Un documental que destapa los métodos de genocidio. Lo de Gaza es un ensayo de lo que el imperio en decadencia desarrolla en Nuestra America

NAZA: la palabra de código del exterminio
El genocidio tiene ahora nombre hebreo, acrónimo militar y algoritmo. Las confesiones de 24 integrantes del propio ejército israelí —Premio Especial del Jurado en Venecia— obligan al mundo a dejar de decir «no sabíamos».
NAZA es la palabra con la que el ejército y los servicios de inteligencia israelíes denominan, en su jerga interna, a las víctimas civiles de sus bombardeos sobre Gaza: nezek agavi, «daños colaterales». El título del documental de Yuval Abraham y Rachel Szor —ovacionado durante casi 25 minutos, la más larga registrada en la historia del Festival de Venecia— no es una metáfora: es el nombre real del sistema.
Lo que NAZA revela no es una sucesión de errores ni de soldados rebeldes. Son, según sus directores, «las órdenes, las políticas, las prácticas aceptadas, el lenguaje y la lógica» de una maquinaria que los propios oficiales describen sin eufemismo: una fábrica matemática de matar.
01 · El nombre del crimen
Cuando la muerte es una variable de procedimiento
NAZA no calcula cuántos civiles murieron después de un bombardeo. Lo calcula antes, para autorizarlo. Un objetivo, una ubicación, un número previsto de muertos, una firma. La vida humana convertida en casilla de un formulario.
La revelación más escalofriante del documental es la escala de esa variable: uno de los testimonios asegura que en determinadas operaciones se llegó a autorizar un margen de hasta 500 civiles muertos para ejecutar a un solo integrante de Hamás. Y la lógica que lo hacía posible queda desnuda en otra confesión: «Muchos decíamos que tras el 7 de octubre no había inocentes en Gaza».
Cuando un Estado decide que en un territorio de 2,3 millones de personas ya no hay inocentes, no está librando una guerra: está administrando un exterminio.
Más de 73.000 palestinos muertos —recuentos posteriores hablan ya de más de 77.000 muertos y 174.000 heridos según las autoridades sanitarias del enclave, cifras que la ONU considera fiables— desde que Hamás atacara el sur de Israel el 7 de octubre de 2023, asesinando a 1.200 personas y tomando unos 250 rehenes. Ningún crimen justifica otro crimen. Ninguna masacre funda el derecho a una masacre mayor y sistemática.
02 · Los métodos
La cadena de montaje de la muerte
Grabados durante tres años, de noche, en azoteas de Tel Aviv, con rostros y voces distorsionados, los 24 entrevistados reconstruyen el circuito completo: cómo la información sobre la población de Gaza se convierte en una bomba sobre una vivienda.
- Vigilancia total y selección algorítmica. El sistema Lavender analizó llamadas, movimientos y patrones de casi cualquier gazatí con teléfono móvil, catalogando en segundos miles de objetivos, muchos de rango bajísimo. Margen de error permitido: 15%. Miles de inocentes condenados por defecto de fábrica.
- Escuchar antes de matar. Los agentes intervenían las comunicaciones y escuchaban las conversaciones íntimas de los señalados con sus parejas e hijos instantes antes de que cayera la bomba. Sabían que había niños dentro. Bombardeaban igual.
- El protocolo de la noche. Los objetivos no eran atacados en combate, sino esperados en sus hogares, por la noche, junto a sus familias.
- La ingeniería del derrumbe. Un software calcula en qué punto del edificio se concentran las personas para que el proyectil colapse la estructura hasta los cimientos y maximice las muertes. No distingue entre adultos y menores.
- Las «zonas de muerte». Civiles que buscaban comida cruzaban líneas militares invisibles y se convertían en blancos. Soldados disparando contra personas que corrían hacia un centro de distribución de alimentos.
- El barrio como objetivo. Bombardeos sobre barrios donde se sabía que hasta el 25% de la población civil seguía en sus casas. Incendio sistemático de viviendas. Matanzas en puntos de reparto de comida.
Nada de esto habría sido posible sin la condición previa: el aislamiento. Décadas de muros —721 kilómetros en Cisjordania—, bloqueo de Gaza desde 2007, prohibición de entrada a periodistas internacionales, prohibición de salida a los palestinos. Tel Aviv está a 70 kilómetros de Gaza; en la película, mientras los confesores hablan de matanzas, la ciudad brilla con su vida normal. Esa normalidad no es decorado: es la tesis del filme.
