LA CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO EN CHINA

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Al examinar el socialismo en la actualidad, muchos intelectuales tienden a pasar por alto la complejidad de la Revolución China y el posterior proceso de reforma y apertura.

Escribe Li Tuo (李陀) es escritor y crítico literario. El ensayo original consta de 14 capitulos y difundido por Tricontinental

Un estudio directo y exhaustivo de esta complejidad excede el propósito de esta intervención. No obstante, frente a la realidad actual de China, especialmente el hecho de que la reforma —incluidos sus diversos experimentos— no se ha detenido y sigue en desarrollo, resulta pertinente debatir ciertas cuestiones propensas a malentendidos o interpretaciones erróneas.

…debido a prejuicios arraigados, muchas personas continúan interpretando el proyecto socialista como un “socialismo íntegro”…

Uno de los principales problemas radica en que muchas personas no reconocen un elemento clave de la reforma china, heredado de la estrategia de Lenin: la idea de que el “socialismo íntegro” no puede alcanzarse mediante una transición directa. No solo suele pasarse por alto este concepto, sino que, debido a prejuicios arraigados, muchas personas continúan interpretando el proyecto socialista como un “socialismo íntegro”, un modelo ideal que podría alcanzarse mediante reformas y que cumpliría con ciertos estándares en todos los ámbitos.

Así, la reforma se percibe como un proceso de poda de un árbol rebelde e imperfecto: difícil, pero factible con los métodos correctos, hasta restaurar la vitalidad del árbol socialista. Si bien en la Séptima Sesión Plenaria del Séptimo Comité Central del PCCh, Mao planteó explícitamente la coexistencia de múltiples sectores económicos, aún hay quienes no relacionan estas ideas con el proceso de reforma actual.

No advierten que la reforma actual implica, en esencia, un retorno a la coexistencia y el desarrollo de cinco sectores económicos dentro de un sistema socialista.

Tampoco comprenden que esta transición indirecta al socialismo supone rodeos, probablemente extensos, que requerirán inevitablemente numerosos experimentos. En muchos casos, las personas no han asumido la magnitud de este proceso de reformas o simplemente no están preparadas para afrontarlo.

Como consecuencia, ante diversas problemáticas en la sociedad china actual que no parecen ajustarse al espíritu ni a los principios del socialismo, como la creciente estratificación social, la desigualdad de ingresos (en algún momento el coeficiente de Gini de China llegó a superar al de Estados Unidos), la distribución desigual de oportunidades y recursos, la grave “involución social” y la persistente expectativa de materializar un “socialismo íntegro”, es inevitable que surjan interrogantes.

La gente comienza a cuestionar si la dirección de la reforma es la correcta o, incluso, si China sigue siendo un país socialista.

No obstante, estas dudas no pueden atribuirse simplemente a una falta de comprensión. En El Manifiesto Comunista, Karl Marx y Friedrich Engels afirmaron: “En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas” (2012). Con esto, reconocían la capacidad transformadora que desata tal desarrollo. Por lo tanto, cuando quienes aún aspiran a alcanzar de inmediato el “socialismo íntegro” observan la enorme expansión de las fuerzas productivas en China, pero también perciben contradicciones entre estos cambios y los ideales y valores socialistas, su confusión no puede desestimarse como un simple error. Son testigos de procesos reales y de las transformaciones concretas que atraviesa la sociedad china.

Por otra parte, para algunos intelectuales familiarizados con las obras de Friedrich Hayek o con críticas similares al socialismo, y que se identifican con el neoliberalismo y sus conceptos de orden espontáneo y libertad individual, la situación se vuelve aún más compleja. Sus inclinaciones ideológicas determinan qué aspectos ven y cuáles ignoran: para ellos, los hechos son secundarios frente a su marco teórico preexistente.

XII. Sin profundizar demasiado en la teoría económica, es conveniente plantearse algunas preguntas más prácticas y de sentido común sobre el proceso de reforma de China. En particular,

…¿qué ha logrado el socialismo chino tras la reforma, que el capitalismo actual no ha podido o no podría lograr? …

Un dicho común en China es: “Para hacerse rico, primero hay que construir carreteras”. En la práctica de la reforma, el significado de esta frase ha evolucionado continuamente hasta abarcar la ejecución de diversos proyectos de infraestructura a gran escala. Por ello, la construcción y el mantenimiento de estas obras constituyen un punto de referencia clave para comparar las diferencias entre el socialismo chino y el capitalismo de libre mercado.

