Militarización y dictadura del mercado

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Un análisis del modelo Bukele auspiciador por Washington que desarrolla los paises del Escudo de las Americas

El Bukelismo: Anatomía de un Poder Sin Árbitros
GRUPO EMANCIPADOR ANÁLISIS POLÍTICO · AMÉRICA CENTRAL

El poder sin árbitros

El bukelismo: anatomía de un poder sin árbitros

Vea al final la fuente en video. Cómo Nayib Bukele desmontó el campo político salvadoreño, qué costó en derechos humanos y laborales, quién auspicia y se beneficia en Washington, y por qué media América Latina intenta copiar el modelo.

El 9 de febrero de 2020, Nayib Bukele entró a la Asamblea Legislativa de El Salvador escoltado por militares fuertemente armados. No fue una anécdota aislada: fue la escena fundacional de un proyecto de poder que, seis años después, ha reconfigurado por completo las reglas del juego político salvadoreño, y que hoy se exporta como modelo a media región.

Este análisis retoma la lectura que hace el sociólogo Pierre Bourdieu sobre los campos de poder y el hábitus del miedo para entender no solo qué hizo Bukele, sino por qué millones de salvadoreños lo respaldan pese al costo documentado en derechos humanos, laborales y económicos.

89,000+ personas detenidas arbitrariamente o sin debido proceso bajo el régimen de excepción
403 muertes documentadas bajo custodia del Estado, incluidos cuatro niños
60+ sindicatos eliminados en centros de trabajo públicos y privados desde 2019
92% del PIB representa hoy la deuda pública salvadoreña

01Un campo político destruido, no reformado

Un campo político sano necesita jugadores rivales que acepten las mismas reglas y árbitros independientes que las hagan cumplir. ARENA y el FMLN se odiaban, pero ambos aceptaban que la Sala de lo Constitucional podía frenar una ley y que la Fiscalía podía investigar corrupción. Bukele no destruyó esas instituciones por corruptas: las destruyó porque eran árbitros.

En mayo de 2021, la nueva Asamblea —ya controlada en su totalidad por Nuevas Ideas— destituyó en una sola madrugada, sin debate, a los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional y al fiscal general. Fue el punto de quiebre: desde entonces, los nuevos magistrados no son independientes, son leales, y han inventado interpretaciones jurídicas para permitir lo que la Constitución prohibía expresamente, incluida la reelección presidencial indefinida aprobada en julio de 2025.

02La fuente ideológica: populismo securitario de mercado

El bukelismo no responde a una ideología programática clásica. Es un híbrido: mano dura autoritaria en seguridad, discurso tecnocrático-empresarial de «país como startup», apertura al capital financiero internacional y a las criptomonedas, y una comunicación política construida como marca personal antes que como partido.

Su razonamiento explícito sostiene que la democracia liberal tradicional: separación de poderes, debido proceso, control judicial, fue precisamente lo que permitió que pandillas y corrupción capturaran el Estado durante décadas. La conclusión política es directa: para reconstruir el orden hay que suspender esas garantías. El propio Bukele resume su gestión fiscal con una frase que ha repetido públicamente: el dinero alcanza «cuando nadie roba». En la práctica, los datos muestran que se ha sostenido más con sobreendeudamiento que con esa eficiencia prometida.

03El hábitus del miedo: por qué millones lo apoyan

Aquí es donde Bourdieu se vuelve indispensable. El hábitus no es una opinión que se elige: es una estructura mental y corporal formada por la experiencia vivida. Y la experiencia salvadoreña de las últimas cuatro décadas es una historia de violencia tan brutal y constante que reconfiguró lo que toda una sociedad entiende como aceptable.

Entre 1980 y 1992, la guerra civil dejó 75,000 muertos. En 2015, El Salvador registró la tasa de homicidios más alta del mundo fuera de zonas de guerra activa. Tres generaciones crecieron sabiendo que la violencia no es la excepción, es la regla —y que ARENA prometió seguridad y entregó corrupción, mientras el FMLN prometió transformación social y reprodujo clientelismo.

La contradicción central

Una abuela de un mercado de San Salvador, que vivió la guerra civil y décadas de extorsión de pandillas, dice hoy que no le importa si Bukele se queda cien años en el poder, porque por primera vez sus nietos juegan tranquilos en la calle. Su alivio es real. Pero ese mismo alivio es también el mecanismo por el cual una sociedad entera cede, sin deliberarlo del todo, el control que en el futuro le permitiría corregir el rumbo.

04Violaciones documentadas de derechos humanos

Un informe del Grupo Internacional de Expertas y Expertos (GIPES), presentado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en marzo de 2026, concluyó que existen bases razonables para sostener que se están cometiendo crímenes de lesa humanidad conforme al Estatuto de Roma: encarcelamiento arbitrario, tortura, asesinatos, desapariciones forzadas, violencia sexual y persecución, como parte de una política conocida por los mandos más altos del gobierno.