Llaman «daño colateral» a una muerte calculada, firmada y autorizada antes del disparo. Déjanos tu opinión en los comentarios.
03 · Las confesiones
Las declaraciones que helaron a Venecia
El horror de NAZA no está en las imágenes —no las hay— sino en la frialdad de las voces:
Ejecutar estos ataques desde una sala de pantallas es «como un videojuego», y era «increíblemente divertido».
«Vi los cadáveres de dos niños. Yo lo había hecho. Ganas de vomitar.»
«Mi función es técnica.» · «Soy apenas un pequeño engranaje.» · La misión de una unidad de élite que reportaba a la oficina de Netanyahu: «frustrar la paz».
Y acaso lo más perturbador: no todos hablan con culpa. Algunos hablan desde el orgullo profesional, presumiendo de la sofisticación de sus sistemas. No son soldados atormentados: son técnicos eficientes de un crimen de Estado.
Las decenas de miles de muertos civiles no son un trágico error de cálculo: son un acto «premeditado, calculado e intencionado». Un genocidio, como ya lo llaman hasta los informes de la ONU y los documentos de la Corte Penal Internacional.
04 · Derechos abolidos
La vida y la presunción de inocencia
La Declaración Universal proclama el derecho a la vida (art. 3) y la presunción de inocencia (art. 11). El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos establece que el derecho a la vida es no derogable: ni guerra, ni terror, ni emergencia alguna permiten suspenderlo. NAZA documenta su abolición sistemática:
Nadie fue acusado —la máquina te marcó por patrones telefónicos. Nadie fue juzgado —solo escucharon tu casa para confirmar que estabas, con tus hijos, bajo el techo que iban a demoler. Nadie fue condenado, pero todos fueron ejecutados.
Esto es, en términos jurídicos, ejecución extrajudicial arbitraria y sumaria —prohibida sin excepción—, homicidio intencional contra civiles protegidos y la base material de los crímenes de lesa humanidad. Que el 15% de error se fije por norma no describe negligencia: describe política.
05 · El proyecto de fondo
Expulsar y repoblar
La maquinaria militar sirve a un proyecto político confeso: los mismos ministros que hoy persiguen a los cineastas —Ben Gvir incluido— promueven la «migración voluntaria» —expulsión— de los gazatíes y la colonización de Gaza, proyecto elevado a propuesta oficial por Washington: «tomar» Gaza y convertirlo en «la Riviera de Oriente Medio». La Corte Internacional de Justicia dictaminó en julio de 2024 que la ocupación es ilegal y debe terminar, imponiendo a todos los Estados el deber de no asistirla. El traslado de población a territorio ocupado es crimen de guerra tipificado.
06 · La ingeniería de la irresponsabilidad
Por qué la inteligencia artificial
¿Para qué la IA en Gaza? Para matar a una escala que ningún aparato humano toleraría, a una velocidad que ningún escrutinio permitiría y, sobre todo, para que nadie sea responsable. Un técnico programó, un agente procesó, el algoritmo recomendó, un operador confirmó, un superior firmó, un dron disparó: cada eslabón es «un pequeño engranaje». La IA no elimina la responsabilidad humana: la reorganiza y la disuelve, presentando decisiones letales como problemas de datos.
Si cada eslabón es «solo un engranaje», ¿quién firma cada muerte? ¿Puede un algoritmo ser inocente? Comenta.
07 · El escándalo
Premios para la película, persecución para los mensajeros
La respuesta internacional fue un grito: 25 minutos de aplausos, el Premio Especial del Jurado, la producción de The Guardian y de Jonathan Glazer —autor de La zona de interés, sobre la banalidad del mal junto a Auschwitz—, y el anuncio de que NAZA se podrá ver gratuitamente en streaming desde noviembre de 2026.
La respuesta israelí fue la persecución. El ejército calificó el documental de «falso»; Netanyahu lo llamó «intolerable» y amenazó con revocar la ciudadanía de Abraham y Szor; el ministro de Cultura habló de «traición al Estado»; Ben Gvir los llamó «vergüenza y deshonra». Hubo manifestaciones frente a la casa de los padres de Szor y amenazas públicas.
