Una nueva escalada de agresión imperial contra Venezuela está en marcha.
La administración de Donald Trump amenaza la paz de nuestro país y de toda la región,
enviando buques militares al Caribe bajo la excusa del supuesto combate al tráfico de
drogas.
Esto constituye un nuevo nivel de asedio en los planes injerencistas de Washington para América Latina y el Caribe, poniendo el foco en la República Bolivariana por ser un ejemplo de resistencia, dignidad, soberanía e independencia.
En este escenario, como frente a todos los ataques anteriores, el presidente Nicolás
Maduro ha sido contundente: “Venezuela volverá a triunfar sobre todas las amenazas
extravagantes, estrafalarias, criminales, del imperialismo norteamericano”.
El despliegue militar en el Caribe es la reacción de EEUU a la oportunidad histórica que
tienen los pueblos de América Latina y el Caribe de avanzar hacia la construcción de
un mundo multipolar, basado en la complementariedad, la solidaridad y el desarrollo
compartido, libre de hegemonismos, “sanciones” y guerras arancelarias.
El nuevo esquema de amenaza se produce justo después de que Venezuela culminara
un ciclo de elecciones constitucionales, en las cuales el pueblo reafirmó la confianza en
el futuro de la Revolución Bolivariana, reeligiendo al presidente Nicolás Maduro para el
periodo 2025-2031, además de dar la victoria al chavismo en la mayoría de las
gobernaciones, alcaldías, Asamblea Nacional, parlamentos regionales y concejos
municipales.
La soberanía del pueblo en el ejercicio electoral tuvo una doble repercusión: voto castigo a la extrema derecha que propone caos y violencia, y marca de un nuevo hito para la estabilidad nacional.
La arremetida imperial llega, además, en un momento en el que Venezuela muestra signos inequívocos y sostenidos de recuperación económica: 17 trimestres
consecutivos de aumento del Producto Interno Bruto (PIB), desde 2021, y un
crecimiento de 7,71% en el segundo semestre de 2025, pese a las más de mil medidas
coercitivas unilaterales impuestas por EEUU y sus satélites europeos.
Con la amenaza militar, desplegada sobre la base de una falsa narrativa antidrogas, el
fin último de las élites estadounidenses es deslegitimar a la Revolución Bolivariana, un
proyecto político impulsado por el comandante Hugo Chávez y liderado hoy por el
presidente Nicolás Maduro, que rescata los principios del Libertador Simón Bolívar de
solidaridad, soberanía, paz e independencia y que inspira a los pueblos de la región y
del mundo a alzar su voz contra planes hegemónicos neocoloniales.
Los ejes de poder de EEUU “quieren cambiar el régimen republicano independentista
de nuestros países, de Venezuela, por un régimen dependiente, subordinado y
colonial”, advirtió Maduro, durante la XIII Cumbre Extraordinaria del ALBA-TCP.
Despacho de la Viceministra para la Comunicación Internacional
El ejemplo de Venezuela en la lucha contra el narcotráfico
Para atizar el falso relato que intenta vincular a Venezuela con el negocio del
narcotráfico y justificar así la agresión militar, Estados Unidos recicla viejas
narrativas, como asociar a los dirigentes de la Revolución Bolivariana a la
fantasía del Cártel de los Soles o al extinto Tren de Aragua. El primero no existe
y el segundo fue desarticulado por organismos de seguridad venezolanos y sus
reductos fueron cooptados por la extrema derecha para desestabilizar.
Pese a la intensidad de la campaña de EEUU, la mentira cae ante la realidad de
los logros alcanzados en el marco de las políticas soberanas asumidas por
Venezuela en la lucha contra el narcotráfico, que incluyen la expulsión en 2005
de la Administración para el Control de Drogas de EEUU (DEA) y la creación de
la Oficina Nacional Antidrogas, hoy Superintendencia Nacional Antidrogas.
“Venezuela, con su superintendencia antinarcótica, con todas sus fuerzas
militares y policiales, ha logrado consolidar (…) ser territorio libre de cultivo de
hoja de coca, de cultivo de marihuana y de procesamiento de cocaína. Somos
libres, no se producen en nuestro territorio”,
ha dicho el presidente Nicolás Maduro, quien denunció que sectores extremistas nacionales —aliados de EEUU— reciben financiamiento de grupos de narcotráfico de Colombia, Ecuador
y Perú para contratar a terroristas y criminales para desestabilizar.
Desde hace más de 20 años, Venezuela registra indicadores que la colocan
como una nación ajena al fenómeno del narcotráfico. Los resultados positivos
han sido respaldados por informes de instancias internacionales.
