TRUMP Y LOS JEQUES

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PREGUNTAS BASICAS Y RESPUESTAS CLARAS PARA ENTENDER EL FONDO DEL ASUNTO

LA VISITA DE TRUMP Y SUS REUNIONES CON LOS JEQUES Y EL «PRESIDENTE» SIRIO

EE.UU. tiene problemas serios: inflación, polarización política, elecciones, guerra comercial con China… pero sigue siendo el dueño de Wall Street, Silicon Valley y del dólar. Eso lo convierte en socio clave, aunque sea imperfecto. Los países del Golfo no quieren elegir entre EE.UU. y China. Quieren tener relación con ambos.

Respuesta:
Lo que realmente le gusta a Trump es el dinero. Arabia Saudita y Qatar le prometieron cientos de miles de millones de dólares en inversiones y compras de aviones. ¡A Trump se le iluminan los ojos cuando escucha la palabra “billones”!

Respuesta:
Más por necesidad. Ellos quieren que EE.UU. siga jugando en su equipo, especialmente contra Irán. Y saben que Trump es influenciable… si le das billete, te escucha. Trump llegó con su estilo de vendedor de coches usados, y los jeques sacaron sus chequeras. 

Ellos buscan tecnología avanzada, acceso a armamento, seguridad regional… y sobre todo, autonomía frente a Irán. Pero también quieren mantenerse independientes de un solo país. Por eso invierten en EE.UU., pero también en China e India. Es como tener varios novios, pero sin compromiso serio con ninguno.

Justo ahí está el meollo. Invertir en EE.UU. es una forma de asegurarse acceso a su tecnología y mercados, pero sin perder control territorial ni cultural. El objetivo real de los países del Golfo es fortalecerse desde adentro, no seguir vendiendo petróleo y comprando armas caras toda la vida.

Quieren salir de ser solo proveedores de crudo y convertirse en actores tecnológicos y financieros globales.

Gana fondos, imagen de “hombre fuerte” y promesas de negocios para empresarios amigos. Además, busca reposicionar a EE.UU. sin gastar tropas ni meterse en líos directos.

¡Mucho! Israel esperaba ser el centro del show. Pero Trump ni los visitó, y encima coquetea con Siria, el “enemigo” histórico. Eso los tiene nerviosos.

¡Aquí viene lo divertido! Ahmad al-Shara se autoproclama presidente de Siria, pero ni la ONU ni casi nadie lo reconoce. Además, tiene un pasado bastante… explosivo: fue parte de grupos extremistas y hasta está en la lista negra de EE.UU. por terrorismo. Pero a Trump le pareció “joven, atractivo y fuerte”, como si estuviera eligiendo a un actor para una película de acción.

¡Ah, pero ahí está el chiste! A ellos les conviene porque: Arabia Saudita quiere sacar a Irán de Siria. Qatar quiere negocios y que no gane Assad. Trump quiere que le compren más aviones. Todos ganan… excepto, quizás, el pueblo sirio; ellos siguen esperando que alguien se acuerde de que existen. 

¡Rarísimo! Hasta su propio gobierno se quedó boquiabierto. Trump lo dijo como si fuera a quitar una multa de estacionamiento, pero en realidad levantar sanciones es un proceso largo y complicado. Además, muchos en Washington ni sabían de esa idea y ahora están corriendo para ver cómo responder.

Exacto. Es como cuando tu tío borracho recuerda que tiene un terreno abandonado y de repente todos quieren heredarlo. Turquía, Francia, los saudíes, Rusia, Irán, EE.UU.… todos quieren un pedazo. 

Dinero para empresas gringas. Imagínate: «¡Oye, Starbucks en Damasco! ¡McDonald’s en Alepo!». Pero también es un regalito a los saudíes, que odian a Assad. 

Respuesta: (seria): Ni agua, Lucho. El tema palestino ni se mencionó. Otro golpe a su causa.

Exactamente. Es como si hubieran montado un mercado diplomático. Trump ofrece abrazos a cambio de cheques, y los jeques pagan para seguir teniendo el “apoyo” imperial. El Gran Reality Show del Golfo. Trump no vende democracia. Vende negocios. Y eso a muchos les gusta.

Ganan: Trump (dinero y foto para su campaña). Los jeques (más influencia en Siria). Al-Shara (de terrorista a presidente «legítimo»). 

Pierden: Siria (más injerencia extranjera). Israel (si Irán gana terreno). La coherencia (¿Al-Qaeda es mala… hasta que no lo es?). 

¡Por supuesto! Hay muchas contradicciones:

  • Trump habla de levantar sanciones, pero el Congreso y su propio gobierno pueden decir “¡Ni hablar!”.
  • Los países del Golfo pueden querer más de lo que EE.UU. está dispuesto a dar.
  • Y si Siria cambia de aliados, puede enfadar a otros jugadores como Turquía o Irán.
    Así que, aunque todos sonríen para la foto, cada quien cuida su propio plato… y si se acaban los postres, ¡empiezan los codazos!

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