Inti Raymi, 24 junio

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El Mundo Andino: Legado Despreciado, Aporte Invisible

Jorge Perazzo

El 24 de junio, día del Inti Raymi, ha quedado reducido en el imaginario nacional a un espectáculo folklórico, una postal turística vacía de reflexión.

Sin embargo, detrás de esta fecha yace una deuda histórica: el Perú republicano se ha construido sobre el saqueo material y cultural del mundo andino, menospreciando sus aportes mientras depende de ellos.

Las montañas no solo generan el agua que irriga los desiertos costeños y sustenta la Amazonía, sino que también proveen los minerales que financian el presupuesto nacional, los alimentos que llegan a las ciudades y la biodiversidad que enriquece nuestro territorio.

Pero, sobre todo, el Ande guarda un legado ético y civilizatorio que la República, heredera del colonialismo, insiste en ignorar.

El Ande como sostén invisible del Perú Economistas reconocidos afirman que «las regiones andinas aportan más al PBI nacional en recursos naturales y tributos de los que reciben en inversión social». Los impuestos de la minería —cuya riqueza se extrae de Cajamarca, Huancavelica, Pasco o Apurímac— financian carreteras y represas en la costa, donde el agua andina irriga los latifundios agroexportadores.

Mientras tanto, las comunidades que preservan esas fuentes hídricas sobreviven con escuelas precarias, postas médicas abandonadas y políticas agrarias que privilegian monocultivos foráneos sobre la quinua o la papa nativa.

Academicos e investigadores señalan que «el ‘desarrollo’ republicano repite el patrón colonial: ve al Ande como un espacio de extracción de recursos».

El oro de los invasores españoles se convirtió en el cobre de las transnacionales; las haciendas virreinales, en los latifundios modernos que usan agua represada con dinero público.

El Estado peruano, diseñado desde Lima, trata al mundo rural como un apéndice, no como un actor político. El legado cultural robado El Ande no es solo economía: es memoria. El Inti Raymi no debería ser un show, sino un recordatorio de que el Tahuantinsuyo fue una civilización que manejó el agua con ingeniería avanzada, practicó la reciprocidad (*ayni*) y gobernó sin explotar la tierra.

Nuestro recordado José María Arguedas ya denunció que la República «mestiza» despreció estos valores, imponiendo una educación que humilla lo indígena.

Hoy, el sistema escolar en zonas andinas sigue siendo una herramienta de aculturación, mientras universidades limeñas estudian los «saberes ancestrales» como curiosidad antropológica, no como base para políticas públicas.

24 de junio: ¿Rito vacío o oportunidad?

Este día debe trascender el baile y el turismo. Debe ser un llamado a:

1. Reconocer la deuda histórica: El Perú no existiría sin el Ande. Es hora de redistribuir la riqueza: presupuestos justos para salud bilingüe, agricultura sostenible y protección de cabeceras de cuenca.

2. Valorar la ética andina: La cosmovisión que respeta la Pachamama ofrece alternativas ante la crisis climática y la desigualdad. Como dice el líder aymara Fernando Huanacuni, «el ‘vivir bien’ no es pobreza, es equilibrio».

3. Descolonizar el poder: El centralismo limeño debe ceder espacio a gobiernos regionales con voz real, no solo cuando convenga a las élites.

El Inti Raymi no es folklore: es un espejo. Refleja un país que bebe del agua andina pero envenena sus ríos, que celebra su cultura en museos pero niega derechos a sus hijos. La nueva República solo surgirá cuando el Perú asuma que su futuro depende de hacer justicia a su raíz andina.

Como escribió Arguedas: «No somos colonos de nadie ya». Es hora de actuar como tal. El Ande no necesita homenajes: exige justicia.

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