Derogar es un tema clave en la campaña politica; imposible de evadir
Por: Jorge Perazzo
Los partidos mayoritarios del Kongreso defienden el Estado Subsidiario porque es la esencia de la teoria neoliberal: un Estado sin sobeania, un pais sin industria y sin dignidad. El Estado subsidiario impuesto hace mas de 35 años ha dejado al pais sin soberania alimentaria y a nuestro territorio en un festin de las transnacionales extractivistas. Es decir una COLONIA del siglo XXI.

El drama y la tragedia del Estado subsidiario: La Constitución de Fujimori y el fracaso del neoliberalismo en el Perú
El Perú vive una tragedia silenciosa, una tragedia impuesta por un modelo económico y político que ha convertido al Estado en un simple sirviente del mercado, un ente débil, subsidiario, incapaz de planificar su propio futuro. Esta concepción, consagrada en la Constitución de 1993 bajo el gobierno de Fujimori, no fue más que la imposición de un neoliberalismo extremo, un modelo que prioriza los intereses de las grandes potencias y las élites económicas sobre las necesidades reales del pueblo. El resultado ha sido un país desindustrializado, desigual y dependiente, una nación que renunció a su soberanía para convertirse en una colonia del capital global.
Esta debe ser la agenda central de cualquier fuerza política que aspire a cambiar el país. No se trata de nostalgia, sino de futuro: o el Perú recupera su capacidad de decidir su propio destino, o seguirá siendo una colonia del siglo XXI, condenado a la dependencia eterna. La hora es ahora: el Estado subsidiario debe caer.
Un Estado minimizado, un país empobrecido
El Estado subsidiario es, en esencia, un Estado rendido. Es la idea de que el mercado lo resolverá todo, de que la iniciativa privada debe reemplazar al Estado en sus funciones más esenciales. Pero la realidad ha demostrado lo contrario: este modelo no ha traído desarrollo, sino privatizaciones salvajes, una pérdida de capacidad industrial y una creciente dependencia de las importaciones. Sectores estratégicos como la energía, la minería y los servicios básicos fueron entregados a corporaciones extranjeras, mientras el Estado, reducido a su mínima expresión, no tiene fuerza para regular, mucho menos para impulsar proyectos de largo plazo.
Este Estado enano, este Estado colonizado, no planifica: espera. Espera que las inversiones extranjeras lleguen, que el mercado decida, que las potencias definan nuestro rumbo. Mientras tanto, el campo se abandona, la industria nacional se asfixia y la soberanía alimentaria se pierde. El Perú importa lo que antes producía: trigo, aceite, hasta alimentos básicos. ¿Qué clase de «modernidad» es esta, que nos hace más dependientes, más vulnerables?
La farsa del crecimiento neoliberal: luces de centros comerciales, oscuridad de fábricas cerradas
El neoliberalismo peruano se jacta de haber «modernizado» el país, pero su modernidad es una farsa. Es la modernidad de los centros comerciales, de las grandes tiendas llenas de productos extranjeros, mientras nuestras fábricas cierran y nuestra capacidad productiva se erosiona. Las ciudades crecen, pero no como polos industriales, sino como consumidoras de bienes que no producen. El centralismo se agudiza, el interior del país se margina y la brecha de desigualdad se hace cada vez más profunda.
Este modelo no solo nos empobrece materialmente, sino intelectualmente. Nos convence de que no hay alternativa, de que el Estado es inútil, de que solo el libre mercado puede salvarnos. Pero la verdad es que el Estado subsidiario es un Estado idiotizado, un Estado que renuncia a pensar, a crear, a defender lo propio. Mientras países como Corea del Sur, China o incluso vecinos como Brasil impulsaron Estados fuertes que lideraron su industrialización, el Perú se resignó a ser un exportador de materias primas que prácticamente las regala a las transnacionales, un país atrapado en el subdesarrollo por diseño.
Romper las cadenas: por un Estado soberano y promotor
Para Friedrich Hayek y Milton Friedman, la libertad individual solo es posible mediante la ausencia de regulaciones estatales. Friedman defendía que el mercado libre garantiza eficiencia y progreso. La única salida es romper con este modelo. Demoler la narrativa neoliberal. No lo hará la derecha. No lo harán los neoliberales. El mensaje en esta campaña, el punto de agenda clave es: Derribar la Constitución de 1993, que consagra este Estado subsidiario, y construir una nueva institucionalidad donde el Estado sea un motor de desarrollo, no un espectador. Un Estado que planifique, que invierta en industria, en tecnología, en agricultura. Un Estado que recupere el control de sus recursos estratégicos y garantice soberanía alimentaria. Un Estado que no tema regular el capital, que priorice el bien común sobre la ganancia de unos pocos.
Por un Perú dueño de su destino, por un Estado que sirva al pueblo, no al mercado.