Comentarios del filosofo y sociólogo francés Pierre Dardot, Crítico del neoliberalismo, y un pensador clave de la izquierda radical. Profesor en la Universidad París Nanterre.
Profesor Dardot, su libro se titula La opción por la guerra civil. ¿No es ese un término demasiado fuerte?
—Lo parece, pero no lo es. No hablo de guerra civil en el sentido clásico —dos ejércitos enfrentados dentro de un Estado— sino en el sentido que Michel Foucault le daba: la guerra civil como forma estructural del poder, como conflicto permanente entre los dominadores y los dominados dentro de la sociedad.
Entonces, ¿el neoliberalismo genera una especie de guerra civil invisible?
—Exactamente. El neoliberalismo no es solo una doctrina económica; es una racionalidad política totalitaria. Opera como una guerra total: cultural, social, jurídica, ecológica. No es exagerado decir que estamos viviendo bajo políticas de guerra civil que fragmentan y enfrentan a la sociedad.
Pregunta: ¿Cómo se manifiesta esta «guerra civil silenciosa»?
Pierre Dardot: A través de políticas neoliberales que son guerras multidimensionales: económicas (desigualdad), culturales (contra minorías), jurídicas (lawfare), ecológicas (destrucción ambiental). El neoliberalismo fragmenta la resistencia para que no se enfrente al sistema en su conjunto.
¿Y cómo se resiste a esa guerra total?
—No se puede responder con una resistencia mínima o sectorial. Hay que resistir globalmente, en todos los frentes. El error es pensar que basta con librar la batalla cultural, sin hablar de justicia económica y social. El neoliberalismo te lleva a jugar en su terreno, y ahí pierdes.
—¿Cómo se conecta esto con el auge de las nuevas derechas radicales como la de Trump o Milei?
—Después de la crisis de 2008, el neoliberalismo entró en crisis, pero no fue reemplazado. Lo que surgió fue un neoliberalismo nacionalista: populismo de derecha que combina soberanismo, autoritarismo y ultraliberalismo. Milei, en particular, ha ido más lejos que otros líderes, liderando una ofensiva frontal desde la extrema derecha.
—¿Cuál es el rol del Estado en este conflicto? ¿Mediador o parte beligerante?
—El Estado es parte activa de la guerra civil neoliberal. El Estado neoliberal es un combatiente. Ejemplos claros son la Operación Cóndor en América Latina o; lo vimos en el Chile de Pinochet, donde el Estado impuso con violencia el modelo neoliberal. Hoy, incluso en democracias, el Estado funciona como aparato de guerra contra los pobres, los derechos sociales y el medio ambiente.
—¿Y la inteligencia artificial? ¿También es un arma?
—Sí. La IA permite el control predictivo de las conductas. Desde la justicia predictiva hasta la vigilancia algorítmica, estamos ante una nueva forma de gobierno autoritario. Y no es neutral: los algoritmos tienen sesgos sociales, raciales, de género. El diseño de algoritmos es hoy un campo central de lucha política.—¿Dónde entra China en esta guerra civil global?
¿Y China?
—China es un caso particular. No es un gobierno neoliberal, pero opera perfectamente dentro de la lógica neoliberal global, sin democracia electoral tradicional. El régimen chino demuestra que se puede combinar dictadura política con éxito económico neoliberal. Eso es inédito y preocupante.
—¿Y la reducción de la natalidad? ¿También juega un papel en esta guerra civil?
—Sí. Es usada como discurso de control social. En muchos países, la baja natalidad se convierte en excusa para imponer políticas coercitivas sobre las mujeres. Es parte de una obsesión de los gobiernos por gestionar los cuerpos y la reproducción.
—Usted también critica a la izquierda moderna. ¿Por qué?
—Porque se ha adaptado al neoliberalismo, sin ofrecer alternativas reales. Administran la crisis sin molestar a los ricos. El abandono de las clases populares por parte de la socialdemocracia ha dejado el terreno libre para la derecha radical.
—¿Y cuál sería la alternativa? ¿Cómo se reconstruye lo político desde abajo?
—Propongo una política de lo común, que no es ni estatista ni anarquista. Es una forma de organización desde la base, con control colectivo de los recursos y la vida social. Transformar el Estado desde fuera, priorizando territorios como espacios de vida, no de explotación.
—Finalmente, ¿el neofascismo actual tiene relación con el fascismo de los años 30?
—Hay analogías, pero no es lo mismo. El fascismo clásico era estatista y nacionalista. El neofascismo actual es hiperindividualista, neoliberal y tecnocrático, pero tiene un objetivo claro: revertir 50 años de conquistas sociales, de género y democráticas. Es una contrarrevolución social, no simple conservadurismo.
Pregunta: ¿Por qué la ultraderecha neoliberal ataca a inmigrantes y minorías?
Pierre Dardot: Es una estrategia para desviar la atención de la concentración de riqueza. El odio al «otro» (inmigrantes, feminismos) es un combustible que oculta que el verdadero enemigo es el 1% más rico. La derecha logró que los pobres culpen a políticos o migrantes, no al capital.
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