
En 1922, en el diario “El Bien Público” (Montevideo-Uruguay), el escritor peruano Juan Parra del Riego -radicado en ese país desde 1916-, publicó una serie de artículos bajo el seudónimo de Juan Cristóbal. Una de dichas colaboraciones llevó como título “Solos de Lápiz” donde indicó:
“Ese que en el café nos muerde de pronto la opinión generosa con una palabra cínica. Ese que tras el amigo que se despide lanza la pulla sesgada e hiriente. El de la sonrisita. El que dice siempre el chiste que mata, y sin embargo, nos hace sonreír con cobardía. Y aquel del “pero” … sistemático. Y el otro del “dicen” … socarrón. Todos esos son los hombres tóxicos. Es decir, los que envenenan. Los que a su contacto inoculan un virus sordo que daña el alma, y desorienta y carcome el raigón de las más empinadas y viriles afirmaciones” (1943:169).
…Intelectual” es producto de este sencillo proceso: destruir toda idea colectivizada e imponer las ideas individualizadas….
La falta de honestidad es un grave problema social que el sistema capitalista ha sabido canalizar en función de un interés mayor y supremo: “La individualización del individuo”. Este acto extremadamente cultural y político, se siente en el ambiente de los medios de comunicación y de los centros de enseñanza superior: las universidades. El proclamado –mejor dicho, autoproclamado- “Intelectual” es producto de este sencillo proceso: destruir toda idea colectivizada e imponer las ideas individualizadas. Pero, este acto no puede ser ni directo ni abierto. Por el contrario, es indirecto y furtivo. Camuflado. Escondido. Con carácter esquivo: “Dicen” … y luego toda la perorata continúa como rumor o chisme. Parra agregó:
“Los hombres tóxicos van al café. Nos detienen en la calle. Son esos hombres hormiguitas de las confiterías. Siempre los espectadores de la acción. No actúan en política, y hablan de los políticos. No son artistas y critican la obra de arte. Un ocio tenaz, desorbitado y trashumante los coloca siempre en cierta prudente platea. Y desde ahí intoxican, ríen, desmenuzan, arañan, babean. Ellos saben todo. Es decir, todo los que es serrín para la joroba grotesca de polichinela. Son los que se encargan de llevar la estadística de todas las pequeñas faltas, los mínimos errores, los inevitables fracasos de nuestra vida para hacerlos relucir con una memoria homeopática en los días en que el triunfo nos sacude un corazón lleno de panderetas y cascabeles” (1943:169-170).
Los hombres hormiguitas lo saben todo, pero no se involucran con nada. Estos seudo intelectuales opinan de todos los aspectos de la vida humana, incluso de la vida personal de los individuos que les rodean. Critican a quienes se han incursionado en la actividad política, pero jamás asumirán algún cargo político por considerarse “moralmente superiores”. Y, de esta forma, inoculan el virus del individualismo entre los demás. El objetivo es presentarse como muy espíritus muy superiores que jamás “se mancharán” con la política de los “corruptos” y, de esta manera, son el “mejor ejemplo” frente a sus estudiantes y seguidores. Pero, soterradamente, mantienen conversaciones con aquellos grupos políticos que –con su activismo- sostienen el sistema vigente. Son los “intelectuales” del sistema. Asiduos asistentes a los medios de comunicación propiedad de la gran burguesía y – ¿por coincidencia? – sus libros son presentados como los “mejores” para comprender este país.
Esos hombres hormiguitas que opinan de todo y por todo. Aunque, su mirada “crítica” sólo lo es contra aquellas ideas o acciones que favorecen las propuestas en pro de la colectivización. Por el contrario, sus “mejores opiniones” (aquellas que son vendidas como producto de un “especialista”) siempre estarán a favor del sistema vigente y su política individualista. Son los que dicen que “el pobre es pobre porque quiere”. Son los que se presentan como una suerte de héroes de tragicomedia cuando propagan que “Yo trabajé desde muy joven para pagarme la universidad”, olvidando que trabajan en una Universidad Nacional y sus alumnos también trabajan, pero para ayudar en el hogar.
Esos hombres hormiguitas son los mejores mantenidos por el sistema. Su función es muy importante y relevante. Todos los días inoculan las ideas que el capitalismo necesita para mantenerse vigente. Critican a Marx; pero jamás lo han leído. Critican a José Carlos Mariátegui; pero jamás lo han leído. Se proclaman “apolíticos”; pero son los más politizados. Critican a las ideologías; pero son firmes en su ideología neoliberal y posmoderna. Critican los sindicatos de obreros; pero felicitan a los gremios empresariales. Critican el nacionalismo; pero hacen negocios con la cultura popular. Y, lo que es peor, critican a los hijos de los demás; cuando sus hijos son peores que los hijos de los demás.
Un siglo después de su muerte, los textos en prosa de Juan Parra del Riego están muy vigentes. Será por ello que sólo rescatan al poeta.
*Parra del Riego, Juan. Solos de Lápiz [1922]. En: Prosa. Biblioteca de Cultura Uruguaya. Montevideo-Uruguay. 1943.
….Un ocio tenaz, desorbitado y trashumante los coloca siempre…(a los hombres hormiguitas)… en cierta prudente platea. Y desde ahí intoxican, ríen, desmenuzan, arañan, babean…..Juan Parra del Riego