El Reporte Mundial sobre Drogas 2025, de la Oficina de las Naciones Unidas
contra la Droga y el Delito (ONUDD), permite caracterizar a Venezuela como un
país libre de las mafias de producción y tráfico de narcóticos, aún en medio de
cifras globales inquietantes. La ONUDD advierte que la producción mundial de
cocaína aumentó en 2023 hasta las 3.708 toneladas al año, un 34% más en
comparación con 2022.
El informe arroja que el auge de producción global de cocaína se debe
principalmente al “aumento en el tamaño del área cultivada con arbusto de coca
ilícita en Colombia y de datos actualizados sobre el rendimiento que resultaron
en una estimación de producción para el país, que fue aproximadamente un
50% más alta que la estimada el año anterior”1
.
En octubre de 2024, la ONUDD reveló, en otro reporte, que el cultivo de coca en
Colombia aumentó un 10% durante 2023, hasta alcanzar 253.000 hectáreas.
Paralelamente, la producción potencial de cocaína llegó a las 2.664 toneladas
métricas. Esta cifra representa un incremento del 53% respecto a 2022 y marca
el décimo año consecutivo —desde 2013— en que estas estimaciones han registrado un aumento en ese país2, que actualmente registra 67% de los cultivos mundiales de hoja de coca.
Se estima que 87% de esa droga es transportada por el Océano Pacífico y su
destino más importante es EEUU. Un 8% es movilizada desde la Guajira
colombiana y alrededor de 5% se intenta movilizar a través del territorio
venezolano, donde las autoridades combaten a las mafias y detienen el tráfico.
“Podemos decir, siendo conservadores, que 70% de la droga que intentan
pasar por Venezuela la hemos incautado. Si intentan pasar por territorio
venezolano, ahí están nuestras autoridades, nuestros cuerpos policiales para
incautarlas”, informó el vicepresidente sectorial de Política, Seguridad
Ciudadana y Paz, Diosdado Cabello, ante la Asamblea Nacional.
Otro factor clave es la violencia relacionada con el tráfico de cocaína. La ONUDD registra que, en el caso de Ecuador, por ejemplo, aumentó de 7,8 a 45,7 la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes, entre 2020 y 2023.
En este punto, datos oficiales de Venezuela muestran los avances en paz y
seguridad, con una cifra de 1,92 muertes violentas por cada 100.000 habitantes.
Cabello, también ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, reafirmó que
no existen cultivos de coca, amapola o marihuana en el territorio nacional. Y del
informe de Naciones Unidas se puede concluir que “en Venezuela no hay
producción de ningún tipo de drogas, no hay laboratorios, no hay tránsito”. La
eficacia del combate antidrogas se refleja en la incautación de 51.664
kilogramos de estupefacientes en lo que va del año 2025.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, alertó que cada vez
son más fútiles las estrategias de manipulación de EEUU contra Venezuela. “No
existe en este continente un país con mayores victorias contra el narcotráfico
que Venezuela en los últimos tiempos”, afirmó durante un debate en el que se
aprobó el Acuerdo en respaldo y defensa de la soberanía, la protección del
territorio, las instituciones venezolanas y la paz.
Por su parte, el ministro para la Defensa, Vladimir Padrino López, alertó que las
“mayores agresiones imperialistas van precedidas de la preparación de la
opinión pública internacional, construidas siempre sobre la manipulación y de
hechos infundados, donde la mentira prevalece”.
“Anunciaron un despliegue en el mar Caribe para combatir a los cárteles. Nos
preguntamos: ¿Por qué no en el Pacífico, por donde se trafica la mayor parte de
la droga que va hacia Estados Unidos? ¿Será que el problema es el Caribe, o el
verdadero problema es Venezuela? Esto es lo que quieren hacer creer”.
Con DEA y sin DEA: las cifras hablan
Las cifras de la Superintendencia Nacional Antidrogas demuestran una eficacia
sostenida en la lucha antidrogas tras la expulsión de la DEA. Mientras que en el
lapso de “colaboración conjunta” (1999-2004) se incautaron unas 200 toneladas de narcóticos, en el período inmediato sin la DEA (2005-2010), los decomisos
aumentaron a 374 toneladas, un alza de 87%.
Esta tendencia se ha consolidado las dos décadas de gestión soberana y
autónoma (2005-2025). Venezuela ha logrado la incautación récord de más de
1.000 toneladas de drogas, una cifra que evidencia la capacidad y el
compromiso de las instituciones nacionales en esta materia.
En cuanto a aviones inutilizados para el traslado de drogas, entre 2012 y 2025,
las autoridades venezolanas han neutralizado 396 aeronaves.