Estados Unidos cuenta actualmente con una red ferroviaria de 293.564,2 kilómetros, casi el doble que la de China (CIA, 2024). Sin embargo, China ha construido aproximadamente 36.100 kilómetros de ferrocarril de alta velocidad, mientras que en Estados Unidos esta cifra es de cero kilómetros.8 A primera vista, parece haber fortalezas y debilidades en ambos modelos, pero existe una diferencia fundamental: los ferrocarriles estadounidenses son mayoritariamente de propiedad privada y una de las consecuencias más evidentes de ello son los frecuentes accidentes. Según datos de la Oficina de Estadísticas de Transporte de Estados Unidos, entre 1990 y 2021 se registró un promedio anual de 1.704 descarrilamientos de trenes, lo que equivale a 4.7 incidentes diarios (Sommerland, 2023).

El subdesarrollo de los ferrocarriles en Estados Unidos se debe, en parte, a las características geográficas del país: vastas extensiones de territorio con baja densidad de población, lo que ha favorecido el uso del avión como principal medio de transporte. Esto explica, en parte, por qué en 2018 el país contaba con 19.627 aeropuertos, incluidos 5.099 públicos (US Department of Transportation Federal Aviation Administration, 2018), mientras que en China solo había 814.

Sin embargo, un análisis más detallado muestra que la mayoría de los aeropuertos estadounidenses son privados y solo unos pocos cientos cuentan con sistemas de compra de boletos en línea. Además, muchos de estos aeropuertos se encuentran en estado de deterioro y requieren una modernización urgente. Lo mismo ocurre con los equipos y la infraestructura de apoyo a las aerolíneas, que en su mayoría son obsoletos.

El sector de la aviación en Estados Unidos ha atravesado una crisis desde la pandemia de COVID-19, con un aumento en la frecuencia de accidentes que han acaparado la atención de los medios. Estos incidentes se han vuelto tan comunes que han pasado a considerarse parte de la normalidad. Sin embargo, al igual que con la situación ferroviaria, estos problemas deberían haberse resuelto hace tiempo, pero no pueden solucionarse rápidamente ni existe un plan claro para hacerlo. La gravedad de esta crisis radica en que la mayoría de las empresas involucradas en la industria de la aviación son privadas. Ante la presión por obtener ganancias, reducir costos, la competencia y otras fuerzas de mercado, estas compañías no tienen una solución integral para enfrentar estos desafíos y, en muchos casos, carecen de los recursos para abordarlos.

Como país construido en torno al automóvil, la infraestructura vial de Estados Unidos tampoco está exenta de problemas. Una sola estadística resulta reveladora: hay 617 mil puentes en el país, de los cuales el 42% fueron construidos hace más de 50 años, y la mayoría de las infraestructuras tienen una vida útil de aproximadamente cinco décadas. Además de los puentes, todo el sistema de infraestructura estadounidense necesita reparaciones o incluso una reconstrucción integral, ya que gran parte del equipamiento está obsoleto. Según la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE por su sigla en inglés), el déficit de financiamiento en infraestructuras en Estados Unidos superará los 2 billones de dólares para 2025 (American Society of Civil Engineers, 2024). Considerando la situación fiscal actual del país, surge el interrogante sobre de dónde provendrán estos fondos.

Este panorama del sistema de transporte estadounidense permite contextualizar la estrategia china de “para enriquecerse, primero hay que construir carreteras”. En esta comparación, se hace evidente una cuestión clave: la incapacidad de los denominados “países avanzados” y de superpotencias ricas como Estados Unidos para construir y mantener infraestructuras a gran escala.

Contrastando esta situación con los ambiciosos proyectos de infraestructura de China, se vuelve más fácil comprender por qué Estados Unidos no ha logrado objetivos similares.

Un ejemplo emblemático es la construcción de la red ferroviaria de alta velocidad de China. No solo ha requerido inversiones masivas —la construcción de cada kilómetro de vía férrea costó entre 120 y 150 millones de yuanes—, sino que también los costos operativos son elevados. Además, muchas de las rutas atraviesan regiones económicamente subdesarrolladas, por lo que es improbable obtener beneficios sustanciales a corto plazo. Desde una perspectiva puramente de mercado, esta red ferroviaria resulta altamente irracional y contradice los principios del mercado. Sin embargo, China ha desestimado estas críticas y ha continuado expandiendo su red de alta velocidad, a pesar de las bajas expectativas de rentabilidad.

Otro caso, que podría ser considerado aún más irracional, es la construcción de puentes en Guizhou. En los últimos años, esta provincia ha edificado 28.023 puentes viales, conectando una red de 210 mil kilómetros de carreteras. La mitad de los 100 puentes más altos del mundo, incluidos 4 de los 10 primeros, se encuentran en Guizhou. Esta región ha sido históricamente una de las más pobres y subdesarrolladas de China, y el refrán “no hay llanura en tres li, ni cielo despejado en tres días” ilustra sus duras condiciones geográficas y climáticas.9 Si bien podría argumentarse que estos puentes responden a razones geopolíticas, dada la cercanía estratégica de Guizhou con el Sudeste Asiático, este factor por sí solo no resulta lo suficientemente convincente, considerando la magnitud de la inversión y el riesgo de que no haya retorno alguno.

