LOS TEMAS CENTRALES DE LOS DESCONTENTOS (1)
Lo que la derecha nunca dice ni dira. Silencios estratégicos que amenazan la soberanía del Perú. Las banderas que la izquierda si debería enarbolar.
Por: Jorge Perazzo
Empieza la campaña electoral y los silencios definen si los programas son o no patrioticas, si son o no soberanistas, si son realmente nacionalistas y si tienen o no real intencion de iniciar un proceso realmente revolucionario en el Peru que quiebre el modelo neoliberal, transforme el Estado y sus politicas claves que perduran y han perjudicado al pais.
En cada campaña electoral, los partidos de derecha —y especialmente sus corrientes liberales, conservadoras y extremas, se presentan como defensores de la inversión, del crecimiento económico y del orden. Sin embargo, tras estos eslóganes se esconde un conjunto de silencios estratégicos. Hay temas clave que deliberadamente evitan tocar, pues su sola mención pondría en evidencia una verdad incómoda: el modelo económico que defienden está diseñado para beneficiar a intereses transnacionales, incluso a costa de la soberanía, del medio ambiente y del desarrollo autónomo del Perú.
Lo que la derecha calla, el Peru lo sufre
Uno de estos temas es el de los contratos-ley, un instrumento jurídico incorporado en la Constitución que garantiza a las grandes empresas mineras, energéticas y de otros sectores estratégicos la inmodificabilidad de sus contratos con el Estado, incluso si cambian las condiciones políticas, sociales o ecológicas del país. Es decir, el Estado peruano se ata las manos frente a las multinacionales: no puede renegociar, no puede revisar, no puede protegerse, salvo consentimiento de la otra parte saqueadora. Este blindaje es una herencia del neoliberalismo más extremo y ha servido para garantizar el saqueo legalizado de nuestros recursos naturales.
La derecha jamás propondrá descontitucionalizar, eliminar o reformar los contratos-ley. ¿Por qué? Porque representan el corazón de su modelo: un país subordinado, extractivista, sin poder de decisión sobre su propio destino. Los contratos-ley impiden que el Perú ejerza su soberanía sobre sus recursos estratégicos. No se trata solo de economía: se trata de dignidad nacional, de justicia histórica, de reparar siglos de explotación desde la Colonia hasta hoy.
Este es un tema clave, pero que solo para los verdaderos patriotas, nacionalistas y soberanistas que se atreven a plantear el tema en voz alta. Porque implica romper con las reglas impuestas por los organismos internacionales, por los intereses imperiales y por las grandes corporaciones que han hecho del Perú un territorio de saqueo y contaminación. Si el país sigue regalando sus riquezas, nunca tendrá posibilidad real de industrialización, de desarrollo autónomo, ni de una transición justa hacia un modelo sostenible. Sin soberania sobre nuestros recursos, no hay futuro.
Además, el impacto no es solo económico. El modelo extractivista basado en contratos-ley ha significado la destrucción sistemática de la Pachamama, del equilibrio ecológico de nuestras cabeceras de cuenca, de los territorios ancestrales de nuestros pueblos originarios. Las minas y proyectos energéticos se instalan sin planificación ambiental adecuada, en zonas de alto valor agrícola, ecológico y cultural. ¿El resultado? Tierras infértiles, aguas contaminadas, comunidades desplazadas, enfermedades, conflictos sociales.
Por eso, el debate electoral no puede evitar este tema. Es necesario exigir que todos los candidatos se pronuncien claramente: ¿seguirán defendiendo los contratos-ley? ¿O lucharán por su anulación para que el Estado recupere su capacidad de negociar y proteger el interés nacional?
La consulta previa, obligatoria y vinculante: otro gran silencio
Ligado a este problema estructural, está la negación sistemática de un derecho fundamental: el de la consulta previa, libre, informada y vinculante para los pueblos originarios y las comunidades campesinas. La derecha habla de «seguridad jurídica», pero nunca de seguridad territorial para los pueblos. Habla de «atracción de inversiones», pero nunca de empoderamiento de las comunidades para decidir sobre lo que ocurre en sus tierras.
Ninguna actividad extractiva debería realizarse sin el consentimiento de quienes habitan, trabajan y cuidan esos territorios. La consulta no puede ser solo un trámite administrativo: debe ser vinculante. Si el pueblo dice no, es no. Sin consulta previa, no hay democracia.
Este derecho no solo es reconocido por el Convenio 169 de la OIT, que el Perú ha ratificado, sino que es un principio básico de justicia y democracia real. Ignorarlo es perpetuar el colonialismo interno, donde el Estado actúa como cómplice de las empresas para imponer megaproyectos por la fuerza.
Cada paso es parte de la esencia de la nueva república: soberanía, justicia y plena autodeterminación-
Una campaña electoral verdaderamente transformadora debe tener como centro estos dos temas fundamentales:
1. La eliminación de los contratos-ley de la Constitución, para que el Estado recupere su soberanía y pueda renegociar los términos de explotación de sus recursos.
2. La aplicación plena de la consulta previa, obligatoria y vinculante, garantizando que ningún proyecto se realice sin el consentimiento de los pueblos afectados.
Solo así se podrá iniciar la construcción de una República equitativa, justa y soberana, que no regale sus riquezas ni destruya su territorio. Una patria que respete sus raíces, su Pachamama, su gente.
La derecha no hablará de esto. Porque representa los intereses que quieren que todo siga igual. El silencio de la derecha es estratégico. Nuestra voz, en cambio, debe ser valiente, clara y firme.

