BRASIL DIJO NO AL NEOCOLONIALISMO DE ESTADOS UNIDOS

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Por Serafín Mondragón Juárez.

Un poderoso movimiento social organizado y espontáneo, protagonizado por hombres y mujeres brasileños que apostaron por la democratización de la sociedad, la continuidad del mejoramiento del nivel de vida de los históricamente postergados y por el patriotismo como expresión de dignidad frente al neocolonialismo imperialista, se hizo de la histórica victoria de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil.

El candidato del Partido de los Trabajadores logró una remontada histórica en la segunda vuelta electoral celebrada el 25 de octubre de 2026, al imponerse con el 51,79 % frente a Flávio Bolsonaro, que obtuvo el 48,21 %, según anunció el Tribunal Superior Electoral (TSE) con el 100,00 % escrutado. Los electores de Lula sumaron 64.256.232 votos, y los de Bolsonaro, 59.826.041. Lula da Silva logró 10.376.694 votos más que los obtenidos en la primera vuelta; en cambio, el candidato del Partido Liberal también incrementó su votación en 3.721.538, según consigna la BBC.

El triunfo electoral de la izquierda brasileña es un aliento para los movimientos populares de nuestra América y plantea la tarea urgente del frente unido para el desarrollo de los países y de lucha contra la injerencia imperialista. Esta disputa electoral se desarrolló sobre infraestructuras controladas por las grandes corporaciones tecnológicas estadounidenses, pero fueron eficazmente contrarrestadas por la organización colectiva.

En esa organización de nuevo tipo encontramos la clave de la derrota de la ultraderecha. El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, las centrales sindicales, el movimiento estudiantil y los colectivos juveniles, feministas y vecinales intensificaron las movilizaciones en las calles, universidades, barrios y redes sociales. El «Ejército de Lula», impulsado por el diputado André Janones, reunió cerca de 11 millones de seguidores en WhatsApp; además, importantes figuras de la música y la cultura manifestaron públicamente su apoyo a través de campañas digitales como el video musical «Bora, Lula» (Vamos, Lula), y conciertos de artistas como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque, Xuxa (cantante y conductora de televisión) y Gal Costa (quien lo respaldó siempre).

La trascendencia del triunfo del pueblo brasileño se expresa en el impacto de este resultado político en tres aspectos clave: un freno estratégico a los intentos de Estados Unidos de consolidar su imposición hegemónica en América Latina, el fortalecimiento de los BRICS y la consolidación del multilateralismo.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha promovido una estrategia de alineación ideológica con gobiernos de derecha (Argentina, Colombia, Chile, Perú) para establecer su dominio a través de su «Escudo de las Américas»; por ende, la derrota de Bolsonaro es un bloqueo a sus pretensiones neocoloniales. En los BRICS, Brasil es una potencia agroalimentaria y energética, y posee las mayores reservas mundiales de minerales de tierras raras. De los envíos mundiales, China recibe el 30 % de las exportaciones de Brasil, como la soja, el petróleo crudo y el mineral de hierro. Rusia sigue siendo un destino estratégico para nichos como las carnes y la soja. En sus transacciones comerciales facilitan el intercambio con monedas locales. Brasil aboga por una mayor representación del Sur Global en instituciones financieras internacionales y organismos multilaterales, e impulsa una diplomacia autónoma y la integración regional en concordancia con la visión del multilateralismo inclusivo y la multipolaridad.

Es importante enfatizar que la victoria presidencial no significa un cambio en la correlación de fuerzas si observamos que Lula seguirá gobernando sin mayoría propia en el Congreso y en el Senado, con el predominio de fuerzas reaccionarias, lo que genera contradicciones con las propias organizaciones populares protagonistas de la victoria electoral. Estas organizaciones vienen exigiendo transformaciones sociales más profundas, como la reforma agraria y una menor dependencia del capital financiero, además de cuestionar y rechazar decisiones de política exterior respecto al Gobierno de Venezuela y el veto a la incorporación de este país a los BRICS. El rol protagónico del pueblo organizado será decisivo en esta nueva etapa para las transformaciones revolucionarias que son urgentes en la sociedad brasileña, así como para la no menos prioritaria unidad de los pueblos latinoamericanos.

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