problemas del pueblo. Asumamos la conciencia de la necesidad de gobernarnos con otros criterios, con otras perspectivas, con otras autoridades.
La tarea histórica de la izquierda
Esta es la responsabilidad de la izquierda en general. Los comités y los frentes no se organizan de la nada: se organizan en base a problemas concretos, como lo hicieron los compañeros de Villa María del Triunfo, que movilizaron a unas dos mil personas en la lucha por el agua y lograron armarse para defender sus derechos básicos. Ese fenómeno se va a repetir en la mayoría de los territorios de Lima y de todas las regiones.
La escasez del agua ya se anuncia: nadie sabe qué pasará con el abastecimiento en Lima, pero lo que sí sabemos es que las zonas más pobres y vulnerables tendrán problemas muy, muy serios para sobrevivir. Por eso es tan importante la acción de los políticos de izquierda, que somos más sensibles a estos temas. No habrá soluciones desde el Palacio de Gobierno ni desde las regiones: el gobierno ya se dedicó a entretener al parlamento en leguleyadas y conflictos interminables. Mientras el pueblo sigue esperando, la respuesta es la defensa en cada lugar, la resistencia.
La consigna es clara: impuesto de solidaridad a los que más han lucrado del país, a los que más han ganado con nuestros recursos naturales y con nuestro capital humano.
Que paguen los que más ganaron
Las empresas mineras han duplicado, triplicado y cuadruplicado sus ganancias y ventas con los recursos peruanos. Que ellos paguen el desastre es un derecho y, además, una respuesta táctica para poner contra la pared a la derecha, a las autoridades, al gobierno y al parlamento: señores, aquí estamos perdiendo plata del Perú mientras estos señores ganan demasiado, y ganar demasiado es una ofensa en un país en medio de un desastre.
La tarea principal de las autoridades ahora es hacer que paguen sus impuestos. Y esto no es una novedad: es una necesidad que han repetido muchas experiencias políticas en muchos países, porque no hay otra. Ya lo dijo Keiko: «No podemos hacer más», sencillamente porque no quiere tocar a los grandes millonarios ni a las grandes empresas mineras. Y deja a la población a su suerte.
El llamado: organizar la autodefensa del pueblo
Por eso, estos comités de defensa y estos grupos de resistencia deben convertirse en los ejes de trabajo principales de todas las personas sensibles, en particular de la gente de izquierda, que tiene esta tarea histórica: generar frentes con base real, concreta, con los problemas específicos, resolviendo lo que las autoridades nunca van a resolver y demandando siempre la capacidad de autogobernarse del pueblo. Educarnos en tener salidas propias, enfrentando a un régimen que se hace justamente contra medida.
Que este llamado se traduzca en acción
- Despertar a todas las personas sensibles, en particular a quienes se consideran de izquierda.
- Organizar la autodefensa de la población en los sitios más vulnerables del país.
- Generar el movimiento que convoque a todo el país a la lucha por un impuesto a las sobreganancias mineras.
No a la resignación. Sí a la resistencia organizada.