Israel objeta que los testimonios «no pueden verificarse de forma independiente»… en un territorio al que Israel prohíbe entrar a los periodistas internacionales. El sistema que impide ver es el mismo que exige ver para creer.
Como recordó Abraham al recoger el premio, más de 200 periodistas palestinos han sido asesinados por Israel en Gaza: voces «silenciadas y negadas». No es casual que las confesiones de los ejecutores reciban más atención mundial que los filmes de las propias víctimas. ¿A quiénes se escucha? Esa asimetría también es parte del crimen.
08 · Las voces
Las instituciones que ya dijeron basta
NAZA llega sobre un acumulado demoledor: la CIJ ordenó a Israel medidas provisionales para prevenir actos genocidas; la CPI emitió órdenes de captura contra Netanyahu y Gallant por crímenes de guerra y de lesa humanidad, incluida el hambre como método de guerra; Amnistía Internacional concluyó que Israel ha cometido genocidio; Human Rights Watch documentó el exterminio y la hambruna como arma; la relatora Francesca Albanese y B’Tselem, desde el propio Israel, hablaron de genocidio. Y sobre todo ello, el poder que financia «gran parte de las matanzas», según Abraham: Estados Unidos. «Negar un crimen es lo que hace que persista.»
09 · El laboratorio se exporta
América Latina y África en la mira
Gaza no es solo un crimen: es un showroom. La industria israelí vende tecnología «probada en combate», y el circuito ya opera: el espionaje Pegasus ha infectado teléfonos de periodistas, defensores de derechos y abogados del caso Ayotzinapa en México, de periodistas en Marruecos, de disidentes en Ruanda, y alcanzó en 2025 entornos presidenciales en Colombia. La doctrina NAZA —listas por algoritmo, vigilancia masiva, muerte precalculada como procedimiento administrativo— se ofrece como manual a cualquier fuerza de seguridad del planeta.
Si la humanidad acepta que en Gaza era legítimo matar a 500 personas con una firma en una pantalla, mañana esa lógica operará en los barrios de América Latina y África. La impunidad en Gaza no es una tragedia lejana: es un permiso universal.
Si mañana un gobierno de tu país compra esta doctrina «probada en combate», ¿a quién marcaría el algoritmo? ¿A quién protegería? Comparte tu análisis.
10 · Llamado a la acción
Qué podemos hacer, ahora
- Ver y difundir NAZA —gratuita desde noviembre—. Cada proyección es un acta de acusación. Defender a Abraham y Szor de la persecución estatal.
- Alto el fuego permanente e ingreso masivo, sin condiciones, de ayuda humanitaria.
- Embargo total de armas a Israel: suministrarlas es complicidad legal.
- Ejecución de las órdenes de la CPI y sanciones a los responsables del sistema NAZA.
- Cortar la complicidad tecnológica y corporativa: algoritmos, nubes y financiación de la maquinaria de muerte.
- Suspensión de los acuerdos UE-Israel e implementación del dictamen de la CIJ.
- Prohibición internacional de la selección de objetivos por IA, antes de que el «juicio por algoritmo» sea rutina global.
- Justicia por los más de 200 periodistas asesinados y protección de quienes siguen informando.
- Justicia para Palestina: fin del asedio, autodeterminación, reconstrucción y retorno.
«Israel sigue matando civiles en Gaza en estos momentos…
mientras los demás vamos en el cine.»
Ya no podemos decir que no sabíamos. Lo confiesan los propios ejecutores, con nombres de sistema, umbrales y protocolos. NAZA ha dejado de ser un acrónimo militar: es el nombre que este siglo le puso al exterminio burocrático. Cada línea de código tuvo un autor; cada umbral de 500 muertos, una firma; cada silencio, un responsable. Si el mundo deja pasar esta película, habrá firmado que cualquier pueblo podrá ser convertido en NAZA —en daño colateral— por el simple hecho de que una máquina, y un Estado, decidieron que ya no era inocente.
Fuentes: documental NAZA (2026), de Yuval Abraham y Rachel Szor — The Guardian, declaraciones en el Festival de Venecia — CIJ, CPI, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, B’Tselem e informes de la ONU.

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