  • El propio Bukele reconoció públicamente que al menos 8,000 personas detenidas eran inocentes.
  • Organizaciones como el Instituto de Derechos Humanos de la UCA documentan tortura sistemática en las cárceles del régimen de excepción.
  • La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos mantiene sin publicar informes internos ya elaborados sobre estas violaciones, según reportes periodísticos recientes.

05El frente que casi nadie discute: derechos laborales

La cobertura internacional de Bukele se centra casi siempre en seguridad. Pero una de las principales confederaciones obreras salvadoreñas denunció en 2026 la eliminación de más de 60 sindicatos en centros de trabajo públicos y privados desde 2019, con más de 200 organizaciones adicionales reportando vulneraciones a su libertad sindical.

Durante el período se han despedido más de 47,000 trabajadores del sector público y unos 15,000 del sector privado, incluidos 550 dirigentes sindicales. El gobierno, mientras tanto, gestiona activamente la salida de El Salvador de la lista de países señalados por la Organización Internacional del Trabajo por incumplir normas laborales —una gestión de imagen más que una corrección de fondo.

06Efectos económicos: seguridad financiada con deuda

La deuda pública salvadoreña ha crecido en más de 14,500 millones de dólares durante el gobierno de Bukele —más que lo acumulado por los tres gobiernos anteriores juntos— hasta representar cerca del 92% del PIB. En 2025 El Salvador firmó un ajuste fiscal de 1,400 millones de dólares con el FMI, que ha implicado recortes en salud, educación y despidos masivos en el sector público.

Citi Research advirtió que la perpetuación de Bukele en el poder mediante la reelección indefinida puede ahuyentar la inversión extranjera. En efecto, la inversión extranjera directa muestra cifras negativas y cerca de dos millones de salvadoreños viven en pobreza absoluta, mientras el gasto militar y de seguridad crece de forma sostenida.

07La complacencia de Washington: el pacto del CECOT

En 2025, la administración Trump —a través del secretario de Estado Marco Rubio— firmó con Bukele un acuerdo migratorio: El Salvador acepta recibir deportados de terceras nacionalidades, incluidos criminales convictos, a cambio de un pago anual cercano a 20,000 dólares por cada detenido alojado en el CECOT.

Una investigación conjunta de El Faro y el programa Frontline de PBS documentó que el pacto funciona como intercambio político: Bukele recibe legitimación internacional —Trump llegó a describirlo como el «dictador más cool del mundo»— a cambio de prestar infraestructura carcelaria salvadoreña al objetivo de deportación masiva de Washington, lo que además permite a la Casa Blanca evadir el escrutinio judicial interno sobre el trato a migrantes.

El caso de Kilmar Ábrego García, un residente de Maryland deportado por error al CECOT, se convirtió en símbolo internacional de los riesgos de ese acuerdo.

08Un modelo que se exporta por la región

El «modelo Bukele» se ha convertido en marca política regional, replicada con distinto grado de fidelidad:

  • Ecuador: Daniel Noboa declaró un «conflicto armado interno» contra el crimen organizado en 2024, con militarización y megacárceles inspiradas en el CECOT —aunque analistas señalan que importó la estética del bukelismo sin lograr resultados comparables, dadas las diferencias estructurales entre ambos países.
  • Honduras: el gobierno explora una agencia de combate al crimen inspirada parcialmente en la experiencia salvadoreña.
  • Guatemala: candidatos presidenciales han instalado la consigna de «mano dura» en clave salvadoreña.
  • Argentina: figuras del gobierno de Javier Milei han elogiado el modelo y confirmado cooperación en seguridad con El Salvador.
  • Brasil: el precandidato Flávio Bolsonaro calificó el modelo como «inspirador» para su campaña de seguridad de 2026.
  • Peru: En el programa de Keiko la militarizacion de la seguridad aparece como prioridad y hoy demanda facultades para dar leyes directamente y su cercania con Trump y los operadores de bots que alteran voto electoral es ahora conocido
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09La pregunta que queda abierta

El bukelismo ofrece una ganancia real: la tasa de homicidios cayó de forma drástica y la vida cotidiana en las calles mejoró para buena parte de la población. Ese es un dato que ninguna crítica seria puede ignorar. Pero esa ganancia se construyó destruyendo, no reformando, el campo político salvadoreño: miles de detenciones sin vínculo probado con pandillas, cientos de muertes bajo custodia, sindicatos desmantelados, deuda que compromete a las próximas generaciones y, sobre todo, la eliminación de cualquier institución capaz de frenar al poder ejecutivo en el futuro —incluida la que permitiría, algún día, sacarlo del poder por la vía democrática.

La pregunta que deja planteada el marco de Bourdieu no es si la gente eligió mal. Es si una sociedad puede llamarse a sí misma libre cuando su hábitus, formado por décadas de terror, ya la predispuso a ceder ese control antes de que la decisión llegara siquiera a plantearse como una deliberación consciente.

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Fuentes consultadas: Human Rights Watch, Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Grupo Internacional de Expertas y Expertos (GIPES), Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), El Faro, Gato Encerrado, WOLA, Citi Research y Foro Económico Mundial. Cifras verificadas a la fecha de publicación; se recomienda contrastar datos específicos contra la fuente original antes de su reproducción.

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