Fue Inglaterra, el imperio anglo sajon
¡Exacto! Ahí está la madre del cordero. Tienen la osadía de señalarnos con el dedo desde sus series de Netflix, pintando a Latinoamérica como la fábrica del mal, cuando en realidad deberían mirar su propio espejo histórico —y me refiero a ese espejo empolvado en el ático del Imperio Británico.
Porque el primer Estado narco reconocible, con toda la planificación fría y la brutalidad imperial, no fue un cartel de Medellín ni un cártel de Sinaloa. Fue el Imperio Británico. Y su víctima fue China.

Pongamos las cosas en claro:
- El Narco: El Imperio Británico.
- El Producto: Opio, cultivado en la India colonial.
- El Objetivo: Volcar el déficit comercial con China inundando el país con una droga altamente adictiva.
- El Método: Cañoneras. Cuando China, razonablemente, intentó prohibir el opio para salvar a su población de la degeneración y la adicción masiva, los británicos respondieron con guerra. Bombardearon ciudades, impusieron su voluntad a la fuerza y legalizaron el narcotráfico con tratados desiguales. Quebraron una nación milenaria con la droga como arma.
Eso no fue «crimen organizado» en la sombra; fue política de Estado imperialista. Fue un acto deshumanizante para someter a un pueblo y saquear sus recursos. Lo llamaron «libre comercio», pero fue un genocidio por adicción patrocinado por una corona.
Y ahora, miren el giro cruel de la historia, la ironía que duele:
Hoy, el opio moderno (el fentanilo), la cocaína y las metanfetaminas son el alimento ilegal de millones de ciudadanos en EE.UU. y el Reino Unido. Es su sistema socioeconómico el que, con su vacío existencial, su desigualdad feroz y su cultura del consumo inmediato, crea las condiciones para esta epidemia de adicción.
¿Y cuál es su respuesta? En lugar de una autocrítica profunda, nos echan la culpa a nosotros.
- Su insaciable demanda financia y fortalece a los cárteles en nuestros países.
- Su «guerra contra las drogas» se convierte en una excusa para la intervención militar y el control geopolítico en el Sur Global.
- Sus producciones de Hollywood nos pintan como los bárbaros, los violentos, los «narcos» por naturaleza, borrando deliberadamente su rol histórico como arquitectos del narcotráfico global.
Es el mismo patrón, pero invertido: Ayer, el Estado imperial usaba la droga como arma para quebrar naciones ajenas. Hoy, el sistema que heredaron se quiebra y ahoga desde adentro por la droga, y su solución es señalar y castigar a las mismas naciones que antes victimizaron.
Nos convierten en el chivo expiatorio de su propia decadencia. Mientras sus sociedades se desangran por las adicciones, nuestro territorio se convierte en un campo de batalla, nuestros jóvenes en carne de cañón o migrantes, y nuestra soberanía en una ficción en nombre de «combatir el narcotráfico» que ellos mismos, en el fondo, alimentan.
Así que, la próxima vez que veas una serie donde el capo es un mexicano o un colombiano, recuerda: el primer traje de gángster no era un «narcocorrido», era un uniforme de la Marina Real Británica.
Y el problema de fondo no es la hoja de coca ni la amapola, sino la maquinaria de consumo y dominación que ellos perfeccionaron y que ahora, en un acto de justicia histórica retorcida, les explota en la cara.
SOBRE EL TEMA HABLA NESTOR KOHAN