“El planeta entero sabe que el verdadero Cartel está en el Norte”, advirtió la
vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien aseveró que incluso los propios reportes
de la DEA de 2024 y 2025 no mencionan a Venezuela como un factor de
importancia en el tráfico de drogas hacia EEUU.
El cártel del Norte
Washington ha utilizado la llamada “guerra contra las drogas” como un pretexto
para controlar la sociedad estadounidense y asegurar su posición geopolítica
mundial, sobre todo en América Latina y el Caribe.
Para ello utiliza a la DEA, una agencia federal creada en 1973 cuya pretensión
es controlar la política antidrogas a escala global. Mediante esta fachada, el
gobierno estadounidense destina recursos financieros y técnicos a otros países,
además de realizar operaciones militares para presuntamente detener
narcotraficantes y desmantelar redes de tráfico de drogas.
Sin embargo, analistas como el escritor y politólogo Noam Chomsky, han
advertido que, tras la disolución del bloque socialista, en la década de 1990, el
nuevo fantasma en EEUU es la “amenaza de los narcotraficantes de origen
latino”. Las élites crearon “un nuevo enemigo necesario” para justificar intentos
de desestabilización e incluso intervenciones “humanitarias” en terceros países.
La campaña dio pie a varios episodios en los que incluso organismos
estadounidenses, como la DEA y la Agencia Central de Inteligencia (CIA),
participaron directamente en el negocio del narcotráfico.
Por ejemplo, en el escándalo Irán-Contra, el Congreso estadounidense reveló
que los cárteles de Medellín y Guadalajara apoyaron a la contra nicaragüense a
cambio de facilidades para introducir cocaína a EEUU, con el apoyo de la CIA.
Del mismo modo, EEUU invadió Panamá en 1989 con el pretexto de derrocar al
general Manuel Noriega, un antiguo aliado entrenado por la CIA y la DEA, por
sus vínculos con el narcotráfico y acusaciones de corrupción. La operación
“Causa Justa” cobró la vida de miles de civiles, y aseguró el control del Canal de
Panamá por parte de EEUU, convirtiendo al país en un paraíso fiscal.
Con el Plan Colombia, EEUU prometió apoyar la lucha contra el narcotráfico en
el país suramericano. Sin embargo, lejos de lograr ese objetivo, se han
incrementado los cultivos ilícitos, la producción de narcóticos, la violencia, el
desplazamiento y las denuncias de violaciones a los derechos humanos.
Despacho de la Viceministra para la Comunicación Internacional
En 2009, un acuerdo con el gobierno del ultraderechista Álvaro Uribe —señalado
por nexos con el narcotráfico y el paramilitarismo— permitió la instalación de
siete bases militares de EEUU en Colombia, incluida Palanquero, con ubicación
estratégica para vigilar el sur del continente y a Venezuela.
EEUU, epicentro de una epidemia de opioides
Desde finales de la década de 1990, se ha registrado un crecimiento significativo
en el consumo de opioides sintéticos como el fentanilo en EEUU, un país en que
la heroína, el crack, la metanfetamina y la cocaína ya hicieron y siguen haciendo
estragos entre su población. Un escenario descrito como una verdadera
epidemia que ha llevado la adicción y la indigencia a niveles alarmantes.
Se estima que el problema surge con el lobby de la industria farmacéutica que
empezó a promocionar opioides entre los médicos. Así se abrió paso al fentanilo,
una sustancia 50 veces más potente y caracterizada por su bajo costo de
fabricación, un factor atractivo también para los traficantes, que lo combinan con
otras sustancias, aumentando la letalidad.
La ONU estima que 150 personas mueren cada día en EEUU por sobredosis de
opioides sintéticos, más de dos tercios por consumo de fentanilo. En su último
Reporte sobre Drogas, el organismo destacó que esta sustancia causó 48.422
muertes en EEUU en 2024.
En 2017, el presidente Donald Trump declaró el consumo de opioides como
emergencia de salud pública, pero no destinó más fondos para enfrentar el
problema. En esa oportunidad afirmó: “Las sobredosis de drogas son ahora la
principal causa de muerte involuntaria en Estados Unidos, por lejos.
Actualmente, mueren más personas por sobredosis de drogas que por el total de
homicidios con armas de fuego y accidentes de tránsito combinados”.
En su nuevo mandato, la estrategia “antidroga” de Trump ahora emula a la de su
colega republicano Richard Nixon, quien inició una fracasada “guerra contra las
drogas”. Sin embargo, ahora instrumentaliza una supuesta “amenaza terrorista”.
Detrás de la “guerra a las drogas” se oculta la intención imperialista de controlar
gobiernos y riquezas, así como los mecanismos de venta y distribución de
drogas en el país que más consume sustancias ilícitas en el mundo.