La injerencia de Estados Unidos en Ecuador

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Asociacion Soberanista, Brasil. 13 de marzo de 2026

Patricio Santos Brito, nacido en Ecuador, es licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Es analista político e internacionalista, asesor político y colabora con la prensa ecuatoriana e internacional.

Latinoamérica se ha convertido, sin duda, en un frente más en la lucha global por el poder y la hegemonía entre las superpotencias, lo que se traduce en la creciente y sistemática injerencia de Estados Unidos en todo el continente americano. Esto ha provocado que varios países de la región, a medida que el péndulo ideológico se ha inclinado hacia gobiernos de derecha, se sometan sin más a los intereses geopolíticos de Estados Unidos con una clara y evidente rendición.

Tal es el caso de Ecuador, cuyo actual gobernante, el magnate bananero Daniel Noboa, hijo del hombre más rico de Ecuador, casi un año después de su reelección, tras un breve gobierno interino, ha destacado y reforzado una tendencia en la política exterior ecuatoriana que, durante nueve años, se ha acercado cada vez más a Washington. Esto contrasta notablemente con el largo período de una década en que Rafael Correa gobernó el país, manteniendo siempre una política exterior basada en la soberanía, la fraternidad de los pueblos y la integración latinoamericana, llegando incluso a Quito para convertirse en la capital de la prácticamente extinta Organización Supranacional UNASUR.

La Doctrina Monroe Renacida
Alerta Geopolítica

Hoy soplan otros vientos que azotan Ecuador y todo el continente americano; con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, se ha desempolvado y revitalizado una segunda versión reconfigurada y reforzada de la perniciosa y catastrófica Doctrina Monroe con la que Washington ha dejado claro que el este es su hemisferio de dominio natural indiscutible que se extiende desde Groenlandia hasta la Patagonia. Desde Groenlandia hasta la Patagonia

Retomando el caso ecuatoriano y tras este breve contexto, el gobierno ecuatoriano presidido por Daniel Noboa ha tomado una serie de decisiones que evidencian la sumisión de Quito a los intereses nacionales de Estados Unidos, erosionando así la histórica y estrecha amistad, solidaridad y cooperación con naciones hermanas. Dos casos emblemáticos son los ocurridos con Colombia y Cuba.

Noboa se ha convertido en un vector de influencia estadounidense, al igual que Xavier Milei en Argentina, abriendo fuentes de fricción con sus pares de diferente ideología. En este sentido, el presidente Daniel Noboa ha desatado una guerra arancelaria con Colombia, imponiendo un arancel que inicialmente era del 30% y que hoy alcanza hasta el 50% de la tasa impositiva, afectando el comercio bilateral y directamente la economía fronteriza, generando también varios cruces y fricciones en declaraciones mutuas con Gustavo Petro, presidente de Colombia.

Lo más grave y reciente ha sido la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba, poniendo fin a más de 50 años de relaciones bilaterales de cooperación en salud, educación y solidaridad entre pueblos hermanos. El pasado miércoles 4 de marzo, el Gobierno ecuatoriano declaró persona non grata al embajador cubano en Ecuador, Basilio Gutiérrez, y a toda la misión diplomática , dándoles 48 horas para abandonar el país, además de retirar al embajador ecuatoriano, José María Borja, de La Habana. Una vez transcurrido dicho plazo, se declaró que el lugar donde operaba la Embajada de Cuba en Quito ya no era sede diplomática. Este acto ha sido calificado de « hostil y hostil» por el Gobierno cubano.

A la luz del Derecho Internacional Público y de conformidad con lo dispuesto en el artículo 9 de la Convención de Viena, relativo a las relaciones diplomáticas y consulares, se indica que el Estado anfitrión puede, en efecto, declarar en cualquier momento persona non grata al representante de una misión diplomática , sin necesidad de justificar los motivos. En consecuencia, ni la Presidencia ni el Ministerio de Relaciones Exteriores se han pronunciado al respecto, sin conocer hasta el momento las razones de una decisión tan radical.