Un tercer ejemplo es el programa de transmisión eléctrica de oeste a este. Este proyecto incluye tres corredores de miles de kilómetros que utilizan tecnología de transmisión de ultra alta tensión para atravesar montañas, desiertos y ríos, conectando el norte con el sur y el oeste con el este. Su implementación ha requerido una inversión de 4,4 billones de yuanes a lo largo de un período de más de 30 años. Uno de sus logros más significativos ha sido proporcionar acceso a electricidad, agua e internet a cientos de millones de habitantes de las zonas rurales de China.

Este avance no solo representa un hito en la historia moderna, sino que también demuestra que la utopía no es una simple abstracción y que la “prosperidad común” es alcanzable.

Estos ejemplos ponen de manifiesto una contradicción profunda. Aunque el desarrollo de la economía de mercado es un principio fundamental de la reforma china y una estrategia económica nacional, gran parte del trabajo práctico de desarrollo no se ha alineado con los principios de una economía de mercado puramente orientada al lucro. A distintos niveles y en diversos ámbitos, estos proyectos han dado lugar a nuevas combinaciones de factores económicos, productivos y de recursos.

Los efectos de estos experimentos han trascendido ampliamente los límites de los proyectos en sí, alcanzando áreas metropolitanas, ecosistemas industriales e incluso barrios residenciales. Dado que China desempeña un papel central en el desarrollo económico global, particularmente a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, estos experimentos adquieren un significado aún mayor: ofrecen una visión para la reestructuración y reorganización de la economía mundial a gran escala en sintonía con los principios socialistas.

XIII. En el análisis del proceso de reforma y apertura de China, especialmente antes de la “Nueva Era” marcada por el XIX Congreso Nacional del PCCh en 2017, la construcción de infraestructuras a gran escala dirigida por el Estado no solía recibir la misma atención que los logros del sector privado, como Taobao y Ant Financial (ahora Ant Group) de Jack Ma o Tencent Holdings de Pony Ma.10 Esto tuvo consecuencias significativas: para muchas personas en China, el significado de la reforma no estaba del todo claro. Para algunos, podía asociarse con el desarrollo pleno de la economía de mercado; para otros, con la posibilidad de que algunos se enriquecieran primero, o simplemente con un medio para modernizar China. Estas interpretaciones, de carácter puramente economicista, se han vuelto cada vez más populares en los últimos años. Cuanto más éxito tiene el proceso de reforma, más se consolida esta visión economicista.

Sin embargo, la reforma en China marca el inicio de una nueva etapa histórica para el movimiento socialista. La integración de la economía de mercado dentro de la economía socialista y su posterior reestructuración en un nuevo sistema económico no es un fenómeno puramente económico.

En la práctica, el proceso de reforma está atravesado por profundas contradicciones ideológicas, en las que distintas corrientes de pensamiento compiten por materializarse a través de la reforma.

Para criticar esta visión economicista de la reforma y reconocer la lucha ideológica implícita en ella, el trabajo de Louis Althusser puede servir como un valioso recurso teórico. A pesar de los esfuerzos de académicos como Chen Yue y Wu Zifeng en la traducción y el estudio de la obra de Althusser, sus teorías aún no han recibido suficiente atención en el ámbito académico chino, ni siquiera dentro de los círculos intelectuales de izquierda.

Desde la perspectiva del desarrollo del marxismo contemporáneo, el pensamiento de Althusser es distintivo: además de criticar enérgicamente la filosofía tradicional desconectada de las masas y de la práctica política, insistió constantemente en la necesidad de vincular la teoría con la práctica. Esto distingue sus aportes de la corriente principal de estudios marxistas occidentales surgidos en los años cincuenta y, en particular, de las teorías de izquierda que se desarrollaron a partir del posmodernismo. En este sentido, el pensamiento de Althusser resulta relevante para construir una perspectiva crítica de la historia del movimiento socialista, al tiempo que permite centrar el análisis en la práctica concreta del socialismo contemporáneo.

