Mario de la Riva
Manifiesto Emancipante ante un proceso electoral programado para el año 2026 en el Perú nuestro de cada día.
Un llamado a la liberación de nuestros pueblos: ¡Por una elección que rompa las cadenas del colonialismo y el neoliberalismo!
¡A los guardianes del sistema electoral, pero también al corazón insurgente de los pueblos originarios y laborantes del Perú!
Nos dirigimos a ustedes no como meros ciudadanos pasivos, sino como sujetos históricos de cambio, como portadores de las luchas ancestrales de nuestros antepasados y como constructores de un futuro libre de opresión. No venimos a pedir limosnas democráticas ni a confiar ciegamente en instituciones que han sido diseñadas para servir a intereses externos y oligárquicos. Venimos a exigir, con firmeza revolucionaria, que el proceso electoral sea una herramienta de liberación, no de dominación.
El Perú no es solo un territorio dividido en regiones; es un territorio vivo, habitado por pueblos indígenas, comunidades campesinas, trabajadores urbanos y marginados históricos que han resistido siglos de colonialismo, explotación y saqueo. Somos herederos de culturas milenarias que han sabido organizarse sin necesidad de imitar modelos occidentales impuestos. Por eso, no podemos permitir que este proceso electoral se convierta en un espectáculo vacío, controlado por élites políticas desvinculadas de nuestras realidades, o peor aún, en un fraude que legitime el continuismo del sistema injusto e inequitativo que nos oprime.
Hoy, ante la posibilidad de inscribir a más de cuarenta y dos partidos políticos, hacemos un llamado no desde la sensatez burguesa, sino desde la urgencia revolucionaria. No queremos más partidos que sean títeres de intereses extranjeros, empresas transnacionales o grupos económicos que solo buscan perpetuar el saqueo de nuestros recursos naturales y la explotación de nuestra gente. Exigimos que las organizaciones políticas que aspiren a representarnos estén profundamente arraigadas en los territorios, en las comunidades y en las luchas populares. Que sean expresión genuina de la resistencia y la soberanía de nuestros pueblos.
Para ello, proponemos criterios revolucionarios que garanticen la autenticidad y pertinencia de las organizaciones políticas:
1. Presencia territorial desde la cosmovisión comunitaria: Que cada organización política demuestre su conexión real con las comunidades, no solo a través de oficinas o discursos, sino mediante prácticas concretas de trabajo colectivo, defensa del territorio y respeto a los saberes ancestrales. Que sus bases estén enraizadas en los ayllus, las comunidades campesinas y las organizaciones barriales, no en las élites urbanas desconectadas de la realidad.
2. Locales partidarios como espacios de lucha y organización popular: Que estos espacios no sean simples oficinas burocráticas, sino centros vivos de articulación política, educación popular y resistencia cultural. Que sean lugares donde se construyan propuestas desde abajo, donde se escuche la voz de los excluidos y donde se fortalezcan las redes de solidaridad entre los pueblos.
3. Liderazgos surgidos desde las luchas y no desde los privilegios: Que los representantes de estas organizaciones sean personas reconocidas por su compromiso con la justicia social, ambiental y cultural. Que no sean tecnócratas ni burócratas, sino líderes orgánicos que hayan caminado junto al pueblo, compartiendo sus dolores y sueños, y imponiendo sus derechos frente a las injusticias.
Los pueblos del Perú merecen algo más que partidos políticos al servicio del capital. Necesitamos instrumentos de transformación radical que enfrenten el colonialismo interno, el extractivismo depredador y el racismo estructural que sigue marginando a nuestras culturas originarias. No queremos líderes que se arrodillen ante el Fondo Monetario Internacional o que vendan nuestras tierras y aguas a las corporaciones transnacionales. Queremos líderes que defiendan la vida, la Pachamama y la dignidad de nuestros pueblos.
Permitir la participación de decenas de partidos sin un filtro que garantice su conexión real con las comunidades sería un acto de traición a la memoria de Túpac Amaru II, María Parado Jayo y todas las figuras que dieron su vida por nuestra liberación. Sería legitimar un sistema que ha convertido la democracia en una farsa al servicio de los poderosos. Quienes promuevan esta traición deben ser señalados como cómplices del colonialismo moderno y del imperialismo global.
Exigimos que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), aunque sea parte de un sistema diseñado para mantener el statu quo, pueda escuchar el clamor de los pueblos. Les exigimos que actúen con transparencia absoluta y que garanticen que este proceso electoral no sea una permanente herramienta de entretenimiento sin vinculación, sino una oportunidad para que los pueblos del Perú tomen en sus manos su destino.
¡Por un Perú donde la voz de los pueblos originarios y laborantes constituyan la brújula del cambio!
¡Por una forma de gobierno que no imite modelos occidentales, sino que nazca de nuestras propias formas de organización y resistencia!
¡Por un futuro donde la soberanía, la justicia y la dignidad sean los pilares de nuestra patria grande!
Con fuego revolucionario y esperanza colectiva,
Los pueblos peruanos en lucha.