Lo que claramente subyace a todo esto es la injerencia, las instrucciones y la presión de Estados Unidos sobre el gobierno ecuatoriano, muy alineadas con la política exterior estadounidense, en paralelo con la presión y las amenazas que Washington incrementa sobre la isla.

Otro ámbito donde se evidencia la irrupción e injerencia de Estados Unidos en Ecuador es el de la seguridad, utilizando el discurso habitual de la eterna lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Actualmente, Ecuador se ha convertido en un eje central para Latinoamérica en la consecución de los objetivos de los altos intereses nacionales de Estados Unidos. Durante la última década, lamentablemente, se ha establecido una terrible realidad en el país: la extrema violencia desatada como consecuencia del aumento de bandas criminales vinculadas al narcotráfico. Como causas estructurales, el deterioro de la calidad de vida, la desintegración institucional, la reducción del tamaño del Estado y la corrupción generalizada, que ha llevado a Ecuador de ser un país de tránsito a un país de almacenamiento y distribución de drogas, convirtiéndose en el principal exportador mundial de cocaína, con cerca del 70% de la cocaína consumida en el mundo saliendo de sus puertos, superando a Colombia.

Tras esta breve y necesaria recapitulación histórica, expondremos cómo, para Washington, intensificar la lucha contra este flagelo constituye la excusa perfecta para que  la injerencia estadounidense en el país se afiance bajo la figura de la “cooperación”. La importancia que Estados Unidos ha otorgado al fortalecimiento de los lazos con Ecuador se refleja en la asistencia militar y de inteligencia permanente que Washington brinda a la policía nacional y a las fuerzas armadas ecuatorianas, en la visita de los distintos jefes del Comando Sur a Quito, así como en la del actual Secretario de Estado de Estados Unidos, el Senador Marco Rubio.

La constante intención de instalar bases militares estadounidenses en Ecuador ha sido uno de los principales objetivos del gobierno de Noboa, bajo la presión de Washington, lo que implicó reformas regulatorias y una consulta popular en la que se preguntó a la ciudadanía si estaría de acuerdo con la posibilidad de permitir el establecimiento de bases extranjeras en territorio nacional. Esta consulta se llevó a cabo debido a que la Constitución vigente de Ecuador, en su artículo 5, prohíbe el establecimiento de bases militares extranjeras y la cesión de bases militares nacionales a fuerzas extranjeras. En respuesta a esta consulta el año pasado, la ciudadanía expresó un rotundo NO a esta posibilidad, pero el gobierno de Noboa ha visto la manera de beneficiarse de esta exigencia de Washington.

Ignorando la voluntad del pueblo, el presidente Noboa ha permitido la llegada de fuerzas militares estadounidenses para iniciar operaciones conjuntas con las Fuerzas Armadas de Ecuador, tras haber publicado hace unos días en el Comando Sur un video promocional sobre dichas operaciones, pero sin especificar si tal acuerdo incluye la presencia permanente de tropas estadounidenses, qué equipo militar se utilizará y qué resultados se esperan.

Así, Estados Unidos ha lanzado su operación contra el narcotráfico en Ecuador, tal como se ha revelado. Las operaciones ya han comenzado. El Gobierno ecuatoriano también anunció que se impondrá un toque de queda en cuatro provincias ecuatorianas del 15 al 31 de marzo. Washington enfatiza la necesidad de (instaurar condiciones militares y de inteligencia) señalando a Ecuador como ejemplo de cooperación hemisférica efectiva.

En resumen, la estrategia de aumentar gradualmente la injerencia estadounidense en la región es más que evidente, y Ecuador es un ejemplo de ello. Estados Unidos aprovecha la apertura de gobiernos afines a su política exterior para impulsar su estrategia geopolítica global de recuperar poder en su zona de influencia natural y, al mismo tiempo, evitar la competencia de las otras dos superpotencias, Rusia y China, en la región. Estados Unidos se ha propuesto controlar todo el hemisferio para resistir la creciente lucha global por la transición de un sistema mundial unipolar a uno multipolar.

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