Dentro del mapa del marxismo contemporáneo, la obra de Althusser Sobre la reproducción del capitalismo (2014) ocupa un lugar fundamental. Este texto reconstruye la teoría marxista del Estado y desarrolla plenamente la noción de los aparatos ideológicos del Estado, estableciendo su relación inseparable con la reproducción de las relaciones de producción. En comparación con los escritos de Marx y Lenin sobre el Estado, Althusser introduce un concepto clave: la ideología. Luego de analizar, criticar y reinterpretar diversas concepciones tradicionales de la ideología, incluida la marxista clásica, presenta una nueva formulación: la ideología no es simplemente una actividad del pensamiento ni una entidad puramente abstracta, sino una realidad material. La ideología siempre se manifiesta dentro de instituciones específicas, en particular dentro del Estado y sus aparatos, convirtiéndose en un componente estructural indispensable para su funcionamiento.

XIV. En el marco teórico de Althusser, la relación entre ideología y producción económica no es una división dualista.

Por el contrario, se sostiene que la producción económica y la ideología no están completamente desligadas la una de la otra. Esta perspectiva difiere de diversas interpretaciones históricas de la ideología. Althusser no solo niega la espiritualidad de la ideología, también cuestiona la opinión de que la ideología forma parte de la superestructura. Las ideologías están integradas en todas las actividades del Estado. Para ilustrarlo, utiliza una metáfora célebre: si consideramos el Estado y la sociedad como un edificio, la ideología es el cemento que los mantiene unidos. Ningún rincón, capa o espacio en este edificio puede existir sin cemento. Del mismo modo, la ideología impregna todas y cada una de las partes del edificio del Estado, incluidas las actividades prácticas de las personas que lo componen. Incluso penetra en la relación entre la práctica económica y la práctica política.

El pensamiento de Althusser permite analizar la reforma china desde una perspectiva más fresca que la clásica dicotomía marxista de superestructura y base económica. Si volvemos a la cuestión de las infraestructuras a gran escala, la pregunta sigue siendo por qué fue el Estado, y no el capital privado, quien asumió estas inversiones. La respuesta inmediata es que el capital privado solo invierte cuando obtiene ganancias. Sin embargo, tras esta explicación práctica subyace la noción de homo economicus (el ser humano como ente económico y racional). A su vez, esta noción se basa en todo un sistema de conocimiento, que incluye la economía clásica, la sociología y la filosofía moderna, un sistema que es inequívocamente ideológico.

…es inusual que múltiples relaciones de producción coexistan de manera tan estrecha …

Cuando Mao formuló el marco económico de la Nueva Democracia, defendió la coexistencia y el desarrollo de cinco tipos de sistemas de propiedad, cada uno representando una relación de producción distinta. La reforma china, por lo tanto, tiene lugar dentro de una red formada por cinco relaciones de producción diferentes. Esta complejidad ha sido poco estudiada, ya que, en la historia de la construcción socialista, es inusual que múltiples relaciones de producción coexistan de manera tan estrecha durante un periodo prolongado. Sin embargo, si adoptamos la perspectiva de Althusser y aplicamos su teoría de la reproducción de las relaciones de producción, podemos encontrar una forma de explicar y pensar esta complejidad.

Desde la teoría del Estado de Althusser, una China socialista que ha establecido un gobierno revolucionario con control sobre los aparatos ideológicos del Estado naturalmente los emplea para garantizar la reproducción de las relaciones socialistas de producción. Sin embargo, dado que las políticas económicas de China permiten la coexistencia de diferentes formas de propiedad, es natural que estas formas también participen en la reproducción de determinadas relaciones de producción. Como resultado, surge una competencia inevitable entre ellas.

Esta competencia cumple dos funciones: por un lado, dinamiza la economía, generando nuevas oportunidades de desarrollo y transformación estructural; por otro, recurre a diversos mecanismos estatales, salvo el aparato político que está firmemente controlado por el Estado socialista, para asegurar su propia reproducción. Esto lleva a la siguiente pregunta: ¿puede esta reproducción en múltiples capas, espacios y direcciones ser un factor determinante en la complejidad del desarrollo económico dentro del proceso de reforma? ¿Y es también una razón esencial de la existencia de distintos sistemas ideológicos y de conocimiento opuestos y en conflicto dentro del actual proceso de reforma?

Las dificultades para comprender el socialismo chino contemporáneo suelen provenir de una comprensión insuficiente de la complejidad de las reformas en curso y del carácter experimental del movimiento socialista. Sin embargo, la reforma de China demuestra que enfrentarse a estas complejidades y reconocerlas dentro del desarrollo histórico de la teoría marxista es necesario para navegar por las complejas realidades de los “grandes cambios nunca vistos en un siglo”, abriendo así nuevas posibilidades para alcanzar el socialismo.11 No cabe duda de que la reforma china no es una reforma puramente economicista, sino una serie de experimentos sin precedentes en la historia del movimiento socialista.

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