Jorge Perazzo
Imagina que tu hogar es más que una casa; es una pequeña nación, un lugar lleno de historia, cultura y tradiciones. Ahora imagina que alguien llega, toma decisiones sobre tu casa sin consultarte y, además, utiliza tus recursos para su propio beneficio. Suena injusto, ¿verdad? Esto es exactamente lo que sucede en muchos territorios de nuestro pais.
La soberanía no es solo un concepto abstracto que pertenece a un país o una nación; también es el derecho de las comunidades, barrios, centros poblados a decidir sobre su territorio y su futuro. Pero, ¿qué ha pasado con ese derecho natural? Ha sido arrebatado poco a poco por poderes que actúan desde lejos, como invasores, sin comprender ni respetar las necesidades de quienes realmente viven en esos lugares.
La realidad de nuestro territorio
Pensemos en un ejemplo sencillo: una comunidad con una mina en sus tierras. ¿lo cedieron las autoridades locales, los habitantes del territorio? ¿Sabemos cuánto ganan las empresas por explotar esos recursos? ¿Cuánto venden y a quien? ¿Cuánto de ese dinero toma el Estado y cuanto regresa al pueblo en forma de escuelas, hospitales o carreteras? Probablemente no. Este vacío de información no es casualidad. Es parte de un sistema vigente que aleja a las personas de las decisiones públicas y convierte a los ciudadanos en simples espectadores.
Pero no todo está perdido. Podemos recuperar el control, organizar nuestras comunidades, asumir nuestra identidad y exigir respuestas claras. Es hora de actuar. Tenemos ese derecho.
Una democracia real empieza en tu comunidad
La democracia no es solo votar cada cierto tiempo; es tener voz y voto en las decisiones que afectan nuestra vida diaria. Esto significa que cada poblador pueda participar activamente en su territorio:
– Definir nuestros planes y futuro deseable
– Decidir cómo se asigna el presupuesto para la educación y la salud.
– Elegir qué proyectos de infraestructura benefician a todos o la mayoría.
– Vigilar los contratos de explotación de recursos naturales.
Imagina un pueblo donde todos trabajan unidos, donde cada voz cuenta y cada decisión beneficia al colectivo. Ese es el verdadero poder popular, el gobierno del pueblo para el pueblo.
Recuperemos nuestra identidad y construyamos comunidad
Durante demasiado tiempo, nos han inculcado una mentalidad individualista: “Primero yo, luego los demás”. Pero esa forma de pensar solo beneficia a quienes buscan dividirnos para mantenernos débiles. Recuperar el control de nuestro territorio requiere algo más que leyes y políticas; requiere un cambio en nuestra forma de pensar.
Necesitamos volver a sentirnos parte de una comunidad. Como nuestros ancestros, que trabajaban juntos por el “buen vivir”. Debemos unirnos y organizarnos en Frentes Únicos, donde:
– Todos tengan un lugar y una voz.
– Las decisiones se tomen por consenso, respetando a las minorías.
– Se defienda lo que es nuestro: recursos, identidad y derechos.
Un llamado a la acción
No es un camino fácil, pero es necesario. Cada paso que demos hacia la organización y la participación activa nos acerca a un futuro mejor. Imagina un territorio donde los recursos se gestionen con justicia, donde las escuelas enseñen a los niños a amar su tierra y su historia y donde los hospitales y postas de salud funcionen para todos, no solo para unos pocos.
¡Ese futuro es posible! Pero depende de nosotros. Depende de que cada uno tome conciencia y se una a este gran movimiento por el control popular de nuestros territorios. Es lo que se llama emanciparse.
Hoy es el día para organizarnos. Hoy es el día para recuperar lo que es nuestro. Hoy es el día para transformar nuestras comunidades. ¡Hagámoslo juntos!