Los ejemplos de Iran, China e India son alentadores al vitalizar dia a dia su cultura enfrentando a una fuerza bruta, descomunal que pretende mantener su dominio a toda costa.

Por Gabriel Fuentes:
Nobleza cultural para una Sudamérica reunida
Frente a la lógica de la fuerza, una pregunta decisiva: qué hacer con los terrenos que habitamos.
Una guerra que nos interpela
La eterna guerra que se nos permite presenciar en este presente debe movernos a una reflexión decisiva en torno al qué hacer con los terrenos que habitamos. Entre los factores que definen esencialmente las particularidades que apreciamos hoy en día, dos involucran al continente bautizado “América” en el 1500 d.c. de forma ineludible para todo análisis: el exterminio sin precedentes en la historia de la humanidad que significó la creación de la nación posteriormente como Estados Unidos, y el aniquilamiento de la nobleza incaica que gobernaba el Tahuantinsuyu. La violencia que, desbordando la zona del continente vecino, irrumpe en el “Nuevo Mundo” diezmando sus poblaciones milenarias y dislocando gravemente sus culturas, pervive en la práctica política del “más fuerte” con que EE. UU. busca asegurar su bienestar.
¿Paz a través de la fuerza o una nobleza cultural?
Nosotros, partícipes del fenómeno de dinamismo social llamado “Sur Global” -movimiento ahora propulsado por los BRICS-, debemos reflexionar si nos introducimos dentro de la lógica de la “paz a través de la fuerza” o si, desde el seno de este continente fracturado en su esencia cultural, puede renacer una verdadera nobleza cultural capaz de liderar armónicamente la voluntad de estos millones de seres humanos que habitamos esta Sudamérica aún separada. El individualismo con que se abandona la humanidad del grueso de familias trabajadoras a merced de los flujos del mercado, el crecimiento que discrimina seres humanos en función de su productividad sin remordimientos por quienes conviven a su alrededor, son parte de la esencia que guía la violencia actual que crea guerras configurando un imperio del terror -un verdadero terrorismo- y trafica armas o desarrolla tecnología absorbiendo los recursos de nuestro bello planeta.
El diálogo como raíz común
Quienes amamos la vida, quienes vemos lo más preciado en lo que no tiene precio, debemos reflexionar sobre las muchas posibilidades que se abren como fruto del diálogo; palabra cuya raíz nos remite a un razonamiento entre dos, un acuerdo común, práctica comunitaria que constituye la esencia de toda cultura.
Únicamente una narrativa común podrá organizar la sociedad en defensa de lo bueno.
Chile sentó un precedente inédito con la conquista democrática del socialismo, el reto de unificar Latinoamérica guarda el destino de un acuerdo ético, científico, económico, militar, cultural y hasta religioso, si utilizamos esta palabra en su sentido original de reunir en lo general.
No ser patio trasero del mundo
Sumarnos a la práctica de la autoridad del más fuerte, junto a EE. UU. es sumarnos a los milenios de violencia que vienen configurando la historia de la humanidad, es abandonar toda reflexión propia, abandonar nuestra humanidad pensante, para perdernos entre la violencia que mantiene genocidios como medio de acuerdo y decisión. Este reino del terror -un verdadero terrorismo- no puede condenarnos a ser un patio trasero de extracción de concentrado, el desinterés por la investigación científica y su aplicación hacia el beneficio de la sociedad, por la limpieza y salud de los territorios que habitamos, por la creación de plataformas virtuales que permitan una democracia participativa, son elocuentes evidencias que nuestro Perú sigue siendo gobernado por el imperialismo mundial. Así como el valiente Tupac Amaru II vaticinó la reunión de millones, si nos alineamos al bien, esencia de toda nobleza real en la historia, este continente quizás pueda ser real caldo de cultivo de las ideas del futuro de la humanidad, como lo anticipó el alemán Hegel.