América Latina en Movimiento. 57 AÑOS CIRCULANDO
EDITORIAL
¿La democracia se está muriendo de odio o de hambre? ¿Cuánto de su crisis explican los discursos
intolerantes y cánto la dura economía política? ¿Qué alimenta las bajas pasiones que canalizan de
manera invariable las nuevas fuerzas reaccionarias? ¿Los enemigos de la democracia son solo
externos o campean también en las propias filas progresistas? La tercera época de nuestra revista
se abre con un número dedicado a una democracia que aparece expuesta en toda la región.
Toda democracia nace de una dictadura o de la guerra. Y sería muy difícil, cuando no imposible, abordar este fenómeno sin hablar de las muy diferentes definiciones que el hecho democrático ha adoptado en las últimas décadas en América Latina y el Caribe, en procesos que no siempre fueron simultáneos, y que jamás fueron idénticos. Tras el Plan Cóndor y las doctrinas contrainsurgentes de la guerra sucia, consumada la demolición del Muro de Berlín, y en la tierra arrasada de las políticas de ajuste estructural, la democracia fue en algunos casos recuperada como conquista, mientras
que en otros sitios fue rehabilitada como mera concesión, desbaratados ya los proyectos de liberación social, nacional y continental que supieron asediarla por izquierda.
Sin embargo, los estallidos sociales antineoliberales, la emergencia y consolidación de los nuevos movimientos populares, y la ola de gobiernos progresistas y de izquierda que fueron cubriendo la región –un fenómeno sin parangón a nivel global– comenzaron a disputar y apellidar una
democracia que se volvió, según el caso, popular, participativa, directa, protagónica, asamblearia, constituyente o plebiscitaria. La práctica de una democracia radicalmente definida alcanzó sus más elevadas cumbres en los ciclos político-constituyentes de Venezuela, Bolivia y Ecuador, cuando
movimientos y liderazgos emergentes la tensionaron hasta arrancarla de sus estrechos moldes demo-liberales.
Pero mucha agua corrió bajo ese puente. La democracia latinoamericana y caribeña no atraviesa hoy su mejor momento, y su estado de salud es cuando menos precario. Pero el debate comienza cuando dejamos de lado un diagnóstico compartido y pasamos a preguntarnos sobre las causas de
la enfermedad, sobre la debilidad de los anticuerpos y sobre el origen de los “agentes patógenos”.
La democracia aparece en nuestra región expuesta en su doble sentido.
Para los optimistas, expuesta en sus limitaciones formales, algo desconcertada frente al sorpasso ultraconservador, asediada desde afuera, mal ponderada, incomprendida, pero aún recuperable. ¿Su principal argumen to? La «segunda ola progresista» que cubre, sin importar la intensidad de su
color, buena parte del mapa continental. Para los pesimistas, la democracia aparece también expuesta, pero como una fractura, con sus huesos com pletamente rotos y tendidos a la intemperie. ¿Su principal argumento? Que los golpes y tentativas de golpe hace tiempo dejaron de ser la excepción para reconfirmarse como regla, y que las ultraderechas, antes marginales, hoy
son ganadoras seguras o al menos muy dignas contrincantes electorales en la casi totalidad de nuestros países.