EL CASO EPSTEIN Y LA PUTREFACCIÓN DEL PODER OCCIDENTAL

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El affaire Jeffrey Epstein no es solo un escándalo sexual: es la confirmación definitiva de la podredumbre moral que gobierna al mundo occidental. Lo que se ha destapado no es solo una red de pedofilia, trata de personas y abuso sistemático de menores, sino la red de poder real que maneja los hilos de la política, la economía y la diplomacia global.

El mundo esta escandalizado, no solo por la cantidad de implicados, sino por la total ausencia de consecuencias reales. Mientras se amenaza a países como Venezuela, Colombia o Cuba con intervenciones militares, embargos y campañas de desprestigio bajo el pretexto de “defender la democracia” o “proteger los derechos humanos”, estos mismos líderes se burlan de la justicia y de la dignidad humana desde sus mansiones blindadas.

¿Quiénes están involucrados?

Los documentos judiciales revelan cifras que hielan la sangre:

943 páginas de testimonios sobre abusos sistemáticos

Más de 180 nombres mencionados en interrogatorios

Más de 1,000 víctimas potenciales identificadas por el FBI

Tres décadas de impunidad protegida por el poder político y económico

No son solo “amigos” de Epstein. Son los dueños del mundo, una extensa lista de multimillonarios y figuras de alto perfil.

Bill Clinton, expresidente de EEUU, mencionado 73 veces en los documentos. Su relación con Epstein era pública. Una víctima declaró que Epstein dijo: “Clinton les gusta jóvenes”.

Donald Trump, quien ahora se hace el loco, aparece en fotos, en correos y en declaraciones. Prometió desclasificar los archivos… y luego bloqueó su publicación.

El príncipe Andrew, hermano del rey Carlos III, acusado directamente de abusar sexualmente de una menor en tres ciudades distintas, incluida la isla privada de Epstein.

¿Qué significa esto?

Que los mismos que nos dan lecciones de “democracia” y “ética”, los que amenazan a Cuba, Venezuela y Colombia con sus barcos de guerra, los que imponen sanciones y roban nuestro petróleo, son los mismos que violaban niñas en una isla privada, mientras grababan, chantajeaban y protegían sus crímenes con su poder político y mediático.

Este caso no es solo un escándalo sexual. Es la caída de la máscara de una élite que se prostituye a sí misma mientras prostituye a niñas. Que habla de derechos humanos mientras viola niños. Que nos sanciona mientras ellos son los verdaderos criminales.

¿Y qué hacen ahora?

Ocultan. Amenazan. Desvían la atención. Mientras sus flotas militares patrullan el Caribe, ellos saben que sus nombres están en esos documentos. Por eso no quieren que se publiquen todos los archivos. Por eso silencian a los medios. Por eso asedian a nuestros países: para continuar con su festín de sangre, petróleo y carne infantil.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que estos degenerados gobiernen?

¿Hasta cuándo vamos a dejar que nos den lecciones de moral?

¿Hasta cuándo vamos a aceptar que sus barcos y sus embajadas sigan en nuestra América?

¡BASTA!

El caso Epstein no es solo su vergüenza: es nuestra alerta. Es la prueba de que el poder occidental está podrido hasta la médula. Y que mientras ellos nos invaden con sus ejércitos, sus monedas y sus medios, también invaden cuerpos inocentes.

¡No más silencio! ¡No más complicidad! ¡No más coloniaje moral! ¡Fuera sus flotas del Caribe! ¡Fuera sus bases de nuestra América!

¡Que se juzgue a todos los involucrados! ¡Que se abran TODOS los archivos! ¡Que el mundo vea quiénes son los verdaderos monstruos!

Porque si no los paramos ahora, ellos seguirán.
Y nuestras hijas e hijos serán su próxima isla.

¡JUSTICIA PARA LAS VÍCTIMAS! ¡FUERA LA DEGENERACIÓN DEL PODER OCCIDENTAL! ¡NUESTRA AMÉRICA NO SE VENDE, SE DEFIENDE!

La hipocresía no puede ser más obscena. Mientras pregonan ética y lecciones de moralidad para el resto del planeta, sus actos desvelan una bajeza profunda. Son la encarnación de una élite decadente que utiliza su poder económico y político no para servir, sino para dar rienda suelta a sus instintos más crueles y depravados, convirtiendo a los más vulnerables, mujeres y niñas, en mercancía.

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