DERECHA Y PROGRESISMO EN NUESTRA AMERICA

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Entrevista a Claudio Katz, economista, es investigador del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CNCT) y docente de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Integro en el adjunto.. Revista Tricontinental, Julio 2025.

Claudio Katz sobre la derechización en el Sur Global y el papel del progresismo

El avance de la extrema derecha: causas principales

Desilusión con el progresismo. El progresismo: una oportunidad perdida

Los gobiernos progresistas de los 2000 no fueron una revolución. Fueron una respuesta moderada a la crisis neoliberal, que permitió cierta redistribución de la riqueza, pero sin tocar las estructuras económicas profundas.

Errores clave del progresismo:

No transformó el modelo productivo. Siguió dependiendo de la exportación de materias primas. No impulsó una verdadera industrialización. Se mantuvo subordinado a los mercados globales.

No desmanteló el poder de las élites económicas. Convivió con los sectores más poderosos del capital. No enfrentó la concentración de la riqueza. Evitó conflictos con el sector financiero y los terratenientes. No profundizó la participación popular. Gobernó desde arriba, sin fortalecer estructuras de poder popular.

Limitó la movilización social a momentos de defensa del gobierno, no de transformación. No promovió una verdadera democracia participativa. Se adaptó al neoliberalismo, en lugar de superarlo

Mantuvo políticas de ajuste en momentos de crisis. No rompió con el FMI ni con los organismos internacionales. Priorizó la estabilidad macroeconómica sobre la transformación social.

“El progresismo no fue una alternativa al capitalismo. Fue una gestión más humana dentro del capitalismo.”


Katz afirma que esta decepción es hábilmente capturada por la derecha, que se convierte así en el canal principal de las insatisfacciones sociales[.

Crisis capitalista y neoliberalismo

Katz señala que el ascenso de la derecha no se entiende sin la crisis del capitalismo contemporáneo. Esta crisis ha generado:

Desempleo, Precarización laboral, Desigualdad creciente, Desilusión con el sistema, Malestar social generalizado.

Pero, en lugar de que esta crisis abra paso a alternativas emancipadoras, ha sido capturada por la ultraderecha, que la instrumentaliza con discursos de odio, nacionalismo y autoritarismo.

“El nuestro problema actual es intentar explicar cómo una crisis capitalista tan grave, que generó desilusión, resistencia y malestar, es capturada por la ultraderecha, y ella se convierte en su canal de recepción.”


Esto representa la paradoja central del periodo. La expansión ideológica neoliberal –en forma de individualismo y emprendedurismo– penetró amplios sectores sociales y populares, facilitando su apropiación por la ultraderecha.

Instrumentalización del malestar

La ultraderecha no creó la crisis, pero se aprovechó tanto de los errores progresistas como de debilidades estructurales de la izquierda y la lucha de clases. Katz explica que la ultraderecha logró reconfigurarse para presentarse como “antisistema”, adoptar poses rebeldes y captar el rechazo por el establishment político tradicional, apareciendo como alternativa ante la falta de respuestas de los gobiernos progresistas[1].

En lugar de fomentar autonomía popular, muchos gobiernos progresistas buscaron domesticar a los movimientos sociales, debilitando su capacidad de presión.
Esto creó desmovilización, desilusión y despolitización, y facilitó la entrada del discurso de derecha en sectores populares.

La desindustrialización y la financiarizacion: bases materiales del retroceso

Katz enfatiza que la desindustrialización ha sido un factor clave en la pérdida de poder de la clase trabajadora y en la debilidad de los movimientos sociales.

En países como Argentina, la desindustrialización fue masiva, lo que debilitó al movimiento obrero organizado.

En México, a pesar de mantener cierta base industrial, el modelo de maquilas no generó poder sindical real.

La financiarización profundizó este proceso: el capital dejó de invertir en producción y se fue al sector financiero, especulativo y parasitario.

Este fenómeno no solo afecta la economía, sino también la capacidad organizativa de los sectores populares.

La ultraderecha: no es una solución, es una reacción

Katz rechaza la idea de que la ultraderecha sea una “respuesta popular” a la corrupción o al fracaso del progresismo. Es, más bien, una reacción de las élites y de sectores medios desesperados, que encuentran en el autoritarismo una salida al caos.

Usa el miedo, el odio al otro y el nacionalismo excluyente. Promete orden, pero con represión. Habla de patria, pero sirve a intereses extranjeros. Se presenta como anti-sistema, pero defiende el capitalismo más salvaje.

“La ultraderecha no es una alternativa. Es una forma de mantener el sistema en crisis.”

¿Qué falta para revertir la derechización?

Para Katz, la salida no es volver al progresismo. Es construir una alternativa radical, que supere sus limitaciones.

Requisitos para un nuevo proyecto emancipador: Romper con la dependencia económica y construir soberanía productiva. Fortalecer la clase trabajadora y los movimientos sociales como sujetos de poder. Desarrollar una ideología clara y anticapitalista, que no tema decir lo que quiere. Construir poder popular desde abajo, no solo desde el gobierno. Internacionalizar la lucha, uniéndose con otros pueblos del Sur Global.

AQJI LA ENTREVISTA COMPLETA PRESENTADA POR LA REVISTA TRICONTINETAL

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