CENSO 2026: Los problemas se agravan

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Datos preliminares confirman que el modelo no genera ni bienestar ni progreso real

Jorge Perazzo, a partir de datos preliminares del ultimo censo

EL CENSO DE LA TRAGEDIA: LA ESTAFA NEOLIBERAL QUE CONDENÓ A PERÚ Y AMÉRICA LATINA

Los primeros resultados del Censo de 2020 no son un mero retrato estadístico; son la radiografía de un crimen social en cámara lenta. Lo que revelan los datos no es un país en transición hacia el desarrollo, sino la consolidación de un modelo neoliberal depredador que ha sacrificado a sus jóvenes, abandonado a sus ancianos y arrasado con su campo. Lo que ocurre en Perú es el espejo aterrador de una América Latina que comparte nuestras mismas taras estructurales: un 36% de dependencia juvenil que no cede, un envejecimiento acelerado sin sostén económico y una migración del campo a la ciudad que destroza la soberanía alimentaria.

LA JUVENTUD ATRAPADA: EL DESPERDICIO DE CAPITAL HUMANO

Hablar de un 36% de jóvenes peruanos que siguen dependiendo de terceros (familia, Estado, informalidad) es admitir un fracaso absoluto. Este porcentaje, prácticamente idéntico al de países hermanos con características socioeconómicas similares, demuestra que la región es una fábrica de frustraciones. ¿Qué significa esta dependencia en términos reales? Significa que el sistema no genera los empleos formales, bien remunerados y con derechos que permitan a un joven construir un proyecto de vida.

No estamos frente a una generación «con pereza»; estamos frente a una generación secuestrada por un modelo que destruyó la industria nacional. Al no haber desarrollo industrial, el motor de empleo se ha desplomado. El resultado es una pérdida catastrófica de capital humano: cerebros preparados que terminan empujando carretillas, conduciendo mototaxis o engrosando las filas del subempleo. La clase media, ese mito que se vendió en los 90 y 2000, se desintegra frente a nuestros ojos. Los ingresos caen, las oportunidades se esfuman y la promesa de movilidad social es remplazada por la precarización perpetua.

LA PIRÁMIDE INVERTIDA: ENVEJECER SIN DERECHOS EN UN PAÍS POBRE

El dato más lacerante del Censo es la occidentalización de nuestra pirámide poblacional. Perú y América Latina están envejeciendo a un ritmo vertiginoso, aumentando la esperanza de vida, pero sin la base industrial ni el Estado de Bienestar que sostiene a los adultos mayores en Europa.

¿Por qué los mayores pierden sus pensiones y su salud? Porque el modelo neoliberal ha convertido la vejez en un negocio y los derechos en gastos. Al incrementarse la población mayor, el costo de las pensiones y la atención médica debería ser cubierto por un aparato productivo fuerte. Pero como no lo tenemos, el Estado, siguiendo los mandatos del Fondo Monetario Internacional y las élites locales, opta por la ruta más cruel: recortar los presupuestos de salud y educación, y congelar o reducir las pensiones.

Se está generando una bomba de tiempo demográfica. Los ancianos de hoy son los que construyeron este país, pero el sistema los abandona a la miseria médica y económica. ¿La solución del modelo? Facilitar la incursión del sector privado. Ya no puedes curarte en un hospital público destruido; debes endeudarte con una clínica privada. Te están quitando hasta el derecho a morir con dignidad.

EL SAQUEO DEL CAMPO Y LA PÉRDIDA ABSOLUTA DE SOBERANÍA ALIMENTARIA

El Censo 2020, cruzado con los datos del DNI, revela una verdad incómoda que el gobierno intenta disfrazar: el crecimiento urbano no es solo por la migración venezolana; es una masiva y continua fuga del campo a la ciudad. ¿Por qué huyen los campesinos? Porque la política neoliberal ha dictaminado que el campo peruano no sirve para alimentar al país, sino para extraer recursos para terceros.

Se ha abandonado sistemáticamente la agricultura familiar y el desarrollo agrario, que históricamente fue la mayor fuente de empleo del Perú. En su lugar, se ha entregado el territorio a la mega-minería y al extractivismo depredador. Este modelo extractivista es una mentira sangrienta: no genera el empleo que generaba el campo, ni recauda los impuestos proporcionales a los inmensos recursos que se llevan. ¡Las ganancias se fugarán a paraísos fiscales mientras nosotros importamos el arroz, el trigo y el azúcar que solíamos producir!

Al destruir el empleo agrario, millones de peruanos llegan a las ciudades periféricas, engrosando los cinturones de miseria, compitiendo por el mismo empleo precario y perdiendo la condición de clase media. Hoy, dependemos alimentariamente de terceros países. Entregar nuestra seguridad alimentaria es la máxima expresión de la traición a la patria.

LA PRIVATIZACIÓN DE LA VIDA: EL NEGOCIO DE LA MISERIA

¿Por qué no se aplican medidas políticas para revertir esto? Porque para la élite gobernante y las empresas transnacionales, este desastre es altamente rentable. El sistema necesita mantener a los jóvenes dependientes y desesperados para ofrecerles trabajos esclavos sin derechos. El sistema necesita recortar la salud pública para que la salud privada facture millones.

Ya privatizaron las telecomunicaciones, la energía, los fondos de pensiones (las AFPs que nos roban el futuro) y el agua está en la mira. El agua, recurso vital, está siendo mercantilizada. Bajo este modelo, absolutamente todo lo que produce el Perú es beneficio para terceros. Nada queda para el pueblo peruano.

CONCLUSIÓN: UN LAMENTO Y UN GRITO DE ALARMA

Los resultados del Censo 2020 son la prueba irrefutable de que el modelo neoliberal en Perú y América Latina es un fracaso rotundo, un callejón sin salida. Es una lástima profunda ver cómo un país bendecido con tanta riqueza natural y gente trabajadora sea convertido en un reservorio de mano de obra barata y un botín para las transnacionales.

Estamos perpetuando un sistema que castiga a la población, que sacrifica a los jóvenes negándoles su primer empleo y su independencia, y que humilla a los ancianos negándoles una vejez digna. Cada día que pasa, la clase media se erosiona, la salud se degrada y la soberanía alimentaria se pierde. Si no se rompe de una vez por todas con esta política de entrega de recursos, abandono estatal y privatización de la vida, el Perú del futuro será un país de ancianos indigentes y jóvenes sin esperanza, vigilados por consorcios extranjeros que se llevan el oro, el cobre, el agua y nuestra dignidad.

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